💘😍Me enamoro😍💖
Miles de historias que contar, un solo sitio para ser leídas. Adéntrate en diferentes mundos a través de estas novelas y siente un millón de emociones nuevas.
viernes, 27 de abril de 2018
miércoles, 25 de abril de 2018
Ella no es ningún Ángel.
Capítulo 10
La belleza que ella tenía opacaba cualquier mal que pudiera
presentar en su cabeza.
Un olor asqueroso llegaba a mi nariz mientras dormía, me
moví un poco para alejarlo pero ahí seguía hasta que opté por abrir los ojos y
mirar como la castaña estaba cubierta de sangre de pies a cabeza, observando
sentada en la silla del escritorio.
Me levanté impactada sin nada que decir y ella parecía saber
qué efecto causaba en mí.
La habitación se encontraba medio oscura a excepción de esas
partes en donde la lámpara que mamá me regaló para mi cumpleaños, iluminaba.
—¿Qué...— no podía siquiera preguntar lo obvio, estaba en un
trance del cual costaba salir por sí solo.
Resopló y encendió la luz de la habitación. Luego volvió a
tomar asiento y me miró con cansancio en el rostro.
—Me encargué del policía que vigilaba la casa de mamá y papá
Si antes estuve en shock pues en ese momento entre en otro
mundo, una paralelo donde mi mejor amiga decía haber matado a un uniformado que
nos podía llevar directo a la cárcel.
—Dime que estás bromeando... —Negó y tuve unas inmensas
ganas de abofetearla— ¿Por qué?, ¿cuándo? y ¿dónde?
Sonrío pero sin mostrar sus dientes y de su vestido color
rosa cubierto de sangre, sacó un cuchillo con lo que parecían pequeños pedazos
de carne pegados.
Me levanté y corrí al baño para vomitar, ni siquiera había
comido lo suficiente en la mañana y ya mi amiga había logrado que botara lo
poco que quedaba dentro del estómago.
—Qué asco —dijo parada en la puerta.
Tentándome seriamente a golpearla con algo por su total
estupidez.
Lavé mi rostro en el lavado y enjuague la boca. Tenía que
enfrentarla de una vez por todas antes de que alguien más la viera y llamara a
la policía, alguien como mi madre que venía llegando, lo supe porque el garaje
sonó cuando se abrió y tocó el claxon del auto.
—¡Maldición! ¡Estás loca! en lo que mamá te vea va a llamar
a la comisaría y te irás directo al infierno.
Colocó su dedo índice y medio en el aire, dándome una señal
de paz.
— Tranquila, me daré una ducha rápida mientras tú le sacas
conversación abajo y luego esconderé el arma donde nadie nunca pueda
encontrarla.
Estuve por pegarle un grito cuando mi madre llamó desde la
planta baja.
—¡Britt! ¡Traje pizza! ¡Baja!
Sentí que todo daba vueltas alrededor y quise que me tragara
la tierra, Ángel tiró de mí y se metió al baño abriendo la ducha y cerrando la
puerta con seguro.
Respiro hondo y caminé en dirección a la salida antes de que
mi progenitora entrara y encontrara a la lunática castaña dándose una ducha
para quitarse la sangre del oficial que cubre su cuerpo.
Entre a la cocina y tome asiento. No tenía hambre, el
apetito había desaparecido por completo pero si se lo decía a mamá seguro que
empezaba con sus preguntas irritantes que a la final terminan sacando la verdad
a flote.
—Yo... —dejó los trozos de pizza sobre el plato, más que
causar hambre daban nauseas.
—¡Llegue yo! —comentó con entusiasmo cuando paso por la puerta
de la cocina, la mirada de mamá se iluminó por completo.
Siempre era así cuando ella estaba cerca, siempre.
—Qué lindo ¿tendrán pijamada hoy? —indago mamá.
Giré y encontré a Ángel llevando una de mis viejas pijama
que solo a ella le quedaba, pero que no podía llevarse nunca porque sus padres
se quejaban acerca de la ropa de "otras personas". Usualmente decían
que era asqueroso tener que ponerse algún trapo que otra persona había usado en
un momento de su vida y yo, no era la excepción para ellos.
—Sí, Britt me invitó ¿no le molesta?— ella fingía muy bien
esa sonrisa de niña inocente que capturaba a mamá en todo momento.
—Por supuesto, recuerda que eres como una hija para mí— la
abrazó con cariño— puedes quedarte cuanto quieras.
—¡Gracias!
Yo miraba todo desde la esquina en donde yacía muda, ¿cómo
era alguien tan linda capaz de asesinar a otros seres vivos?
—Cariño, ¿no vas a comer?
Repare en que me miraban curiosas cuando ambas empezaban a
devorar la comida con entusiasmo mientras aún seguía inmersa en mis más
profundos pensamientos.
—Uh, que raro...—comentó mamá.
Di tres bocados a mi pedazo y el otro se lo di a Ángel sin
necesidad de que lo pidiera. Ella comía mucho pero siempre pesaba poco, era
como una especie de bendición que le había caído al nacer, porque aparte de
belleza le dieron un sistema digestivo de los buenos.
—¿Qué te parece raro?—pregunté cuando noté que mi amiga
tenía la boca llena y no podía indagar en lo que decía.
—Bueno, es que había un auto policial afuera completamente
solo. —Paré de comer pero ella no, siguió como si lo que dijera la adulta en la
habitación fuera irrelevante.
—Quizás...fue a pasear— Excusé pero mamá continuó con la
plática.
—Sí, seguro fue a comer. Qué se yo, pero me pareció raro
encontrar la radio caída y la puerta sin seguro, —nos miró a ambas— no piensen
que iba a robar o algo, fue sólo curiosidad de saber que sucedía.
