miércoles, 25 de abril de 2018

Ella no es ningún Ángel.


Capítulo 10


La belleza que ella tenía opacaba cualquier mal que pudiera presentar en su cabeza.

Un olor asqueroso llegaba a mi nariz mientras dormía, me moví un poco para alejarlo pero ahí seguía hasta que opté por abrir los ojos y mirar como la castaña estaba cubierta de sangre de pies a cabeza, observando sentada en la silla del escritorio.

Me levanté impactada sin nada que decir y ella parecía saber qué efecto causaba en mí.

La habitación se encontraba medio oscura a excepción de esas partes en donde la lámpara que mamá me regaló para mi cumpleaños, iluminaba.

—¿Qué...— no podía siquiera preguntar lo obvio, estaba en un trance del cual costaba salir por sí solo.

Resopló y encendió la luz de la habitación. Luego volvió a tomar asiento y me miró con cansancio en el rostro.

—Me encargué del policía que vigilaba la casa de mamá y papá

Si antes estuve en shock pues en ese momento entre en otro mundo, una paralelo donde mi mejor amiga decía haber matado a un uniformado que nos podía llevar directo a la cárcel.

—Dime que estás bromeando... —Negó y tuve unas inmensas ganas de abofetearla— ¿Por qué?, ¿cuándo? y ¿dónde?

Sonrío pero sin mostrar sus dientes y de su vestido color rosa cubierto de sangre, sacó un cuchillo con lo que parecían pequeños pedazos de carne pegados.

Me levanté y corrí al baño para vomitar, ni siquiera había comido lo suficiente en la mañana y ya mi amiga había logrado que botara lo poco que quedaba dentro del estómago.  

—Qué asco —dijo parada en la puerta.

Tentándome seriamente a golpearla con algo por su total estupidez.

Lavé mi rostro en el lavado y enjuague la boca. Tenía que enfrentarla de una vez por todas antes de que alguien más la viera y llamara a la policía, alguien como mi madre que venía llegando, lo supe porque el garaje sonó cuando se abrió y tocó el claxon del auto.

—¡Maldición! ¡Estás loca! en lo que mamá te vea va a llamar a la comisaría y te irás directo al infierno.

Colocó su dedo índice y medio en el aire, dándome una señal de paz.

— Tranquila, me daré una ducha rápida mientras tú le sacas conversación abajo y luego esconderé el arma donde nadie nunca pueda encontrarla.

Estuve por pegarle un grito cuando mi madre llamó desde la planta baja.

—¡Britt! ¡Traje pizza! ¡Baja!

Sentí que todo daba vueltas alrededor y quise que me tragara la tierra, Ángel tiró de mí y se metió al baño abriendo la ducha y cerrando la puerta con seguro.

Respiro hondo y caminé en dirección a la salida antes de que mi progenitora entrara y encontrara a la lunática castaña dándose una ducha para quitarse la sangre del oficial que cubre su cuerpo.

Entre a la cocina y tome asiento. No tenía hambre, el apetito había desaparecido por completo pero si se lo decía a mamá seguro que empezaba con sus preguntas irritantes que a la final terminan sacando la verdad a flote.

—Yo... —dejó los trozos de pizza sobre el plato, más que causar hambre daban nauseas.

—¡Llegue yo! —comentó con entusiasmo cuando paso por la puerta de la cocina, la mirada de mamá se iluminó por completo.

Siempre era así cuando ella estaba cerca, siempre.

—Qué lindo ¿tendrán pijamada hoy? —indago mamá.

Giré y encontré a Ángel llevando una de mis viejas pijama que solo a ella le quedaba, pero que no podía llevarse nunca porque sus padres se quejaban acerca de la ropa de "otras personas". Usualmente decían que era asqueroso tener que ponerse algún trapo que otra persona había usado en un momento de su vida y yo, no era la excepción para ellos.

—Sí, Britt me invitó ¿no le molesta?— ella fingía muy bien esa sonrisa de niña inocente que capturaba a mamá en todo momento.

—Por supuesto, recuerda que eres como una hija para mí— la abrazó con cariño— puedes quedarte cuanto quieras.

—¡Gracias!

Yo miraba todo desde la esquina en donde yacía muda, ¿cómo era alguien tan linda capaz de asesinar a otros seres vivos?

—Cariño, ¿no vas a comer? 

Repare en que me miraban curiosas cuando ambas empezaban a devorar la comida con entusiasmo mientras aún seguía inmersa en mis más profundos pensamientos.

—Uh, que raro...—comentó mamá.

Di tres bocados a mi pedazo y el otro se lo di a Ángel sin necesidad de que lo pidiera. Ella comía mucho pero siempre pesaba poco, era como una especie de bendición que le había caído al nacer, porque aparte de belleza le dieron un sistema digestivo de los buenos.

—¿Qué te parece raro?—pregunté cuando noté que mi amiga tenía la boca llena y no podía indagar en lo que decía.

—Bueno, es que había un auto policial afuera completamente solo. —Paré de comer pero ella no, siguió como si lo que dijera la adulta en la habitación fuera irrelevante. 

—Quizás...fue a pasear— Excusé pero mamá continuó con la plática.

—Sí, seguro fue a comer. Qué se yo, pero me pareció raro encontrar la radio caída y la puerta sin seguro, —nos miró a ambas— no piensen que iba a robar o algo, fue sólo curiosidad de saber que sucedía.

Ángel soltó una risita tras el comentario que mamá hizo, pero yo no podía tan siquiera hacer una expresión, me era imposible con lo que escuchaba. 

