Capítulo 13
"Conociendo
a la adivina"
—¿Te
gusta el parque de diversiones Jesús?
El mencionando asintió con la boca llena y
luego de tragar le dio una sonrisa sincera.
—Eres
idéntico a Omar, hay que ver que eres como un ángel.
Su padrastro José le tomo la mano y luego
junto a él caminaron dentro del parque de diversiones. El niño estaba muy
asombrado de ver tantas personas caminar de un lado a otro, algunos disfrazados
de animales, payasos, y personajes de Disney. Mientras otros solo iban de jeans
y franelas de colores.
—¿Por
qué todos vienen vestidos así papá?
Sonrío
al escuchar como lo llamaba, le encantaba lograr eso en el pequeño, ya que hace
unos meses atrás al enterarse que sería su nuevo papá, este hizo un enorme
berrinche se escondió en su habitación y duro días sin salir o querer dirigirle
la palabra.
—Porque
el tema de hoy es el carnaval.
El
chico ya no le prestaba atención y se encontraba concentrado en una persona
disfrazada de Batman que comenzó a hacer piruetas y movimientos.
—¿Quieres
comer algo campeón?, mientras llega tu mama con los boletos. Quiero comer una
salchicha cubierta de queso y una manzana con chocolate. Se dirigieron
al puesto de variedades, y pidieron lo que querían comer. Entre risas y bromas
pasaron su tiempo, hasta que José de momento se comenzó a sentir ahogado, para
no preocupar al pequeño le mintió diciendo que iría al baño, aprovechó la
llegada de Jenna su esposa y allí los dejo solos.
Al
entrar al baño, no lo pensó dos veces y se empapo la cara con agua del
lavamanos, se contempló durante unos segundos y comenzó a toser. Una tos seca que dejaba en claro que algo andaba mal,
no podía parar y cuando quiso escupir de su boca salió sangre.
—¿Otra
vez? Hay no, esto no puede ser bueno.
Negó
con la cabeza y se lavó rápido, salió en busca de su esposa e hijo y al verlos
próximos al juego de los espejos sintió un escalofriaos recorrer su espalda.
Algo lo golpeo el volteo de manera rápida, vio a una pequeña castaña junto a
una rubia hablando entre sí.
—No
Kattia, pídele perdón tú; no, no, no yo
no le he empujado.
Frunció
el ceño y la pequeña castaña palideció y dio un rápido —¡Lo siento— y se
marchó. A José le daba vueltas a su cabeza pensando donde le había visto antes
pero no lograba dar con el recuerdo exacto.
Una
brisa fuerte azoto el lugar y noto como las carpas buscaban elevarse, se giró a
buscar al pequeño y lo observo entrar en una carpa morada seguido por su madre.
—Mamá
entremos allí. Señalo a una carpa morada, la mujer lo miro de reojo y al notar
su interés le siguió hasta ella.
Jesús
podía escuchar esa voz en todo el lugar que solo pedía una cosa «ven aquí» le
llamaba a él, y como por arte de magia su cuerpo comenzó a caminar hasta
dentro. El aroma a canela y vinotinto inundo sus fosas nasales, la luz se
volvía escasa y parecía no haber nada por ese pasillo oscuro.
—¿Quieres
saber tu futuro? Preguntó una extraña, gruesa y áspera voz, no pudo evitar que
temblaran sus piernas mientras recorría el lugar hasta un sitio donde se
encontraba una pequeña mesa con algunas velas encendidas.
—¿Hay
alguien aquí? Su voz era débil y casi en susurros soltaba sus palabras.
—¿Quieres
saber tu futuro?
Repitió
la misma voz, el chico de 11 años trago grueso y sintió un frío aterrador
recorrerle el cuerpo.
— SI.
Dijo sin más para salir de esa pregunta, las velas comenzaron a titilar , el
suelo a temblar, la mesa que hasta hace un momento se encontraba frente a él se
elevó tan rápido como bajo dejando a la vista a una mujer de edad con ojos
nublados y una pequeña sonrisa. Jesús soltó un grito a los cuatro vientos al
sentir una mano sobre su hombro, se giró y noto a su madre quien parecía estar
en una especie de trance.
Tu
futuro está lleno de desgracias, soledad y dolor. Solo esa alma te guiara por
el camino correcto, pero conocer a una niña, castaña de tu edad para ser
especifica te costara más que un padre. Y tras esas palabras y una risa
tenebrosa salió y todo el sitio comenzó a temblar y a
moverse, su madre ahogo un grito y lo tomo por los brazos para no perderlo, el
pequeño cerró los ojos y en menos de unos segundos al abrirlos ya se encontraba
fuera del sitio.
—No te
quiero cerca de ninguna chica Jesús.
Su
madre entre lágrimas le abalanzaba de atrás hasta delante mientras el aún tenía
los ojos completamente blancos.
—Jesús
¿qué sucede hijo? Reacciona.
José
ya se encontraba a su lado, el chico volteo a verle directo a la cara y se
empezó a reír de manera burlesca. Su padrastro frunció el ceño y tratando de
averiguar que sucedía con el pequeño quiso entrar a la carpa, la cual al
levantar su cara ya no se encontraba.
—¿Que
sucede aquí?
Se
estaba comenzando a asustar, no parecía nada normal que las carpas hayan
desaparecido junto con todas las personas y juegos, quedando así en un terreno
vacío.
Observo
al final de aquel árbol que se encontraba casi a dos kilómetros del lugar,
topándose con la mirada de una pequeña castaña. Su cabeza dio un pequeño Clic y
comenzó a caminar hasta ella.
—¡Oye!
¡Ey! ¡Niña!
Le
hacía señales con los brazos para que la pequeña le viera, pero está en cambio
salió corriendo a otro lado. La siguió o al menos eso creyó, pero al llegar al
árbol se dio cuenta que apenas era una pequeña planta y que no se encontraba la
niña.
—José
¿qué sucede?
Jenna
tenía a Jesús entre sus brazos cargado, al parecer el niño se había quedado
dormido luego del ataque de risa nada normal que tuvo hace pocos minutos. —Creí
que aquí había una niña y un árbol de mango enorme.— La rubia miro a los lados
y por último a su esposo, estaba comenzando a creer que algo malo pasaba con él ¿quizás el calor?, o tal vez ¿le hizo daño el trozo de pastel que devoro antes
de salir de casa?
—Quiero
irme a casa por favor, estoy cansada y Jesús no se encuentra bien.
Se
dirigió a donde supuso dejo el auto, estaba en lo correcto allí se encontraba
pero con los vidrios llenos de marcas que parecían manos. Trago grueso, tomo
valor y dio la orden para que subieran y así poder llegar a casa pronto.
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