Ángel soltó una risita tras el comentario que mamá hizo,
pero yo no podía tan siquiera hacer una expresión, me era imposible con lo que
escuchaba.
En lo que mamá se descuidó buscando vasos para los jugos que
no recordaba había en la nevera, no dudé en mirar con mala cara a mi amiga
quien tan solo alzó los hombros, restándole importancia.
Era una especie de
monstruo, parecido a las sirenas.
Hermosa pero muy peligrosa.
Ella no es ningún Ángel.
Capítulo 09
Ángel estaba loca, pero dentro de toda su locura había algo
de cordura que la volvía un peligro para la sociedad.
—¡Está loca! ¡Te juro que lo está!— Dylan miraba mi
actuación con gracia y admiración.
Estaba realmente fascinado con la idea de que mi amiga y yo
peleáramos por lo que pasó con Aisha.
Mentí un poco con respecto a lo sucedido
y dije exacto lo que Ángel me había comentado “Aisha murió porque envenené su agua días antes en la cafetería del
instituto, mucho antes de su repentina caída que aseguro no es mi culpa”.
Ni mi amiga ni yo queríamos que se supiera la verdad, ella
porque necesitaba tiempo para lograr su más anhelado sueño y yo porque había
prometido con sangre estar para ella hasta el final.
—Entonces… Ángel está molesta porque le contaste la verdad.—
Asentí y continuo – bueno, con sinceridad tiene
toda la razón de estarlo, eres un peligro para la sociedad ese impulso
tuyo de odio en su contra por “haberte maltratado durante el colegio” es un
tanto… Estúpido.
Mordí mi labio
inferior ahogando la verdad en el fondo, él debía creer que todo esto fue
venganza por un pasado deteriorado a causa de las burlas y miradas hirientes.
Muy contrario a lo que en realidad era, puesto que la muerte de la morena se
debía a que se revolcó con mi ahora ex novio en los casilleros del gimnasio.
Pero Ángel me había dicho que debía mantener el perfil bajo
y darle un poder inexistente sobre nosotras. Mientras Dylan creyera que me
encontraba mal psicológicamente y que la castaña se encontraba en un estado de
depresión a causa de mis errores, él y Seth pensarían que tienen el poder de
manejarnos a su antojo.
—No es estúpido —reclamé—
Aisha se burló por muchos años de mí, arrojando los cuadernos al excusado o
diciendo a las demás que era una vaca gorda que no necesitaba amigas. ¡No la
ayudes!
Mi actuación en cierta forma se veía perfecta.
Y de saber que Dylan investigaría se daría cuenta que lo que
le comente no era mentira, ya que, antes de pasar desapercibida en el último
año de instituto, fui popular junto a mi amiga pero para llegar a ello pasamos por
un mal tiempo en el colegio; uno que no duró tanto porque Ángel “se encargó de
todo”.
Ahora que lo pensaba de esa manera me daba muy mala espina,
es como si ella en serio se hubiera encargado de Aisha y el grupo de niñas
tontas que nos atacaban a diario con insultos.
Um, algo hay oculto
aquí.
—Tranquila, no tienes que alterarte— dice rodeando el
escritorio en donde estuvo sentado.
—¿Cómo no alterarme si no crees nada? –refunfuñé.
La campana de salida sonó y tomé mis cosas para salir del
salón de ciencias antes de que el conserje nos encontrara solos allí.
—Luego te diré si te creo… Pero debido a tu naturalidad de
“lunática” tendré que investigar por mi cuenta.
Guiñó un ojo y salió dejándome sola.
Saqué el teléfono y marque el número de la castaña, por
suerte tenía el mío en privado y quien estuviera con ella no sabría que la
llamo.
—¿Hola? –su voz chillona me causo gracia. Era la típica voz
que usaba cuando alguien se encontraba cerca así que era mi señal para hablar
con disimulo.
—El pajarito ya se fue, hablé todo lo que pude con él. Pero
parece no creer nada de nada ¿Qué hago ahora? –susurré en caso de que el
mencionado pudiera estar escuchando desde afuera.
—Marceline, querida… —Imitó a los tipos de la televisión con
su acento y voz. – Te he dicho que me esperes en casa, de no ser así tendré que
ir a hablar con tío Gil a la tienda.
La última mención lo dijo con voz neutral así que ese era el
lugar donde nos debíamos ver. Suspiré y tome mi mochila para salir aún con el
teléfono pegado a la cara, miré a los lados y al no ver a nadie caminé
apresurada.
—Entonces, allí estaré pasada la medianoche… —Otra clave que
ella entendió, eso quería decir que a las doce en punto debíamos encontrarnos.
Colgué.
Durante todo el camino a casa sentía la presencia de alguien
siguiéndome, giré varias veces por tiendas abarrotadas de personas en caso de
que quisieran hacerme daño o secuéstrame y en una de tantas a cuadras de llegar
a mi hogar, paré el paso.
Mire mi reflejo en el vidrio que protegía la entrada, no
eran solo cosas mías ni estaba enloqueciendo. Si había alguien siguiéndome pero
no a pie, sino, en un auto negro que a simple vista se podía reconocer.
Era el auto de un policía. Se detuvo a metros de mí pero lo
vi, respiré profundo y agarre con fuerza el mango de mi mochila para llegar a
casa rápido, casi que corría de lo aterrada que me encontraba.
Qué horror ya nos habían pillado y ni una semana llevaba
Aisha de haber sido enterrada.
Por lógica ni Ángel ni mucho menos yo fuimos a su entierro.
Pero por lo que escuché en los pasillos fue uno de esos a los que asistió mucha
gente, gran parte del instituto fue a ver.