En lo que mamá se descuidó buscando vasos para los jugos que no recordaba había en la nevera, no dudé en mirar con mala cara a mi amiga quien tan solo alzó los hombros, restándole importancia.

Era una especie de monstruo, parecido a las sirenas.

Hermosa pero muy peligrosa.

Ella no es ningún Ángel.


Capítulo 09


Ángel estaba loca, pero dentro de toda su locura había algo de cordura que la volvía un peligro para la sociedad.

—¡Está loca! ¡Te juro que lo está!— Dylan miraba mi actuación con gracia y admiración.

Estaba realmente fascinado con la idea de que mi amiga y yo peleáramos por lo que pasó con Aisha. 

Mentí un poco con respecto a lo sucedido y dije exacto lo que Ángel me había comentado “Aisha murió porque envenené su agua días antes en la cafetería del instituto, mucho antes de su repentina caída que aseguro no es mi culpa”.

Ni mi amiga ni yo queríamos que se supiera la verdad, ella porque necesitaba tiempo para lograr su más anhelado sueño y yo porque había prometido con sangre estar para ella hasta el final.

—Entonces… Ángel está molesta porque le contaste la verdad.— Asentí y continuo – bueno, con sinceridad tiene  toda la razón de estarlo, eres un peligro para la sociedad ese impulso tuyo de odio en su contra por “haberte maltratado durante el colegio” es un tanto… Estúpido.

Mordí mi labio inferior ahogando la verdad en el fondo, él debía creer que todo esto fue venganza por un pasado deteriorado a causa de las burlas y miradas hirientes. Muy contrario a lo que en realidad era, puesto que la muerte de la morena se debía a que se revolcó con mi ahora ex novio en los casilleros del gimnasio.

Pero Ángel me había dicho que debía mantener el perfil bajo y darle un poder inexistente sobre nosotras. Mientras Dylan creyera que me encontraba mal psicológicamente y que la castaña se encontraba en un estado de depresión a causa de mis errores, él y Seth pensarían que tienen el poder de manejarnos a su antojo.

—No es estúpido  —reclamé— Aisha se burló por muchos años de mí, arrojando los cuadernos al excusado o diciendo a las demás que era una vaca gorda que no necesitaba amigas. ¡No la ayudes!

Mi actuación en cierta forma se veía perfecta.

Y de saber que Dylan investigaría se daría cuenta que lo que le comente no era mentira, ya que, antes de pasar desapercibida en el último año de instituto, fui popular junto a mi amiga pero para llegar a ello pasamos por un mal tiempo en el colegio; uno que no duró tanto porque Ángel “se encargó de todo”.

Ahora que lo pensaba de esa manera me daba muy mala espina, es como si ella en serio se hubiera encargado de Aisha y el grupo de niñas tontas que nos atacaban a diario con insultos.

Um, algo hay oculto aquí.

—Tranquila, no tienes que alterarte— dice rodeando el escritorio en donde estuvo sentado.

—¿Cómo no alterarme si no crees nada? –refunfuñé.

La campana de salida sonó y tomé mis cosas para salir del salón de ciencias antes de que el conserje nos encontrara solos allí.

—Luego te diré si te creo… Pero debido a tu naturalidad de “lunática” tendré que investigar por mi cuenta.

Guiñó un ojo y salió dejándome sola.

Saqué el teléfono y marque el número de la castaña, por suerte tenía el mío en privado y quien estuviera con ella no sabría que la llamo.

—¿Hola? –su voz chillona me causo gracia. Era la típica voz que usaba cuando alguien se encontraba cerca así que era mi señal para hablar con disimulo.

—El pajarito ya se fue, hablé todo lo que pude con él. Pero parece no creer nada de nada ¿Qué hago ahora? –susurré en caso de que el mencionado pudiera estar escuchando desde afuera.

—Marceline, querida… —Imitó a los tipos de la televisión con su acento y voz. – Te he dicho que me esperes en casa, de no ser así tendré que ir a hablar con tío Gil a la tienda.

La última mención lo dijo con voz neutral así que ese era el lugar donde nos debíamos ver. Suspiré y tome mi mochila para salir aún con el teléfono pegado a la cara, miré a los lados y al no ver a nadie caminé apresurada.

—Entonces, allí estaré pasada la medianoche… —Otra clave que ella entendió, eso quería decir que a las doce en punto debíamos encontrarnos.

Colgué.

Durante todo el camino a casa sentía la presencia de alguien siguiéndome, giré varias veces por tiendas abarrotadas de personas en caso de que quisieran hacerme daño o secuéstrame y en una de tantas a cuadras de llegar a mi hogar, paré el paso.

Mire mi reflejo en el vidrio que protegía la entrada, no eran solo cosas mías ni estaba enloqueciendo. Si había alguien siguiéndome pero no a pie, sino, en un auto negro que a simple vista se podía reconocer.

Era el auto de un policía. Se detuvo a metros de mí pero lo vi, respiré profundo y agarre con fuerza el mango de mi mochila para llegar a casa rápido, casi que corría de lo aterrada que me encontraba.

Qué horror ya nos habían pillado y ni una semana llevaba Aisha de haber sido enterrada.

Por lógica ni Ángel ni mucho menos yo fuimos a su entierro. Pero por lo que escuché en los pasillos fue uno de esos a los que asistió mucha gente, gran parte del instituto fue a ver.

No más llegar a casa cerré la puerta con llave, mamá no llegaría hasta las cinco de la tarde luego de terminar su jornada de trabajo y apenas eran las once. 

