Capítulo 08
Debieron de darle un premio por ser tan ingenuo, pero no,
creo que Ángel le dio algo mucho mejor.
— Britt, Britt, Britt— Negó varias veces alrededor, y riendo
me señaló. — Podemos llegar a un acuerdo ¿no crees?
Arrugué la nariz y lo miré por el rabillo de mi ojo. ¿A qué
se refería con acuerdo?, él quería algo más y si eso lo silenciaba
pues bien.
—¿Qué quieres?— pregunté con la garganta seca y lamiendo mis
labios, tenía sed y mucha por culpa del idiota ante mí.
—Bien. —Entrelazo sus manos y sacó pecho— Yo quiero una cita
con tu amiga y ella no para de evitarme, pero estoy seguro que con este pequeño
secreto que sé de ustedes ahora si va a querer salir conmigo. Lo malo es que no
le puedo decir que conozco esto o de ser así es capaz de acuchillarme por la
espalda, así que tu como buena amiga le dirás que acepte mis invitaciones y
listo.
Ju, pobre tonto.
—Por supuesto. —Lo miré con desconfianza y alcé el rostro—
¿Pero cómo sabré si de verdad vas a callar y no dejarás por ahí a alguien más
para chantajearnos?
Chasqueó sus dedos y sonrió.
—Buen punto, pues... Tendrás que confiar.
El cabello castaño bailó al compás del viento escondiéndose
tras la pared, preparando quizás un plan para deshacerse de ese ser tan molesto
que buscaba belleza con tal de chantajear.
Bufé.
—Esto me da mala espina, pero lo haré solo por Ángel. —Alzó
una ceja, ya estaba preparada para llenar su camino de polvo— Porque no quiero
llevarla conmigo a una celda si caigo.
Fingí haber hablado demás y los ojos de Dylan se iluminaron
de tal forma que entendí de inmediato, había caído en la trampa.
—Entonces fue un placer hablar contigo.
Se despidió sonriendo y pasó por un lado de mí, Ángel esperó
al menos cinco minutos antes de salir de su escondite con el vestido arrugado y
su rostro rojo de ira.
—Ese infeliz va a pagarlas. —Dijo al colocarse a mi lado y
mirar en la dirección en la que desapareció el chico.
—Cálmate. Hasta ahora cree que fui yo quien hizo todo, solo
debemos buscar una manera de eliminarlo.
El rostro de mi amiga se iluminó y fue entonces que
comprendí lo que la alegró. Sin querer mi subconsciente arrojó uno de esos
comentarios que últimamente Ángel decía sin piedad y remordimiento.
Estaba dejando de ser yo, para ser parte de ella.
—¿Que tienes en mente?— indagó aún con la sonrisa en el
rostro.
Me desinfle por completo en cuanto recordé que no soy ese
tipo de personas y miré a los lados en busca de cualquier cosa que pudiera
inventar, para mantenerla al margen sin cometer otro asesinato.
—Um, pues puedes salir con él por un tiempo y usarlo ¿creo?
Esperaba en serio que Ángel siguiera lo que dije, solo por
esta vez una acción nada letal pero como que le había dado la mejor de las
ideas porque su mirada cambió bruscamente a una llena de maldad. Su lado sádico
salía a pasear de vez en cuando y esta era una de esas, frotó las manos y río
de cierta forma que hizo que me alejara dando pequeños pasos.
—Creo que... iré a el baño— Salí disparada como bala en la
dirección contraria a la que antes estuvimos y me encerré en el baño, colocando
el seguro y metiéndome en uno de los cinco cubículos.
No tenía idea de lo que esa cabeza maliciosa se encontraba
planeando y en realidad no quería saberlo.
Dure al menos una hora sentada sobre el retrete hasta que el
conserje le abrió la puerta a una de las chicas que decía tener muchas ganas de
orinar. Entró a otro cubículo y aproveche de salir disimulando, coloqué mi
mejor cara y caminé hasta los casilleros para buscar el dinero para el pasaje
en el bus.
Pero no terminé de llegar cuando visualice a Seth
registrándolo, maldije el haberle dado antes cuando aún seguíamos siendo algo
una copia de la llave. Me oculté tras una de las paredes esperando que fuera lo
que quería hallar y cuando lo hizo, las manos comenzaron a sudarme y saqué el
teléfono para mandar la imagen por whatsapp a Ángel.
Seth miró a los lados luego de obtener las copias de las
llave de mi casa que ocultaba en el fondo del casillero, sacó también mi
identificación y le tomó una foto luego de ello colocó todo como antes creía él
que estaba y fingió que algún objeto se le había caído del bolsillo por allí
cerca en cuanto la profesora de literatura pasó a su lado.
Se dispuso a desaparecer por los pasillos en lo que sonó la
campana y de inmediato fui en busca de mi mejor amiga. Ella sabría qué hacer en
este caso, porque de ir con los adultos solo lo castigarían y preguntarían por
qué razón lo hizo.
Lo cual, nos llevaría directo a la cárcel a la chica bonita
y a mí.
Caminé tan rápido como mis piernas permitían y logré hallar
a Ángel dentro del salón de música, con un cutter rosa en la mano izquierda y
la mirada terrorífica de la mañana.
—¿Ángel? —murmuré con los nervios a flor de piel y ella me
guiñó uno de sus bonitos ojos.
—Ya sé que vamos a hacer —dijo y tragué saliva asustada— A
cierto pajarito le dio por actuar como detective y le contó a un perro
callejero herido lo que tenía en mente, así que, ¿por qué no enviarlos juntos
al infierno?
Alcé una ceja analizando lo que trataba de decir pero no
capté y ella tuvo que, con fatiga explicar lo que comentó.
—Dylan quiere jugar con nosotras, le dijo a Seth que
poseía pistas de quien pudo haber matado a Aisha y que si lo ayudaba a obtener
algunas cosas, le diría.
—¿Tu cómo sabes eso?
No me cabía en la cabeza el momento en que ella pudo haberse
enterado de tal cosa, además solo la perdí de vista una hora ¿Cómo pudo saber?
—Digamos que —tomó uno de mis mechones de cabello con su
mano libre— suelo tener a los sospechosos muy vigilados.
Con una agilidad impresionante cortó el mechón y ahogué un
grito cuando acerco el cutter a mi cuello, se pasaba de la raya conmigo.
—Vamos a fingir que te enojó algo que hice, como esto por
ejemplo. —Alejó el objeto y sonrió— uno de ellos vendrá a ti y el otro a mí,
debes procurar llevarlos a su perdición antes de que ellos nos lleven a la
nuestra.
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