No más llegar a casa cerré la puerta con llave, mamá no llegaría
hasta las cinco de la tarde luego de terminar su jornada de trabajo y apenas
eran las once.
Subí a mi recamara y me encerré. Tomé el teléfono y a una
cuenta de correo que Ángel creó solo para nosotras le envié uno, diciendo lo
que sucedía alrededor y la razón por la que no iría a nuestro encuentro.
An.Br:
“También está uno
frente a mi casa”
Respondió de inmediato.
No quise contestar y en cambio me arroje a la cama tapándome
con las sábanas como si ellas se fueran a encargar de protegerme de todo lo que
sucedía afuera.
Íbamos a tocar fondo tarde o temprano y temía que fuera más
temprano que tarde.
Ella no es ningún Ángel.
Capítulo 08
Debieron de darle un premio por ser tan ingenuo, pero no,
creo que Ángel le dio algo mucho mejor.
— Britt, Britt, Britt— Negó varias veces alrededor, y riendo
me señaló. — Podemos llegar a un acuerdo ¿no crees?
Arrugué la nariz y lo miré por el rabillo de mi ojo. ¿A qué
se refería con acuerdo?, él quería algo más y si eso lo silenciaba
pues bien.
—¿Qué quieres?— pregunté con la garganta seca y lamiendo mis
labios, tenía sed y mucha por culpa del idiota ante mí.
—Bien. —Entrelazo sus manos y sacó pecho— Yo quiero una cita
con tu amiga y ella no para de evitarme, pero estoy seguro que con este pequeño
secreto que sé de ustedes ahora si va a querer salir conmigo. Lo malo es que no
le puedo decir que conozco esto o de ser así es capaz de acuchillarme por la
espalda, así que tu como buena amiga le dirás que acepte mis invitaciones y
listo.
Ju, pobre tonto.
—Por supuesto. —Lo miré con desconfianza y alcé el rostro—
¿Pero cómo sabré si de verdad vas a callar y no dejarás por ahí a alguien más
para chantajearnos?
Chasqueó sus dedos y sonrió.
—Buen punto, pues... Tendrás que confiar.
El cabello castaño bailó al compás del viento escondiéndose
tras la pared, preparando quizás un plan para deshacerse de ese ser tan molesto
que buscaba belleza con tal de chantajear.
Bufé.
—Esto me da mala espina, pero lo haré solo por Ángel. —Alzó
una ceja, ya estaba preparada para llenar su camino de polvo— Porque no quiero
llevarla conmigo a una celda si caigo.
Fingí haber hablado demás y los ojos de Dylan se iluminaron
de tal forma que entendí de inmediato, había caído en la trampa.
—Entonces fue un placer hablar contigo.
Se despidió sonriendo y pasó por un lado de mí, Ángel esperó
al menos cinco minutos antes de salir de su escondite con el vestido arrugado y
su rostro rojo de ira.
—Ese infeliz va a pagarlas. —Dijo al colocarse a mi lado y
mirar en la dirección en la que desapareció el chico.
—Cálmate. Hasta ahora cree que fui yo quien hizo todo, solo
debemos buscar una manera de eliminarlo.
El rostro de mi amiga se iluminó y fue entonces que
comprendí lo que la alegró. Sin querer mi subconsciente arrojó uno de esos
comentarios que últimamente Ángel decía sin piedad y remordimiento.
Estaba dejando de ser yo, para ser parte de ella.
—¿Que tienes en mente?— indagó aún con la sonrisa en el
rostro.
Me desinfle por completo en cuanto recordé que no soy ese
tipo de personas y miré a los lados en busca de cualquier cosa que pudiera
inventar, para mantenerla al margen sin cometer otro asesinato.
—Um, pues puedes salir con él por un tiempo y usarlo ¿creo?
Esperaba en serio que Ángel siguiera lo que dije, solo por
esta vez una acción nada letal pero como que le había dado la mejor de las
ideas porque su mirada cambió bruscamente a una llena de maldad. Su lado sádico
salía a pasear de vez en cuando y esta era una de esas, frotó las manos y río
de cierta forma que hizo que me alejara dando pequeños pasos.
—Creo que... iré a el baño— Salí disparada como bala en la
dirección contraria a la que antes estuvimos y me encerré en el baño, colocando
el seguro y metiéndome en uno de los cinco cubículos.
No tenía idea de lo que esa cabeza maliciosa se encontraba
planeando y en realidad no quería saberlo.
Dure al menos una hora sentada sobre el retrete hasta que el
conserje le abrió la puerta a una de las chicas que decía tener muchas ganas de
orinar. Entró a otro cubículo y aproveche de salir disimulando, coloqué mi
mejor cara y caminé hasta los casilleros para buscar el dinero para el pasaje
en el bus.
Pero no terminé de llegar cuando visualice a Seth
registrándolo, maldije el haberle dado antes cuando aún seguíamos siendo algo
una copia de la llave. Me oculté tras una de las paredes esperando que fuera lo
que quería hallar y cuando lo hizo, las manos comenzaron a sudarme y saqué el
teléfono para mandar la imagen por whatsapp a Ángel.
Seth miró a los lados luego de obtener las copias de las
llave de mi casa que ocultaba en el fondo del casillero, sacó también mi
identificación y le tomó una foto luego de ello colocó todo como antes creía él
que estaba y fingió que algún objeto se le había caído del bolsillo por allí
cerca en cuanto la profesora de literatura pasó a su lado.
Se dispuso a desaparecer por los pasillos en lo que sonó la
campana y de inmediato fui en busca de mi mejor amiga. Ella sabría qué hacer en
este caso, porque de ir con los adultos solo lo castigarían y preguntarían por
qué razón lo hizo.
Lo cual, nos llevaría directo a la cárcel a la chica bonita
y a mí.