Subí a mi recamara y me encerré. Tomé el teléfono y a una cuenta de correo que Ángel creó solo para nosotras le envié uno, diciendo lo que sucedía alrededor y la razón por la que no iría a nuestro encuentro.

An.Br:

“También está uno frente a mi casa”

Respondió de inmediato.

No quise contestar y en cambio me arroje a la cama tapándome con las sábanas como si ellas se fueran a encargar de protegerme de todo lo que sucedía afuera.
Íbamos a tocar fondo tarde o temprano y temía que fuera más temprano que tarde.

Ella no es ningún Ángel.


Capítulo 08


Debieron de darle un premio por ser tan ingenuo, pero no, creo que Ángel le dio algo mucho mejor.

— Britt, Britt, Britt— Negó varias veces alrededor, y riendo me señaló. — Podemos llegar a un acuerdo ¿no crees?

Arrugué la nariz y lo miré por el rabillo de mi ojo. ¿A qué se refería con acuerdo?, él quería algo más y si eso lo silenciaba pues bien.

—¿Qué quieres?— pregunté con la garganta seca y lamiendo mis labios, tenía sed y mucha por culpa del idiota ante mí.

—Bien. —Entrelazo sus manos y sacó pecho— Yo quiero una cita con tu amiga y ella no para de evitarme, pero estoy seguro que con este pequeño secreto que sé de ustedes ahora si va a querer salir conmigo. Lo malo es que no le puedo decir que conozco esto o de ser así es capaz de acuchillarme por la espalda, así que tu como buena amiga le dirás que acepte mis invitaciones y listo.

Ju, pobre tonto.

—Por supuesto. —Lo miré con desconfianza y alcé el rostro— ¿Pero cómo sabré si de verdad vas a callar y no dejarás por ahí a alguien más para chantajearnos?

Chasqueó sus dedos y sonrió.

—Buen punto, pues... Tendrás que confiar.

El cabello castaño bailó al compás del viento escondiéndose tras la pared, preparando quizás un plan para deshacerse de ese ser tan molesto que buscaba belleza con tal de chantajear. 
Bufé.

—Esto me da mala espina, pero lo haré solo por Ángel. —Alzó una ceja, ya estaba preparada para llenar su camino de polvo— Porque no quiero llevarla conmigo a una celda si caigo. 

Fingí haber hablado demás y los ojos de Dylan se iluminaron de tal forma que entendí de inmediato, había caído en la trampa.

—Entonces fue un placer hablar contigo.

Se despidió sonriendo y pasó por un lado de mí, Ángel esperó al menos cinco minutos antes de salir de su escondite con el vestido arrugado y su rostro rojo de ira.

—Ese infeliz va a pagarlas. —Dijo al colocarse a mi lado y mirar en la dirección en la que desapareció el chico.

—Cálmate. Hasta ahora cree que fui yo quien hizo todo, solo debemos buscar una manera de eliminarlo.

El rostro de mi amiga se iluminó y fue entonces que comprendí lo que la alegró. Sin querer mi subconsciente arrojó uno de esos comentarios que últimamente Ángel decía sin piedad y remordimiento. 

Estaba dejando de ser yo, para ser parte de ella. 

—¿Que tienes en mente?— indagó aún con la sonrisa en el rostro.

Me desinfle por completo en cuanto recordé que no soy ese tipo de personas y miré a los lados en busca de cualquier cosa que pudiera inventar, para mantenerla al margen sin cometer otro asesinato.

—Um, pues puedes salir con él por un tiempo y usarlo ¿creo?

Esperaba en serio que Ángel siguiera lo que dije, solo por esta vez una acción nada letal pero como que le había dado la mejor de las ideas porque su mirada cambió bruscamente a una llena de maldad. Su lado sádico salía a pasear de vez en cuando y esta era una de esas, frotó las manos y río de cierta forma que hizo que me alejara dando pequeños pasos.

—Creo que... iré a el baño— Salí disparada como bala en la dirección contraria a la que antes estuvimos y me encerré en el baño, colocando el seguro y metiéndome en uno de los cinco cubículos.

No tenía idea de lo que esa cabeza maliciosa se encontraba planeando y en realidad no quería saberlo.

Dure al menos una hora sentada sobre el retrete hasta que el conserje le abrió la puerta a una de las chicas que decía tener muchas ganas de orinar. Entró a otro cubículo y aproveche de salir disimulando, coloqué mi mejor cara y caminé hasta los casilleros para buscar el dinero para el pasaje en el bus. 

Pero no terminé de llegar cuando visualice a Seth registrándolo, maldije el haberle dado antes cuando aún seguíamos siendo algo una copia de la llave. Me oculté tras una de las paredes esperando que fuera lo que quería hallar y cuando lo hizo, las manos comenzaron a sudarme y saqué el teléfono para mandar la imagen por whatsapp a Ángel.

Seth miró a los lados luego de obtener las copias de las llave de mi casa que ocultaba en el fondo del casillero, sacó también mi identificación y le tomó una foto luego de ello colocó todo como antes creía él que estaba y fingió que algún objeto se le había caído del bolsillo por allí cerca en cuanto la profesora de literatura pasó a su lado.

Se dispuso a desaparecer por los pasillos en lo que sonó la campana y de inmediato fui en busca de mi mejor amiga. Ella sabría qué hacer en este caso, porque de ir con los adultos solo lo castigarían y preguntarían por qué razón lo hizo. 

Lo cual, nos llevaría directo a la cárcel a la chica bonita y a mí.

