miércoles, 25 de abril de 2018

Ella no es ningún Ángel.


Capítulo 09


Ángel estaba loca, pero dentro de toda su locura había algo de cordura que la volvía un peligro para la sociedad.

—¡Está loca! ¡Te juro que lo está!— Dylan miraba mi actuación con gracia y admiración.

Estaba realmente fascinado con la idea de que mi amiga y yo peleáramos por lo que pasó con Aisha. 

Mentí un poco con respecto a lo sucedido y dije exacto lo que Ángel me había comentado “Aisha murió porque envenené su agua días antes en la cafetería del instituto, mucho antes de su repentina caída que aseguro no es mi culpa”.

Ni mi amiga ni yo queríamos que se supiera la verdad, ella porque necesitaba tiempo para lograr su más anhelado sueño y yo porque había prometido con sangre estar para ella hasta el final.

—Entonces… Ángel está molesta porque le contaste la verdad.— Asentí y continuo – bueno, con sinceridad tiene  toda la razón de estarlo, eres un peligro para la sociedad ese impulso tuyo de odio en su contra por “haberte maltratado durante el colegio” es un tanto… Estúpido.

Mordí mi labio inferior ahogando la verdad en el fondo, él debía creer que todo esto fue venganza por un pasado deteriorado a causa de las burlas y miradas hirientes. Muy contrario a lo que en realidad era, puesto que la muerte de la morena se debía a que se revolcó con mi ahora ex novio en los casilleros del gimnasio.

Pero Ángel me había dicho que debía mantener el perfil bajo y darle un poder inexistente sobre nosotras. Mientras Dylan creyera que me encontraba mal psicológicamente y que la castaña se encontraba en un estado de depresión a causa de mis errores, él y Seth pensarían que tienen el poder de manejarnos a su antojo.

—No es estúpido  —reclamé— Aisha se burló por muchos años de mí, arrojando los cuadernos al excusado o diciendo a las demás que era una vaca gorda que no necesitaba amigas. ¡No la ayudes!

Mi actuación en cierta forma se veía perfecta.

Y de saber que Dylan investigaría se daría cuenta que lo que le comente no era mentira, ya que, antes de pasar desapercibida en el último año de instituto, fui popular junto a mi amiga pero para llegar a ello pasamos por un mal tiempo en el colegio; uno que no duró tanto porque Ángel “se encargó de todo”.

Ahora que lo pensaba de esa manera me daba muy mala espina, es como si ella en serio se hubiera encargado de Aisha y el grupo de niñas tontas que nos atacaban a diario con insultos.

Um, algo hay oculto aquí.

—Tranquila, no tienes que alterarte— dice rodeando el escritorio en donde estuvo sentado.

—¿Cómo no alterarme si no crees nada? –refunfuñé.

La campana de salida sonó y tomé mis cosas para salir del salón de ciencias antes de que el conserje nos encontrara solos allí.

—Luego te diré si te creo… Pero debido a tu naturalidad de “lunática” tendré que investigar por mi cuenta.

Guiñó un ojo y salió dejándome sola.

Saqué el teléfono y marque el número de la castaña, por suerte tenía el mío en privado y quien estuviera con ella no sabría que la llamo.

—¿Hola? –su voz chillona me causo gracia. Era la típica voz que usaba cuando alguien se encontraba cerca así que era mi señal para hablar con disimulo.

—El pajarito ya se fue, hablé todo lo que pude con él. Pero parece no creer nada de nada ¿Qué hago ahora? –susurré en caso de que el mencionado pudiera estar escuchando desde afuera.

—Marceline, querida… —Imitó a los tipos de la televisión con su acento y voz. – Te he dicho que me esperes en casa, de no ser así tendré que ir a hablar con tío Gil a la tienda.

La última mención lo dijo con voz neutral así que ese era el lugar donde nos debíamos ver. Suspiré y tome mi mochila para salir aún con el teléfono pegado a la cara, miré a los lados y al no ver a nadie caminé apresurada.

—Entonces, allí estaré pasada la medianoche… —Otra clave que ella entendió, eso quería decir que a las doce en punto debíamos encontrarnos.

Colgué.

Durante todo el camino a casa sentía la presencia de alguien siguiéndome, giré varias veces por tiendas abarrotadas de personas en caso de que quisieran hacerme daño o secuéstrame y en una de tantas a cuadras de llegar a mi hogar, paré el paso.

Mire mi reflejo en el vidrio que protegía la entrada, no eran solo cosas mías ni estaba enloqueciendo. Si había alguien siguiéndome pero no a pie, sino, en un auto negro que a simple vista se podía reconocer.

Era el auto de un policía. Se detuvo a metros de mí pero lo vi, respiré profundo y agarre con fuerza el mango de mi mochila para llegar a casa rápido, casi que corría de lo aterrada que me encontraba.

Qué horror ya nos habían pillado y ni una semana llevaba Aisha de haber sido enterrada.

Por lógica ni Ángel ni mucho menos yo fuimos a su entierro. Pero por lo que escuché en los pasillos fue uno de esos a los que asistió mucha gente, gran parte del instituto fue a ver.

No más llegar a casa cerré la puerta con llave, mamá no llegaría hasta las cinco de la tarde luego de terminar su jornada de trabajo y apenas eran las once. 

Subí a mi recamara y me encerré. Tomé el teléfono y a una cuenta de correo que Ángel creó solo para nosotras le envié uno, diciendo lo que sucedía alrededor y la razón por la que no iría a nuestro encuentro.

An.Br:

“También está uno frente a mi casa”

Respondió de inmediato.

No quise contestar y en cambio me arroje a la cama tapándome con las sábanas como si ellas se fueran a encargar de protegerme de todo lo que sucedía afuera.
Íbamos a tocar fondo tarde o temprano y temía que fuera más temprano que tarde.

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