Caminé tan rápido como mis piernas permitían y logré hallar
a Ángel dentro del salón de música, con un cutter rosa en la mano izquierda y
la mirada terrorífica de la mañana.
—¿Ángel? —murmuré con los nervios a flor de piel y ella me
guiñó uno de sus bonitos ojos.
—Ya sé que vamos a hacer —dijo y tragué saliva asustada— A
cierto pajarito le dio por actuar como detective y le contó a un perro
callejero herido lo que tenía en mente, así que, ¿por qué no enviarlos juntos
al infierno?
Alcé una ceja analizando lo que trataba de decir pero no
capté y ella tuvo que, con fatiga explicar lo que comentó.
—Dylan quiere jugar con nosotras, le dijo a Seth que
poseía pistas de quien pudo haber matado a Aisha y que si lo ayudaba a obtener
algunas cosas, le diría.
—¿Tu cómo sabes eso?
No me cabía en la cabeza el momento en que ella pudo haberse
enterado de tal cosa, además solo la perdí de vista una hora ¿Cómo pudo saber?
—Digamos que —tomó uno de mis mechones de cabello con su
mano libre— suelo tener a los sospechosos muy vigilados.
Con una agilidad impresionante cortó el mechón y ahogué un
grito cuando acerco el cutter a mi cuello, se pasaba de la raya conmigo.
—Vamos a fingir que te enojó algo que hice, como esto por
ejemplo. —Alejó el objeto y sonrió— uno de ellos vendrá a ti y el otro a mí,
debes procurar llevarlos a su perdición antes de que ellos nos lleven a la
nuestra.
Ella no es ningún Ángel.
Capítulo 07
Debí pensar antes de actuar, debí gritar lo que callaba.
Pero no podía, ya había sellado con sangre ese pacto de amistad...
No pude dormir en todo la noche luego de escuchar lo que
tenía para pedir, tampoco me dio hambre por la mañana y llegué pareciendo un
zombie al instituto. En cambio, mi amiga parecía tan fresca como una lechuga,
con una sonrisa radiante y un vestido de invierno nuevo.
La habían dado de alta para que descansara pero a ella le
daba igual eso, lo que más quería era cumplir su deseo y lo que yo más anhelaba
es que se retractara y dijera que nada de eso era cierto.
— ¡Britt!— gritó a centímetros de mi oreja, había caído
dormida sobre la mesa de estudios en la biblioteca.
Aunque no era del tipo que solía comerse los libros por las
mañanas, solo en ellas podía tener el lugar para mí y las locuras de
ideas que tenía mi amiga.
—¿Estás segura de esto?— deseaba que dijera un rotundo
"no" pero fue lo contrario.
Dejo de ver su largo mechón de cabello y sus ojos hermosos y
largas pestañas, se fijaron en mí.
—Por supuesto, no podría estar más segura que nunca.
La campana para entrar a clases sonó y ambas nos levantamos.
—Espera un momento —dijo, miró a los lados en busca de
alguien más y cuando no encontró nada arrancó la hoja del libro.
—¿Qué haces?— chillé. Colocó un dedo sobre mi boca y metió
el papel en su mochila.
—Vamos, coloquemos estos donde van.
Se apresuró a colocar todos los libros justo a como estaban
antes de llegar, y se tomó la libertad de cubrirlos con otro estante en caso de
que alguien buscara allí. Pero, claro no creía que alguien fuera a la sección
de "fantasía" para buscar un libro de conjuros que podía ser tan
falso como un pelícano de ocho patas.
Terminó y nos largamos casi corriendo, si nos encontraba el
cuidador capaz y nos suspendían del instituto y lo menos que ahora
necesitábamos era eso.
—Ocho, solo se necesitan ocho...—Comentó agitada.
Seth pasó por nuestro lado pero ni de digno a mirarnos,
entre abrí los labios para decir algo pero él me lanzó una mirada de podio.
—Sabe lo que hicimos —murmuró Ángel.
Pude sentir como me empezaba a faltar el aire, ella colocó
una mano sobre mi espalda y empezó a decir que todo estaría bien.
¿Cómo iba a estarlo si matamos a alguien inocente?
—Solo debemos deshacernos de Seth— La miré espantada y ella
guiñó un ojo —Sabías muy bien que lo de ustedes no sería para siempre, no
comprendo para qué debería permanecer vivo. Además, con el follón que se echó
con Aisha capaz y hasta se enamoró y sabes que por amor se puede llegar incluso
a comentar cosas que perjudican.
Tenía la boca reseca, pero admitía que Ángel llevaba la
razón.
Si lo dejábamos ir por allí tarde o temprano se iría de boca
floja a comentarlo con alguien más, no podíamos por nada del mundo permitirlo.
—Tengo miedo... —murmuré para que solo ella escuchara y eso
hizo.
—No lo tengas, yo estoy contigo. —Colocó una mano sobre mi
hombro y la respiración se me entre corto en lo que el aroma a flores pasó.
Deseaba que solo fuera parte de mi alocada imaginación pero
con cada día que pasaba me daba cuenta que no era así, ella marcaba con plumón
color rojo aquellos que formarían parte de su círculo privado mientras que yo,
con plumón rosa tachaba las probabilidades de un futuro lleno de felicidad.
—Recuerda lo que te dije, actúa normal y juega con la
mente. —Dijo antes de ponerse en marcha en dirección a su siguiente
clase, una que por suerte no compartíamos.
Ángel era excelente en matemática mientras yo era un asco
por completo. Así que por ello, ella iba a curso avanzado mientras yo iba a
clases para los principiantes que querían subir sus notas antes de los exámenes
finales.
Lo peor de todo es que esa clase, debía verla en el mismo
salón en el que estaba Seth y sus amigos.