Caminé tan rápido como mis piernas permitían y logré hallar a Ángel dentro del salón de música, con un cutter rosa en la mano izquierda y la mirada terrorífica de la mañana.

—¿Ángel? —murmuré con los nervios a flor de piel y ella me guiñó uno de sus bonitos ojos.

—Ya sé que vamos a hacer —dijo y tragué saliva asustada— A cierto pajarito le dio por actuar como detective y le contó a un perro callejero herido lo que tenía en mente, así que, ¿por qué no enviarlos juntos al infierno?

Alcé una ceja analizando lo que trataba de decir pero no capté y ella tuvo que, con fatiga explicar lo que comentó.

—Dylan quiere jugar con nosotras, le dijo a Seth que poseía pistas de quien pudo haber matado a Aisha y que si lo ayudaba a obtener algunas cosas, le diría.

—¿Tu cómo sabes eso?

No me cabía en la cabeza el momento en que ella pudo haberse enterado de tal cosa, además solo la perdí de vista una hora ¿Cómo pudo saber?

—Digamos que —tomó uno de mis mechones de cabello con su mano libre— suelo tener a los sospechosos muy vigilados.

Con una agilidad impresionante cortó el mechón y ahogué un grito cuando acerco el cutter a mi cuello, se pasaba de la raya conmigo.

—Vamos a fingir que te enojó algo que hice, como esto por ejemplo. —Alejó el objeto y sonrió— uno de ellos vendrá a ti y el otro a mí, debes procurar llevarlos a su perdición antes de que ellos nos lleven a la nuestra.

Ella no es ningún Ángel.


Capítulo 07


Debí pensar antes de actuar, debí gritar lo que callaba. Pero no podía, ya había sellado con sangre ese pacto de amistad...

No pude dormir en todo la noche luego de escuchar lo que tenía para pedir, tampoco me dio hambre por la mañana y llegué pareciendo un zombie al instituto. En cambio, mi amiga parecía tan fresca como una lechuga, con una sonrisa radiante y un vestido de invierno nuevo.

La habían dado de alta para que descansara pero a ella le daba igual eso, lo que más quería era cumplir su deseo y lo que yo más anhelaba es que se retractara y dijera que nada de eso era cierto.

— ¡Britt!— gritó a centímetros de mi oreja, había caído dormida sobre la mesa de estudios en la biblioteca.

Aunque no era del tipo que solía comerse los libros por las mañanas, solo en ellas podía tener el lugar  para mí y las locuras de ideas que tenía mi amiga.

—¿Estás segura de esto?— deseaba que dijera un rotundo "no" pero fue lo contrario.

Dejo de ver su largo mechón de cabello y sus ojos hermosos y largas pestañas, se fijaron en mí. 

—Por supuesto, no podría estar más segura que nunca.

La campana para entrar a clases sonó y ambas nos levantamos.

—Espera un momento —dijo, miró a los lados en busca de alguien más y cuando no encontró nada arrancó la hoja del libro.

—¿Qué haces?— chillé. Colocó un dedo sobre mi boca y metió el papel en su mochila.

—Vamos, coloquemos estos donde van.

Se apresuró a colocar todos los libros justo a como estaban antes de llegar, y se tomó la libertad de cubrirlos con otro estante en caso de que alguien buscara allí. Pero, claro no creía que alguien fuera a la sección de "fantasía" para buscar un libro de conjuros que podía ser tan falso como un pelícano de ocho patas.

Terminó y nos largamos casi corriendo, si nos encontraba el cuidador capaz y nos suspendían del instituto y lo menos que ahora necesitábamos era eso.

—Ocho, solo se necesitan ocho...—Comentó agitada. 

Seth pasó por nuestro lado pero ni de digno a mirarnos, entre abrí los labios para decir algo pero él me lanzó una mirada de podio.

—Sabe lo que hicimos —murmuró Ángel.

Pude sentir como me empezaba a faltar el aire, ella colocó una mano sobre mi espalda y empezó a decir que todo estaría bien.

¿Cómo iba a estarlo si matamos a alguien inocente?

—Solo debemos deshacernos de Seth— La miré espantada y ella guiñó un ojo —Sabías muy bien que lo de ustedes no sería para siempre, no comprendo para qué debería permanecer vivo. Además, con el follón que se echó con Aisha capaz y hasta se enamoró y sabes que por amor se puede llegar incluso a comentar cosas que perjudican.

Tenía la boca reseca, pero admitía que Ángel llevaba la razón.

Si lo dejábamos ir por allí tarde o temprano se iría de boca floja a comentarlo con alguien más, no podíamos por nada del mundo permitirlo.

—Tengo miedo... —murmuré para que solo ella escuchara y eso hizo.

—No lo tengas, yo estoy contigo. —Colocó una mano sobre mi hombro y la respiración se me entre corto en lo que el aroma a flores pasó.

Deseaba que solo fuera parte de mi alocada imaginación pero con cada día que pasaba me daba cuenta que no era así, ella marcaba con plumón color rojo aquellos que formarían parte de su círculo privado mientras que yo, con plumón rosa tachaba las probabilidades de un futuro lleno de felicidad.

—Recuerda lo que te dije, actúa normal y juega con la mente.  —Dijo antes de ponerse en marcha en dirección a su siguiente clase, una que por suerte no compartíamos. 

Ángel era excelente en matemática mientras yo era un asco por completo. Así que por ello, ella iba a curso avanzado mientras yo iba a clases para los principiantes que querían subir sus notas antes de los exámenes finales.

Lo peor de todo es que esa clase, debía verla en el mismo salón en el que estaba Seth y sus amigos.

