Capítulo 07
Debí pensar antes de actuar, debí gritar lo que callaba.
Pero no podía, ya había sellado con sangre ese pacto de amistad...
No pude dormir en todo la noche luego de escuchar lo que
tenía para pedir, tampoco me dio hambre por la mañana y llegué pareciendo un
zombie al instituto. En cambio, mi amiga parecía tan fresca como una lechuga,
con una sonrisa radiante y un vestido de invierno nuevo.
La habían dado de alta para que descansara pero a ella le
daba igual eso, lo que más quería era cumplir su deseo y lo que yo más anhelaba
es que se retractara y dijera que nada de eso era cierto.
— ¡Britt!— gritó a centímetros de mi oreja, había caído
dormida sobre la mesa de estudios en la biblioteca.
Aunque no era del tipo que solía comerse los libros por las
mañanas, solo en ellas podía tener el lugar para mí y las locuras de
ideas que tenía mi amiga.
—¿Estás segura de esto?— deseaba que dijera un rotundo
"no" pero fue lo contrario.
Dejo de ver su largo mechón de cabello y sus ojos hermosos y
largas pestañas, se fijaron en mí.
—Por supuesto, no podría estar más segura que nunca.
La campana para entrar a clases sonó y ambas nos levantamos.
—Espera un momento —dijo, miró a los lados en busca de
alguien más y cuando no encontró nada arrancó la hoja del libro.
—¿Qué haces?— chillé. Colocó un dedo sobre mi boca y metió
el papel en su mochila.
—Vamos, coloquemos estos donde van.
Se apresuró a colocar todos los libros justo a como estaban
antes de llegar, y se tomó la libertad de cubrirlos con otro estante en caso de
que alguien buscara allí. Pero, claro no creía que alguien fuera a la sección
de "fantasía" para buscar un libro de conjuros que podía ser tan
falso como un pelícano de ocho patas.
Terminó y nos largamos casi corriendo, si nos encontraba el
cuidador capaz y nos suspendían del instituto y lo menos que ahora
necesitábamos era eso.
—Ocho, solo se necesitan ocho...—Comentó agitada.
Seth pasó por nuestro lado pero ni de digno a mirarnos,
entre abrí los labios para decir algo pero él me lanzó una mirada de podio.
—Sabe lo que hicimos —murmuró Ángel.
Pude sentir como me empezaba a faltar el aire, ella colocó
una mano sobre mi espalda y empezó a decir que todo estaría bien.
¿Cómo iba a estarlo si matamos a alguien inocente?
—Solo debemos deshacernos de Seth— La miré espantada y ella
guiñó un ojo —Sabías muy bien que lo de ustedes no sería para siempre, no
comprendo para qué debería permanecer vivo. Además, con el follón que se echó
con Aisha capaz y hasta se enamoró y sabes que por amor se puede llegar incluso
a comentar cosas que perjudican.
Tenía la boca reseca, pero admitía que Ángel llevaba la
razón.
Si lo dejábamos ir por allí tarde o temprano se iría de boca
floja a comentarlo con alguien más, no podíamos por nada del mundo permitirlo.
—Tengo miedo... —murmuré para que solo ella escuchara y eso
hizo.
—No lo tengas, yo estoy contigo. —Colocó una mano sobre mi
hombro y la respiración se me entre corto en lo que el aroma a flores pasó.
Deseaba que solo fuera parte de mi alocada imaginación pero
con cada día que pasaba me daba cuenta que no era así, ella marcaba con plumón
color rojo aquellos que formarían parte de su círculo privado mientras que yo,
con plumón rosa tachaba las probabilidades de un futuro lleno de felicidad.
—Recuerda lo que te dije, actúa normal y juega con la
mente. —Dijo antes de ponerse en marcha en dirección a su siguiente
clase, una que por suerte no compartíamos.
Ángel era excelente en matemática mientras yo era un asco
por completo. Así que por ello, ella iba a curso avanzado mientras yo iba a
clases para los principiantes que querían subir sus notas antes de los exámenes
finales.
Lo peor de todo es que esa clase, debía verla en el mismo
salón en el que estaba Seth y sus amigos.
Llegué tan rápido como pude y me acomode en uno de los
últimos asientos, esperé hasta que el lugar se llenara por completo y entonces
lo vi. Venía con una expresión sombría y tomó lugar a unos cuantos asientos más
adelante de donde yo me encontraba.
No saludó, no volteó a verme en ningún momento. Estaba
aterrada hasta la mierda, era muy probable que él intentara algo en mi contra y
debía hacer algo.
El teléfono en mi bolsillo empezó a vibrar y con cuidado de
que el profesor Aarón no me viera y castigara, lo saqué.
Ángel*MAXS
Si el inútil de tu ex intenta tocarte derrama sobre sus
ojos el líquido verde que metí en tu mochila esta mañana.
Arrugué la nariz recordando el momento en que le deje la
mochila. Y si, ella había dicho que tenía mucho peso y deseaba descargar un
poco su pobre mochila de diseñador costosa.
Pasados los cuarenta y cinco minutos de la clase recogí
todas las cosas y salí disparada como bala al jardín antes de que Ángel se
escabullera en la sala de profesores en busca de los informes del psicólogo,
ella en definitiva tenía muy claro su objetivo.
—Detente.
Sentí como el frío subía por mi espina dorsal cuando escuche
su voz, giré por miedo más que por educación y caí presa de sus ojos
cafés.
—¿Qu... qué quieres?—tragué un nudo que llevaba tiempo en mi
garganta y lo miré dudar.
—Tu no fuiste ¿cierto?, no tienes material para ser tan
descabellada y envenenar a Aisha.—Dijo mirando de arriba hasta abajo, meditando
sus propias palabras y matando mis nervios —Pero... esa bruja de cara bonita
lleva en su frente tatuado un "soy el peor monstruo de la historia"
Dylan caminó en círculos alrededor imitando a los detectives
de película.
Quien diría que el primo de una de las amigas de Aisha se
daría cuenta de lo que le pasó y peor aún, que sabría quién fue. ¿Cómo lo habrá
hecho?
—Seth llevó bombones al hospital, los mismos que les regalé
a Ángel por la mañana del miércoles como obsequio por su nota más alta y por
casualidad... —Mi cara debió ser tan simple que fue fácil de leer la
interrogante —luego de que Aisha los comiera a los días muere y por causa de
nada menos que "un veneno mortal"
—¿Que tiene que ver Ángel con el supuesto veneno?— pregunte
para dejarlo fuera de lugar pero parecía estar muy bien preparado.
—Mucho, en realidad. —Golpeó mi frente con su dedo índice—
Porque yo hice esa mezcla en clases de química y Ángel lo tomó alegando que lo
usaría con ciertas "ratas" que la molestaban en casa.
Oh... ¡Mierda!
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