Llegué tan rápido como pude y me acomode en uno de los
últimos asientos, esperé hasta que el lugar se llenara por completo y entonces
lo vi. Venía con una expresión sombría y tomó lugar a unos cuantos asientos más
adelante de donde yo me encontraba.
No saludó, no volteó a verme en ningún momento. Estaba
aterrada hasta la mierda, era muy probable que él intentara algo en mi contra y
debía hacer algo.
El teléfono en mi bolsillo empezó a vibrar y con cuidado de
que el profesor Aarón no me viera y castigara, lo saqué.
Ángel*MAXS
Si el inútil de tu ex intenta tocarte derrama sobre sus
ojos el líquido verde que metí en tu mochila esta mañana.
Arrugué la nariz recordando el momento en que le deje la
mochila. Y si, ella había dicho que tenía mucho peso y deseaba descargar un
poco su pobre mochila de diseñador costosa.
Pasados los cuarenta y cinco minutos de la clase recogí
todas las cosas y salí disparada como bala al jardín antes de que Ángel se
escabullera en la sala de profesores en busca de los informes del psicólogo,
ella en definitiva tenía muy claro su objetivo.
—Detente.
Sentí como el frío subía por mi espina dorsal cuando escuche
su voz, giré por miedo más que por educación y caí presa de sus ojos
cafés.
—¿Qu... qué quieres?—tragué un nudo que llevaba tiempo en mi
garganta y lo miré dudar.
—Tu no fuiste ¿cierto?, no tienes material para ser tan
descabellada y envenenar a Aisha.—Dijo mirando de arriba hasta abajo, meditando
sus propias palabras y matando mis nervios —Pero... esa bruja de cara bonita
lleva en su frente tatuado un "soy el peor monstruo de la historia"
Dylan caminó en círculos alrededor imitando a los detectives
de película.
Quien diría que el primo de una de las amigas de Aisha se
daría cuenta de lo que le pasó y peor aún, que sabría quién fue. ¿Cómo lo habrá
hecho?
—Seth llevó bombones al hospital, los mismos que les regalé
a Ángel por la mañana del miércoles como obsequio por su nota más alta y por
casualidad... —Mi cara debió ser tan simple que fue fácil de leer la
interrogante —luego de que Aisha los comiera a los días muere y por causa de
nada menos que "un veneno mortal"
—¿Que tiene que ver Ángel con el supuesto veneno?— pregunte
para dejarlo fuera de lugar pero parecía estar muy bien preparado.
—Mucho, en realidad. —Golpeó mi frente con su dedo índice—
Porque yo hice esa mezcla en clases de química y Ángel lo tomó alegando que lo
usaría con ciertas "ratas" que la molestaban en casa.
Oh... ¡Mierda!
sábado, 21 de abril de 2018
S.O.S Alma Rebelde
Capítulo 13
"Conociendo
a la adivina"
—¿Te
gusta el parque de diversiones Jesús?
El mencionando asintió con la boca llena y
luego de tragar le dio una sonrisa sincera.
—Eres
idéntico a Omar, hay que ver que eres como un ángel.
Su padrastro José le tomo la mano y luego
junto a él caminaron dentro del parque de diversiones. El niño estaba muy
asombrado de ver tantas personas caminar de un lado a otro, algunos disfrazados
de animales, payasos, y personajes de Disney. Mientras otros solo iban de jeans
y franelas de colores.
—¿Por
qué todos vienen vestidos así papá?
Sonrío
al escuchar como lo llamaba, le encantaba lograr eso en el pequeño, ya que hace
unos meses atrás al enterarse que sería su nuevo papá, este hizo un enorme
berrinche se escondió en su habitación y duro días sin salir o querer dirigirle
la palabra.
—Porque
el tema de hoy es el carnaval.
El
chico ya no le prestaba atención y se encontraba concentrado en una persona
disfrazada de Batman que comenzó a hacer piruetas y movimientos.
—¿Quieres
comer algo campeón?, mientras llega tu mama con los boletos. Quiero comer una
salchicha cubierta de queso y una manzana con chocolate. Se dirigieron
al puesto de variedades, y pidieron lo que querían comer. Entre risas y bromas
pasaron su tiempo, hasta que José de momento se comenzó a sentir ahogado, para
no preocupar al pequeño le mintió diciendo que iría al baño, aprovechó la
llegada de Jenna su esposa y allí los dejo solos.
Al
entrar al baño, no lo pensó dos veces y se empapo la cara con agua del
lavamanos, se contempló durante unos segundos y comenzó a toser. Una tos seca que dejaba en claro que algo andaba mal,
no podía parar y cuando quiso escupir de su boca salió sangre.
—¿Otra
vez? Hay no, esto no puede ser bueno.
Negó
con la cabeza y se lavó rápido, salió en busca de su esposa e hijo y al verlos
próximos al juego de los espejos sintió un escalofriaos recorrer su espalda.
Algo lo golpeo el volteo de manera rápida, vio a una pequeña castaña junto a
una rubia hablando entre sí.
—No
Kattia, pídele perdón tú; no, no, no yo
no le he empujado.
Frunció
el ceño y la pequeña castaña palideció y dio un rápido —¡Lo siento— y se
marchó. A José le daba vueltas a su cabeza pensando donde le había visto antes
pero no lograba dar con el recuerdo exacto.
Una
brisa fuerte azoto el lugar y noto como las carpas buscaban elevarse, se giró a
buscar al pequeño y lo observo entrar en una carpa morada seguido por su madre.
—Mamá
entremos allí. Señalo a una carpa morada, la mujer lo miro de reojo y al notar
su interés le siguió hasta ella.