Llegué tan rápido como pude y me acomode en uno de los últimos asientos, esperé hasta que el lugar se llenara por completo y entonces lo vi. Venía con una expresión sombría y tomó lugar a unos cuantos asientos más adelante de donde yo me encontraba.

No saludó, no volteó a verme en ningún momento. Estaba aterrada hasta la mierda, era muy probable que él intentara algo en mi contra y debía hacer algo.

El teléfono en mi bolsillo empezó a vibrar y con cuidado de que el profesor Aarón no me viera y castigara, lo saqué.

Ángel*MAXS

Si el inútil de tu ex intenta tocarte derrama sobre sus ojos el líquido verde que metí en tu mochila esta mañana. 

Arrugué la nariz recordando el momento en que le deje la mochila. Y si, ella había dicho que tenía mucho peso y deseaba descargar un poco su pobre mochila de diseñador costosa.

Pasados los cuarenta y cinco minutos de la clase recogí todas las cosas y salí disparada como bala al jardín antes de que Ángel se escabullera en la sala de profesores en busca de los informes del psicólogo, ella en definitiva tenía muy claro su objetivo. 

—Detente.

Sentí como el frío subía por mi espina dorsal cuando escuche su voz, giré por miedo más que por educación y caí presa de sus ojos cafés. 

—¿Qu... qué quieres?—tragué un nudo que llevaba tiempo en mi garganta y lo miré dudar.

—Tu no fuiste ¿cierto?, no tienes material para ser tan descabellada y envenenar a Aisha.—Dijo mirando de arriba hasta abajo, meditando sus propias palabras y matando mis nervios —Pero... esa bruja de cara bonita lleva en su frente tatuado un "soy el peor monstruo de la historia"

Dylan caminó en círculos alrededor imitando a los detectives de película.

Quien diría que el primo de una de las amigas de Aisha se daría cuenta de lo que le pasó y peor aún, que sabría quién fue. ¿Cómo lo habrá hecho?

—Seth llevó bombones al hospital, los mismos que les regalé a Ángel por la mañana del miércoles como obsequio por su nota más alta y por casualidad... —Mi cara debió ser tan simple que fue fácil de leer la interrogante —luego de que Aisha los comiera a los días muere y por causa de nada menos que "un veneno mortal"

—¿Que tiene que ver Ángel con el supuesto veneno?— pregunte para dejarlo fuera de lugar pero parecía estar muy bien preparado.

—Mucho, en realidad. —Golpeó mi frente con su dedo índice— Porque yo hice esa mezcla en clases de química y Ángel lo tomó alegando que lo usaría con ciertas "ratas" que la molestaban en casa.

Oh... ¡Mierda!

sábado, 21 de abril de 2018

S.O.S Alma Rebelde

Capítulo 13




"Conociendo a la adivina"


