Capítulo 09
Ángel estaba loca, pero dentro de toda su locura había algo
de cordura que la volvía un peligro para la sociedad.
—¡Está loca! ¡Te juro que lo está!— Dylan miraba mi
actuación con gracia y admiración.
Estaba realmente fascinado con la idea de que mi amiga y yo
peleáramos por lo que pasó con Aisha.
Mentí un poco con respecto a lo sucedido
y dije exacto lo que Ángel me había comentado “Aisha murió porque envenené su agua días antes en la cafetería del
instituto, mucho antes de su repentina caída que aseguro no es mi culpa”.
Ni mi amiga ni yo queríamos que se supiera la verdad, ella
porque necesitaba tiempo para lograr su más anhelado sueño y yo porque había
prometido con sangre estar para ella hasta el final.
—Entonces… Ángel está molesta porque le contaste la verdad.—
Asentí y continuo – bueno, con sinceridad tiene
toda la razón de estarlo, eres un peligro para la sociedad ese impulso
tuyo de odio en su contra por “haberte maltratado durante el colegio” es un
tanto… Estúpido.
Mordí mi labio
inferior ahogando la verdad en el fondo, él debía creer que todo esto fue
venganza por un pasado deteriorado a causa de las burlas y miradas hirientes.
Muy contrario a lo que en realidad era, puesto que la muerte de la morena se
debía a que se revolcó con mi ahora ex novio en los casilleros del gimnasio.
Pero Ángel me había dicho que debía mantener el perfil bajo
y darle un poder inexistente sobre nosotras. Mientras Dylan creyera que me
encontraba mal psicológicamente y que la castaña se encontraba en un estado de
depresión a causa de mis errores, él y Seth pensarían que tienen el poder de
manejarnos a su antojo.
—No es estúpido —reclamé—
Aisha se burló por muchos años de mí, arrojando los cuadernos al excusado o
diciendo a las demás que era una vaca gorda que no necesitaba amigas. ¡No la
ayudes!
Mi actuación en cierta forma se veía perfecta.
Y de saber que Dylan investigaría se daría cuenta que lo que
le comente no era mentira, ya que, antes de pasar desapercibida en el último
año de instituto, fui popular junto a mi amiga pero para llegar a ello pasamos por
un mal tiempo en el colegio; uno que no duró tanto porque Ángel “se encargó de
todo”.
Ahora que lo pensaba de esa manera me daba muy mala espina,
es como si ella en serio se hubiera encargado de Aisha y el grupo de niñas
tontas que nos atacaban a diario con insultos.
Um, algo hay oculto
aquí.
—Tranquila, no tienes que alterarte— dice rodeando el
escritorio en donde estuvo sentado.
—¿Cómo no alterarme si no crees nada? –refunfuñé.
La campana de salida sonó y tomé mis cosas para salir del
salón de ciencias antes de que el conserje nos encontrara solos allí.
—Luego te diré si te creo… Pero debido a tu naturalidad de
“lunática” tendré que investigar por mi cuenta.
Guiñó un ojo y salió dejándome sola.
Saqué el teléfono y marque el número de la castaña, por
suerte tenía el mío en privado y quien estuviera con ella no sabría que la
llamo.
—¿Hola? –su voz chillona me causo gracia. Era la típica voz
que usaba cuando alguien se encontraba cerca así que era mi señal para hablar
con disimulo.
—El pajarito ya se fue, hablé todo lo que pude con él. Pero
parece no creer nada de nada ¿Qué hago ahora? –susurré en caso de que el
mencionado pudiera estar escuchando desde afuera.
—Marceline, querida… —Imitó a los tipos de la televisión con
su acento y voz. – Te he dicho que me esperes en casa, de no ser así tendré que
ir a hablar con tío Gil a la tienda.
La última mención lo dijo con voz neutral así que ese era el
lugar donde nos debíamos ver. Suspiré y tome mi mochila para salir aún con el
teléfono pegado a la cara, miré a los lados y al no ver a nadie caminé
apresurada.
—Entonces, allí estaré pasada la medianoche… —Otra clave que
ella entendió, eso quería decir que a las doce en punto debíamos encontrarnos.
Colgué.
Durante todo el camino a casa sentía la presencia de alguien
siguiéndome, giré varias veces por tiendas abarrotadas de personas en caso de
que quisieran hacerme daño o secuéstrame y en una de tantas a cuadras de llegar
a mi hogar, paré el paso.
Mire mi reflejo en el vidrio que protegía la entrada, no
eran solo cosas mías ni estaba enloqueciendo. Si había alguien siguiéndome pero
no a pie, sino, en un auto negro que a simple vista se podía reconocer.
Era el auto de un policía. Se detuvo a metros de mí pero lo
vi, respiré profundo y agarre con fuerza el mango de mi mochila para llegar a
casa rápido, casi que corría de lo aterrada que me encontraba.
Qué horror ya nos habían pillado y ni una semana llevaba
Aisha de haber sido enterrada.
Por lógica ni Ángel ni mucho menos yo fuimos a su entierro.
Pero por lo que escuché en los pasillos fue uno de esos a los que asistió mucha
gente, gran parte del instituto fue a ver.
No más llegar a casa cerré la puerta con llave, mamá no llegaría
hasta las cinco de la tarde luego de terminar su jornada de trabajo y apenas
eran las once.
Subí a mi recamara y me encerré. Tomé el teléfono y a una
cuenta de correo que Ángel creó solo para nosotras le envié uno, diciendo lo
que sucedía alrededor y la razón por la que no iría a nuestro encuentro.
An.Br:
“También está uno
frente a mi casa”
Respondió de inmediato.
No quise contestar y en cambio me arroje a la cama tapándome
con las sábanas como si ellas se fueran a encargar de protegerme de todo lo que
sucedía afuera.
Íbamos a tocar fondo tarde o temprano y temía que fuera más
temprano que tarde.
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