Jesús
podía escuchar esa voz en todo el lugar que solo pedía una cosa «ven aquí» le
llamaba a él, y como por arte de magia su cuerpo comenzó a caminar hasta
dentro. El aroma a canela y vinotinto inundo sus fosas nasales, la luz se
volvía escasa y parecía no haber nada por ese pasillo oscuro.
—¿Quieres
saber tu futuro? Preguntó una extraña, gruesa y áspera voz, no pudo evitar que
temblaran sus piernas mientras recorría el lugar hasta un sitio donde se
encontraba una pequeña mesa con algunas velas encendidas.
—¿Hay
alguien aquí? Su voz era débil y casi en susurros soltaba sus palabras.
—¿Quieres
saber tu futuro?
Repitió
la misma voz, el chico de 11 años trago grueso y sintió un frío aterrador
recorrerle el cuerpo.
— SI.
Dijo sin más para salir de esa pregunta, las velas comenzaron a titilar , el
suelo a temblar, la mesa que hasta hace un momento se encontraba frente a él se
elevó tan rápido como bajo dejando a la vista a una mujer de edad con ojos
nublados y una pequeña sonrisa. Jesús soltó un grito a los cuatro vientos al
sentir una mano sobre su hombro, se giró y noto a su madre quien parecía estar
en una especie de trance.
Tu
futuro está lleno de desgracias, soledad y dolor. Solo esa alma te guiara por
el camino correcto, pero conocer a una niña, castaña de tu edad para ser
especifica te costara más que un padre. Y tras esas palabras y una risa
tenebrosa salió y todo el sitio comenzó a temblar y a
moverse, su madre ahogo un grito y lo tomo por los brazos para no perderlo, el
pequeño cerró los ojos y en menos de unos segundos al abrirlos ya se encontraba
fuera del sitio.
—No te
quiero cerca de ninguna chica Jesús.
Su
madre entre lágrimas le abalanzaba de atrás hasta delante mientras el aún tenía
los ojos completamente blancos.
—Jesús
¿qué sucede hijo? Reacciona.
José
ya se encontraba a su lado, el chico volteo a verle directo a la cara y se
empezó a reír de manera burlesca. Su padrastro frunció el ceño y tratando de
averiguar que sucedía con el pequeño quiso entrar a la carpa, la cual al
levantar su cara ya no se encontraba.
—¿Que
sucede aquí?
Se
estaba comenzando a asustar, no parecía nada normal que las carpas hayan
desaparecido junto con todas las personas y juegos, quedando así en un terreno
vacío.
Observo
al final de aquel árbol que se encontraba casi a dos kilómetros del lugar,
topándose con la mirada de una pequeña castaña. Su cabeza dio un pequeño Clic y
comenzó a caminar hasta ella.
—¡Oye!
¡Ey! ¡Niña!
Le
hacía señales con los brazos para que la pequeña le viera, pero está en cambio
salió corriendo a otro lado. La siguió o al menos eso creyó, pero al llegar al
árbol se dio cuenta que apenas era una pequeña planta y que no se encontraba la
niña.
—José
¿qué sucede?
Jenna
tenía a Jesús entre sus brazos cargado, al parecer el niño se había quedado
dormido luego del ataque de risa nada normal que tuvo hace pocos minutos. —Creí
que aquí había una niña y un árbol de mango enorme.— La rubia miro a los lados
y por último a su esposo, estaba comenzando a creer que algo malo pasaba con él ¿quizás el calor?, o tal vez ¿le hizo daño el trozo de pastel que devoro antes
de salir de casa?
—Quiero
irme a casa por favor, estoy cansada y Jesús no se encuentra bien.
Se
dirigió a donde supuso dejo el auto, estaba en lo correcto allí se encontraba
pero con los vidrios llenos de marcas que parecían manos. Trago grueso, tomo
valor y dio la orden para que subieran y así poder llegar a casa pronto.
S.O.S Alma Rebelde
Capítulo 12
"Que sera de mi"
—
¿Mamá y papá van a venir?— Se acomodó un poco más en el suelo y comenzó a
colorear.
—No
Helen, no van a volver.— Su hermano le veía mientras ella dibujaba, le parecía
muy interesante y tranquilizador.
—¿Es
cierto lo que dice la señora Carmen?— Frunció el ceño y le miro interrogante,
la pequeña alzo la cabeza y lo observo haciendo pucheros.
—Ella
dice que se fueron a algún sitio en el cielo, dijo que solo si soy buena en la
tierra podré ir a verles.
Roberth
se colocó una nota mental, la cual consiste en jamás dejar que su hermana se
acerque de nuevo a su vecina. Tomo su celular y marco unas cuantas teclas, un
montón de códigos aparecieron en este, al cabo de unos momentos entro a donde
quería y coloco un breve mensaje.
"La
señora Carmen Suárez, esta desquiciada le dijo a los hijos de los ya fallecidos
Shane que podía ver a los fantasmas de sus padres rondando las casas"
Dio
unos cuantos clics en su teléfono y aparecieron todos los nombres y correos de
las personas del vecindario, sin pensarlo dos veces dio a 'enviar' y como un
mensaje anónimo eso llego a cada persona de los alrededores.
—¿Qué
haces hermano? Helen trataba de mirar la pantalla del Teléfono pero su hermano
alzo la mano y ella se cruzó de brazos.
—
¡Quiero verlos!
— ¡No!
Las niñas buenas hacen caso ¿no crees?— La castaña pisoteo fuerte y subió a su
habitación, ¡tremendo problema en el que se metió!, tendría que cuidar de su
hermana como si fuera su propia hija y todo por falsificar algunos papeles,
firmas y demás para no dejarla bajo las manos del seguro social.
Si es
cierto eso de los Ángeles, espero que ustedes me estén apoyando en lo que hago.