—¿Te gusta el parque de diversiones Jesús?
 El mencionando asintió con la boca llena y luego de tragar le dio una sonrisa sincera.
—Eres idéntico a Omar, hay que ver que eres como un ángel.
 Su padrastro José le tomo la mano y luego junto a él caminaron dentro del parque de diversiones. El niño estaba muy asombrado de ver tantas personas caminar de un lado a otro, algunos disfrazados de animales, payasos, y personajes de Disney. Mientras otros solo iban de jeans y franelas de colores.
—¿Por qué todos vienen vestidos así papá?
Sonrío al escuchar como lo llamaba, le encantaba lograr eso en el pequeño, ya que hace unos meses atrás al enterarse que sería su nuevo papá, este hizo un enorme berrinche se escondió en su habitación y duro días sin salir o querer dirigirle la palabra.
—Porque el tema de hoy es el carnaval.
El chico ya no le prestaba atención y se encontraba concentrado en una persona disfrazada de Batman que comenzó a hacer piruetas y movimientos.
—¿Quieres comer algo campeón?, mientras llega tu mama con los boletos. Quiero comer una salchicha cubierta de queso y una manzana con chocolate. Se dirigieron al puesto de variedades, y pidieron lo que querían comer. Entre risas y bromas pasaron su tiempo, hasta que José de momento se comenzó a sentir ahogado, para no preocupar al pequeño le mintió diciendo que iría al baño, aprovechó la llegada de Jenna su esposa y allí los dejo solos.
Al entrar al baño, no lo pensó dos veces y se empapo la cara con agua del lavamanos, se contempló durante unos segundos y comenzó a toser. Una tos  seca que dejaba en claro que algo andaba mal, no podía parar y cuando quiso escupir de su boca salió sangre.
—¿Otra vez? Hay no, esto no puede ser bueno.
Negó con la cabeza y se lavó rápido, salió en busca de su esposa e hijo y al verlos próximos al juego de los espejos sintió un escalofriaos recorrer su espalda. Algo lo golpeo el volteo de manera rápida, vio a una pequeña castaña junto a una rubia hablando entre sí.
—No Kattia, pídele perdón tú;  no, no, no yo no le he empujado.
Frunció el ceño y la pequeña castaña palideció y dio un rápido —¡Lo siento— y se marchó. A José le daba vueltas a su cabeza pensando donde le había visto antes pero no lograba dar con el recuerdo exacto.
Una brisa fuerte azoto el lugar y noto como las carpas buscaban elevarse, se giró a buscar al pequeño y lo observo entrar en una carpa morada seguido por su madre.
—Mamá entremos allí. Señalo a una carpa morada, la mujer lo miro de reojo y al notar su interés le siguió hasta ella.
Jesús podía escuchar esa voz en todo el lugar que solo pedía una cosa «ven aquí» le llamaba a él, y como por arte de magia su cuerpo comenzó a caminar hasta dentro. El aroma a canela y vinotinto inundo sus fosas nasales, la luz se volvía escasa y parecía no haber nada por ese pasillo oscuro.
—¿Quieres saber tu futuro? Preguntó una extraña, gruesa y áspera voz, no pudo evitar que temblaran sus piernas mientras recorría el lugar hasta un sitio donde se encontraba una pequeña mesa con algunas velas encendidas.
—¿Hay alguien aquí? Su voz era débil y casi en susurros soltaba sus palabras.
—¿Quieres saber tu futuro?
Repitió la misma voz, el chico de 11 años trago grueso y sintió un frío aterrador recorrerle el cuerpo.
— SI. Dijo sin más para salir de esa pregunta, las velas comenzaron a titilar , el suelo a temblar, la mesa que hasta hace un momento se encontraba frente a él se elevó tan rápido como bajo dejando a la vista a una mujer de edad con ojos nublados y una pequeña sonrisa. Jesús soltó un grito a los cuatro vientos al sentir una mano sobre su hombro, se giró y noto a su madre quien parecía estar en una especie de trance.
Tu futuro está lleno de desgracias, soledad y dolor. Solo esa alma te guiara por el camino correcto, pero conocer a una niña, castaña de tu edad para ser especifica te costara más que un padre. Y tras esas palabras y una risa tenebrosa  salió  y todo el sitio comenzó a temblar y a moverse, su madre ahogo un grito y lo tomo por los brazos para no perderlo, el pequeño cerró los ojos y en menos de unos segundos al abrirlos ya se encontraba fuera del sitio.
—No te quiero cerca de ninguna chica Jesús.
Su madre entre lágrimas le abalanzaba de atrás hasta delante mientras el aún tenía los ojos completamente blancos.
—Jesús ¿qué sucede hijo? Reacciona.
José ya se encontraba a su lado, el chico volteo a verle directo a la cara y se empezó a reír de manera burlesca. Su padrastro frunció el ceño y tratando de averiguar que sucedía con el pequeño quiso entrar a la carpa, la cual al levantar su cara ya no se encontraba.
—¿Que sucede aquí?
Se estaba comenzando a asustar, no parecía nada normal que las carpas hayan desaparecido junto con todas las personas y juegos, quedando así en un terreno vacío.
Observo al final de aquel árbol que se encontraba casi a dos kilómetros del lugar, topándose con la mirada de una pequeña castaña. Su cabeza dio un pequeño Clic y comenzó a caminar hasta ella.
—¡Oye! ¡Ey! ¡Niña!
Le hacía señales con los brazos para que la pequeña le viera, pero está en cambio salió corriendo a otro lado. La siguió o al menos eso creyó, pero al llegar al árbol se dio cuenta que apenas era una pequeña planta y que no se encontraba la niña.
—José ¿qué sucede?
Jenna tenía a Jesús entre sus brazos cargado, al parecer el niño se había quedado dormido luego del ataque de risa nada normal que tuvo hace pocos minutos. —Creí que aquí había una niña y un árbol de mango enorme.— La rubia miro a los lados y por último a su esposo, estaba comenzando a creer que algo malo pasaba con él ¿quizás el calor?, o tal vez ¿le hizo daño el trozo de pastel que devoro antes de salir de casa?
—Quiero irme a casa por favor, estoy cansada y Jesús no se encuentra bien.
Se dirigió a donde supuso dejo el auto, estaba en lo correcto allí se encontraba pero con los vidrios llenos de marcas que parecían manos. Trago grueso, tomo valor y dio la orden para que subieran y así poder llegar a casa pronto.

S.O.S Alma Rebelde

Capítulo 12



"Que sera de mi"