Suspiro fuerte y se recostó aún más en el sillón. A las 9:30 tendría que irse a
trabajar y dejar a su hermana con la vecina Susan para que hiciera el favor de
cuidarla como hace cada noche. Se levantó justo a tiempo, toco la puerta de la
pequeña, al ella no responder se extrañó y la abrió rápido pensando en cosas
malas. La vio profundamente dormida y dejo salir el aire retenido ¡Gracias a
Dios no es nada malo!
Llamo
a Susan y le dijo que dejaría la llave bajo la alfombra, salió en su
motocicleta a todo lo que daba para llegar rápido.
—¿Helen?
¿Estás?— Escuchó como alguien la llamaba, se levantó y rascó sus ojos para
luego mirar a su alrededor. No encontró a nadie, frunció el ceño y se bajó de
su cama en busca de su niñera.
—¿Susi?
¿Me estas llamando?
Caminó
por toda la casa en busca de la chica pero no la vio por ningún lado, llego a
la habitación de su hermano y la puerta se abrió prácticamente sola.
Entusiasmada con la idea de que este no fue a trabajar para quedarse con ella
entró y de un fuerte golpe la puerta se cerró tras ella
—¿Roberth
eres tú?
Miraba
a los lados y nada, no encontraba a su hermano, escucho murmullos desde el
armario y se acercó hasta él para ver de quien se trataba. No lo habrás cariño volteo alegre al escuchar
esa voz tan conocida, vio a su madre con un vestido enorme de un color blanco
que desprendía luz.
—Mamá
¿Roberth se escondió en el armario?
La
dama negó con la cabeza y la miro directo a los ojos.
—No
amor, esos que están allí son niños malos 'Almas Rebeldes' que no quieren hacer
el bien.
La
tomo de la mano y la acompaño a salir de la habitación dejándola a unos escalones
para llegar hasta la sala de estar.
Ya tu
niñera llegó, pórtate bien y quizás nos veamos pronto corazón. Le lanzo un beso
al aire y al Helen pestañear ya ella no estaba. Pensó: que rápida es mi madre,
esos trucos son muy buenos.
—¿Helen?
Ya estas despierta ¡Qué bueno!
Vio a
la morena y corrió hasta ella, quería contarle lo que había sucedido pero al
abrir la boca para comenzar el cuento, olvido todo. Pestañeo varias veces y
frunció el ceño, por más que lo intentara no lograra recordar nada de lo que acababa
de pasar.
—¿Sucede
algo?—Miró tras la morena y noto como una chica de cabellos rojizos le saludaba
con la mano.
—¿Quién
es ella?— Susan miro a donde la pequeña señalaba y al no ver nada le dio una
pequeña sonrisa.
—¿De
quién hablas? ¿Tienes una amiga imaginaria?
Negó
con la cabeza, la miro y luego vio a la pelirroja e hizo una mueca.
—¿Quién
eres?— La pelirroja se señaló a sí misma en modo de pregunta y ella asintió
para que comprendiera que la pregunta era para ella.
Me
llamo Silvia, estudié con Susan durante el instituto. Éramos las mejores
amigas, hasta que tuve una pequeña caída.
—¿Que ves Helen?— Susan la miraba
preocupada, nunca pensó que tendría que lidiar con una niña que sufriera de esquizofrenia.
—Es
Silvia—responde, dice: que fue contigo al instituto hasta que tuvo una pequeña
caída. Me gusta su cabello, lo tiene ondulado y rojizo.
Sonrío
a la chica de cabellos rojos que le lanzaba pequeños besos al aire, mientras la
morena se tornó pálida.
—Helen
no juegues con eso, Silvia murió en una caída en la montaña.
La
castaña abrió los ojos de par en par y el pelirrojo hizo una mueca con la cara,
le dio al aire un "lo siento" y se puso más cerca de Susan causándole
un escalofrío.
—Pero
yo la veo, se acaba de parar a tu lado.
La
morena pego un grito, y se alejó de donde se encontraba hace unos segundos
parada.
—¡Silvia!
¿Qué hace ella aquí Helen?
Miro
unos segundos a la niñera luego al pelirrojo que comenzó a derramar lágrimas.
—Por
favor: dile que me disculpo por todo lo que le echo y que solo vine a
despedirme, si ella no me da el perdón no podré irme. —Helen repitió cada
palabra como el pelirrojo le dijo, la morena se encontraba ya sentada en el
suelo en posición fetal temblando del terror, no podía controlar sus piernas,
le temblaban y su boca se mantenía abierta.
—¡Dile
que la perdono, que se valla, que me deje en paz!
Cuando
volteo a ver, la pelirroja ya esta no se encontraba, torció la boca y le
comento a Susan que ya no estaba.
Ya a las once y treinta de la noche, Helen se encontraba dormida en su habitación cuando su hermano mayor llegó.
—No
voy a cuidar más a Helen.
Fue lo primero y último que le gritó Susan al
salir casi corriendo por la puerta para irse. Con cara de sorprendido y de
incomprensión pensó: ¿que habrá pasado? nunca he escuchado una sola queja de su
parte, ella siempre habla cosas positivas sobre la niña. Tendré que recurrir a
la única persona que no conozco muy bien, pero que trataré de conocer con el
fin de que cuide a Helen, a la señora Cruz.
S.O.S Alma Rebelde
Capítulo 11
"Adiós
Papá"
—Jesús
cariño apúrate o nos agarrara el tráfico.
Con
tan solo 8 años el chico era aún más maduro de lo que aparentaba y ello lo
dejaba muy en claro cuando tardaba casi una hora arreglando el equipo de
emergencia en caso de que algo sucediera en los viajes.
—Ya
está mamá, solo arreglaba algunas cosas. Comentó ya dentro del auto, su madre
le echo una pequeña mirada y su padre río por lo bajo.
—Hijo
eres peor que tu madre a veces, pero así te adoro.
La
rubia le golpeo el hombro a su marido en modo de juego y arranco el auto. En
toda la vía paso más tiempo dormido que despierto, no sabía por qué no era tan
resistente como cuando era más pequeño, pero no le importó. Adoraba ser como su
padre, el hombre que pasaba todo el camino dormido pero no por flojo si no por
culpa de su enfermedad. La leucemia ya estaba avanzada y aunque todos trataban
de disimular que nada pasaba para así evitar la muerte más rápida de su
familiar, el pobre hombre ya se estaba marchitando con el pasar del tiempo.
Llegaron
a un pequeño lago al que acostumbraban a ir cada verano, se bajó del auto
corriendo y escuchando los gritos de su madre «" no te vayas muy lejos,
recuerda que tienes que cenar con nosotros"».
Jesús
adoraba ese lago casi tanto como a su familia, imaginaba un mundo sin igual
donde él era un Rey y todo el territorio era suyo.
—Oye
niño ¿tienes galletas?
Se giró
sobre sus talones y miro a un niño de su edad con el cabello castaño, ojos de
color verde, una franela blanca y unos jeans desgastados.
—¿Quién
eres? ¿Qué haces en mi territorio plebeyo? El castaño frunció el ceño e inflo
sus cachetes, lo empujo hasta atrás y ya viéndole en el suelo quejándose puso
sus brazos sobre la cadera en forma de jarra.
—Yo
solo quería galletas, pero tú te buscaste la caída por decirme plebeyo. ¡No
eres un rey!
Jesús
se levantó enojado y le dé volvió el empujón. Yo llegué aquí primero, mis
padres tienen una casa aquí ¿y los tuyos? El ojo verde frunció el ceño pero
asintió, se levantó y le saco la lengua. Mis padres también tienen casa aquí,
así que también soy rey de estas tierras.
Ya
vencido y sin nada con que volver a la discusión, Jesús inflo sus cachetes y le
extendió la mano.
—Me
llamo Jesús ¿y tú?
Le
sonrío dándole una perfecta vista de la falta de un diente.
—Elliot.
Pasaron
de molestos a felices y como todo niño comenzaron a jugar muchas cosas, corrían
de un lado a otro entre risas, hasta que llegaron a un campo lleno de rosas que
no dudaron en destruir diciendo que eran monstruos que les atacaban. Elliot mira este, se parece a un dinosaurio.
Jesús
no escucho respuesta de su amigo, así que volteo pensando que le estaba jugando
alguna broma y fue entonces cuando a vio una pequeña mujer que perseguía al
ojos verdes. — ¿Te gustaría que yo te golpeara como lo haces con las rosas?
Gritaba la niña mientras seguía persiguiéndole con una vara para darle un
fuerte golpe en la cabeza. ¡No hulla
cobarde!
El
castaño se echó a reír mientras veía la escena, pero dejo de hacerlo en seco al
ver como la niña se acercaba muy molesta. — ¿De qué te ríes tonto?
Tomo
el cabello de Jesús y tiro de él haciéndole soltar un fuerte grito. — ¿Qué te
pasa niña? ¿Estás loca?, comentó Elliot.
—¡No
me llames loca! ¡Tampoco niña! ¡Me llamo Helen!
—No me
importa cómo te llames, solo no toques a mi hijo. Los tres chicos voltearon a
ver a la joven rubia que se acercó para tomar a Jesús entre brazos y fulminar a
Helen con la mirada. No quiero que te
juntes más con esa niña cariño.
Lo
llevo a casa dejando a los dos niños discutiendo entre sí. Al llegar observo a
su padre dormido en el sofá. ¡Papi! ¡Papi!
Mama no me quiere dejar jugar afuera.
Meció
a su padre de un lado a otro para que este despertara pero el hombre no abría
los ojos, la rubia se preocupó y alejo a su hijo para tratar de despertar a su
esposo.
—¡Omar!
¡Omar! ¿¡Omar!?
Vio cómo
su madre cayó al suelo y lloro, supo de inmediato que era lo que todos temían
desde hace mucho, su padre no iba a despertar más.
Se
encontraba a un lado de su Tío José en el cementerio tomándole de la mano,
tratando de evitar un escape de este algo que no sucedería.
José
era de unos treinta años de edad, adoraba a su hermano desde siempre y también
a su sobrino del cual pasado unos dos años se vuelve su padre oficial. Jesús
miraba a los lados esperando algún milagro, quizás que alguien saliera de la
nada y le dijera que todo era una broma. Pero lo único que logro ver fue a la
misma niña del lago, esta se encontraba con rasguños en la cara y varios
moretones. Tenía su cabeza arropada entre una pierna y brazo de un adolescente
quizás de unos 17 años. Lloraba sin parar mientras observaban el entierro de
alguien.
—Jesús
¿conoces a esa niña? Escucho preguntar a su tío, alzo la mirada y le vio
directo a los ojos. Se notaba que trataba de descifrarlo, Jesús negó para no
molestar a su madre aún más de lo que la hizo cuando tuvo que alejarlo de esos
niños.
—Tío
tengo hambre ¿nos podemos ir?
José
suspiro y levanto a su sobrino para cargarlo. Dio una última mirada a su
alrededor y trato de pensar que todo era un sueño, le costaba trabajo aceptar
que su hermano mayor se había marchado a pesar de que le prometió curarse
pronto.
—Vamos
a casa pequeño. Se fue caminando por aquel sendero que daba a el
estacionamiento, dejo que el niño entrara y luego encendió el auto para marcharse.
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