— ¿Mamá y papá van a venir?— Se acomodó un poco más en el suelo y comenzó a colorear.
—No Helen, no van a volver.— Su hermano le veía mientras ella dibujaba, le parecía muy interesante y tranquilizador.
—¿Es cierto lo que dice la señora Carmen?— Frunció el ceño y le miro interrogante, la pequeña alzo la cabeza y lo observo haciendo pucheros.
—Ella dice que se fueron a algún sitio en el cielo, dijo que solo si soy buena en la tierra podré ir a verles.
Roberth se colocó una nota mental, la cual consiste en jamás dejar que su hermana se acerque de nuevo a su vecina. Tomo su celular y marco unas cuantas teclas, un montón de códigos aparecieron en este, al cabo de unos momentos entro a donde quería y coloco un breve mensaje.
"La señora Carmen Suárez, esta desquiciada le dijo a los hijos de los ya fallecidos Shane que podía ver a los fantasmas de sus padres rondando las casas"
Dio unos cuantos clics en su teléfono y aparecieron todos los nombres y correos de las personas del vecindario, sin pensarlo dos veces dio a 'enviar' y como un mensaje anónimo eso llego a cada persona de los alrededores.
—¿Qué haces hermano? Helen trataba de mirar la pantalla del Teléfono pero su hermano alzo la mano y ella se cruzó de brazos.
— ¡Quiero verlos!
— ¡No! Las niñas buenas hacen caso ¿no crees?— La castaña pisoteo fuerte y subió a su habitación, ¡tremendo problema en el que se metió!, tendría que cuidar de su hermana como si fuera su propia hija y todo por falsificar algunos papeles, firmas y demás para no dejarla bajo las manos del seguro social.
Si es cierto eso de los Ángeles, espero que ustedes me estén apoyando en lo que hago. Suspiro fuerte y se recostó aún más en el sillón. A las 9:30 tendría que irse a trabajar y dejar a su hermana con la vecina Susan para que hiciera el favor de cuidarla como hace cada noche. Se levantó justo a tiempo, toco la puerta de la pequeña, al ella no responder se extrañó y la abrió rápido pensando en cosas malas. La vio profundamente dormida y dejo salir el aire retenido ¡Gracias a Dios no es nada malo!
Llamo a Susan y le dijo que dejaría la llave bajo la alfombra, salió en su motocicleta a todo lo que daba para llegar rápido.
—¿Helen? ¿Estás?— Escuchó como alguien la llamaba, se levantó y rascó sus ojos para luego mirar a su alrededor. No encontró a nadie, frunció el ceño y se bajó de su cama en busca de su niñera.
—¿Susi? ¿Me estas llamando?
Caminó por toda la casa en busca de la chica pero no la vio por ningún lado, llego a la habitación de su hermano y la puerta se abrió prácticamente sola. Entusiasmada con la idea de que este no fue a trabajar para quedarse con ella entró y de un fuerte golpe la puerta se cerró tras ella
—¿Roberth eres tú?
Miraba a los lados y nada, no encontraba a su hermano, escucho murmullos desde el armario y se acercó hasta él para ver de quien se trataba.  No lo habrás cariño volteo alegre al escuchar esa voz tan conocida, vio a su madre con un vestido enorme de un color blanco que desprendía luz.
—Mamá ¿Roberth se escondió en el armario?
La dama negó con la cabeza y la miro directo a los ojos.
—No amor, esos que están allí son niños malos 'Almas Rebeldes' que no quieren hacer el bien.
La tomo de la mano y la acompaño a salir de la habitación dejándola a unos escalones para llegar hasta la sala de estar.
 Ya tu niñera llegó, pórtate bien y quizás nos veamos pronto corazón. Le lanzo un beso al aire y al Helen pestañear ya ella no estaba. Pensó: que rápida es mi madre, esos trucos son muy buenos.
—¿Helen? Ya estas despierta ¡Qué bueno!
Vio a la morena y corrió hasta ella, quería contarle lo que había sucedido pero al abrir la boca para comenzar el cuento, olvido todo. Pestañeo varias veces y frunció el ceño, por más que lo intentara no lograra recordar nada de lo que acababa de pasar.
—¿Sucede algo?—Miró tras la morena y noto como una chica de cabellos rojizos le saludaba con la mano.
—¿Quién es ella?— Susan miro a donde la pequeña señalaba y al no ver nada le dio una pequeña sonrisa.
—¿De quién hablas? ¿Tienes una amiga imaginaria?
Negó con la cabeza, la miro y luego vio a la pelirroja e hizo una mueca.
—¿Quién eres?— La pelirroja se señaló a sí misma en modo de pregunta y ella asintió para que comprendiera que la pregunta era para ella.
Me llamo Silvia, estudié con Susan durante el instituto. Éramos las mejores amigas, hasta que tuve una pequeña caída.
            —¿Que ves Helen?— Susan la miraba preocupada, nunca pensó que tendría que lidiar con una niña que sufriera de esquizofrenia.
—Es Silvia—responde, dice: que fue contigo al instituto hasta que tuvo una pequeña caída. Me gusta su cabello, lo tiene ondulado y rojizo.
Sonrío a la chica de cabellos rojos que le lanzaba pequeños besos al aire, mientras la morena se tornó pálida.
—Helen no juegues con eso, Silvia murió en una caída en la montaña.
La castaña abrió los ojos de par en par y el pelirrojo hizo una mueca con la cara, le dio al aire un "lo siento" y se puso más cerca de Susan causándole un escalofrío.
—Pero yo la veo, se acaba de parar a tu lado.
La morena pego un grito, y se alejó de donde se encontraba hace unos segundos parada.
—¡Silvia! ¿Qué hace ella aquí Helen?
Miro unos segundos a la niñera luego al pelirrojo que comenzó a derramar lágrimas.
—Por favor: dile que me disculpo por todo lo que le echo y que solo vine a despedirme, si ella no me da el perdón no podré irme. —Helen repitió cada palabra como el pelirrojo le dijo, la morena se encontraba ya sentada en el suelo en posición fetal temblando del terror, no podía controlar sus piernas, le temblaban y su boca se mantenía abierta.
—¡Dile que la perdono, que se valla, que me deje en paz!
Cuando volteo a ver, la pelirroja ya esta no se encontraba, torció la boca y le comento a Susan que ya no estaba.

Ya a las once y treinta de la noche, Helen se encontraba dormida en su habitación cuando su hermano mayor llegó.
—No voy a cuidar más a Helen.
 Fue lo primero y último que le gritó Susan al salir casi corriendo por la puerta para irse. Con cara de sorprendido y de incomprensión pensó: ¿que habrá pasado? nunca he escuchado una sola queja de su parte, ella siempre habla cosas positivas sobre la niña. Tendré que recurrir a la única persona que no conozco muy bien, pero que trataré de conocer con el fin de que cuide a Helen, a la señora Cruz.

S.O.S Alma Rebelde

Capítulo 11


"Adiós Papá"


—Jesús cariño apúrate o nos agarrara el tráfico.
Con tan solo 8 años el chico era aún más maduro de lo que aparentaba y ello lo dejaba muy en claro cuando tardaba casi una hora arreglando el equipo de emergencia en caso de que algo sucediera en los viajes.
—Ya está mamá, solo arreglaba algunas cosas. Comentó ya dentro del auto, su madre le echo una pequeña mirada y su padre río por lo bajo.
—Hijo eres peor que tu madre a veces, pero así te adoro.
La rubia le golpeo el hombro a su marido en modo de juego y arranco el auto. En toda la vía paso más tiempo dormido que despierto, no sabía por qué no era tan resistente como cuando era más pequeño, pero no le importó. Adoraba ser como su padre, el hombre que pasaba todo el camino dormido pero no por flojo si no por culpa de su enfermedad. La leucemia ya estaba avanzada y aunque todos trataban de disimular que nada pasaba para así evitar la muerte más rápida de su familiar, el pobre hombre ya se estaba marchitando con el pasar del tiempo.
Llegaron a un pequeño lago al que acostumbraban a ir cada verano, se bajó del auto corriendo y escuchando los gritos de su madre «" no te vayas muy lejos, recuerda que tienes que cenar con nosotros"».
Jesús adoraba ese lago casi tanto como a su familia, imaginaba un mundo sin igual donde él era un Rey y todo el territorio era suyo.
—Oye niño ¿tienes galletas?
Se giró sobre sus talones y miro a un niño de su edad con el cabello castaño, ojos de color verde, una franela blanca y unos jeans desgastados.
—¿Quién eres? ¿Qué haces en mi territorio plebeyo? El castaño frunció el ceño e inflo sus cachetes, lo empujo hasta atrás y ya viéndole en el suelo quejándose puso sus brazos sobre la cadera en forma de jarra.
—Yo solo quería galletas, pero tú te buscaste la caída por decirme plebeyo. ¡No eres un rey!
Jesús se levantó enojado y le dé volvió el empujón. Yo llegué aquí primero, mis padres tienen una casa aquí ¿y los tuyos? El ojo verde frunció el ceño pero asintió, se levantó y le saco la lengua. Mis padres también tienen casa aquí, así que también soy rey de estas tierras.
Ya vencido y sin nada con que volver a la discusión, Jesús inflo sus cachetes y le extendió la mano.
—Me llamo Jesús ¿y tú?
Le sonrío dándole una perfecta vista de la falta de un diente.
Elliot.
Pasaron de molestos a felices y como todo niño comenzaron a jugar muchas cosas, corrían de un lado a otro entre risas, hasta que llegaron a un campo lleno de rosas que no dudaron en destruir diciendo que eran monstruos que les atacaban.  Elliot mira este, se parece a un dinosaurio.
Jesús no escucho respuesta de su amigo, así que volteo pensando que le estaba jugando alguna broma y fue entonces cuando a vio una pequeña mujer que perseguía al ojos verdes. — ¿Te gustaría que yo te golpeara como lo haces con las rosas? Gritaba la niña mientras seguía persiguiéndole con una vara para darle un fuerte golpe en la cabeza.  ¡No hulla cobarde! 
El castaño se echó a reír mientras veía la escena, pero dejo de hacerlo en seco al ver como la niña se acercaba muy molesta. — ¿De qué te ríes tonto?
Tomo el cabello de Jesús y tiro de él haciéndole soltar un fuerte grito. — ¿Qué te pasa niña? ¿Estás loca?, comentó Elliot.
—¡No me llames loca! ¡Tampoco niña! ¡Me llamo Helen!
 No me importa cómo te llames, solo no toques a mi hijo. Los tres chicos voltearon a ver a la joven rubia que se acercó para tomar a Jesús entre brazos y fulminar a Helen con la mirada.  No quiero que te juntes más con esa niña cariño.
Lo llevo a casa dejando a los dos niños discutiendo entre sí. Al llegar observo a su padre dormido en el sofá.  ¡Papi! ¡Papi! Mama no me quiere dejar jugar afuera.
Meció a su padre de un lado a otro para que este despertara pero el hombre no abría los ojos, la rubia se preocupó y alejo a su hijo para tratar de despertar a su esposo.
—¡Omar! ¡Omar! ¿¡Omar!?
Vio cómo su madre cayó al suelo y lloro, supo de inmediato que era lo que todos temían desde hace mucho, su padre no iba a despertar más.
Se encontraba a un lado de su Tío José en el cementerio tomándole de la mano, tratando de evitar un escape de este algo que no sucedería.
José era de unos treinta años de edad, adoraba a su hermano desde siempre y también a su sobrino del cual pasado unos dos años se vuelve su padre oficial. Jesús miraba a los lados esperando algún milagro, quizás que alguien saliera de la nada y le dijera que todo era una broma. Pero lo único que logro ver fue a la misma niña del lago, esta se encontraba con rasguños en la cara y varios moretones. Tenía su cabeza arropada entre una pierna y brazo de un adolescente quizás de unos 17 años. Lloraba sin parar mientras observaban el entierro de alguien.
—Jesús ¿conoces a esa niña? Escucho preguntar a su tío, alzo la mirada y le vio directo a los ojos. Se notaba que trataba de descifrarlo, Jesús negó para no molestar a su madre aún más de lo que la hizo cuando tuvo que alejarlo de esos niños.
—Tío tengo hambre ¿nos podemos ir?
José suspiro y levanto a su sobrino para cargarlo. Dio una última mirada a su alrededor y trato de pensar que todo era un sueño, le costaba trabajo aceptar que su hermano mayor se había marchado a pesar de que le prometió curarse pronto.
—Vamos a casa pequeño. Se fue caminando por aquel sendero que daba a el estacionamiento, dejo que el niño entrara y luego encendió el auto para marcharse.

No todos...

No todos ven la vida de la misma manera.

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