miércoles, 25 de abril de 2018

Ella no es ningún Ángel.


Capítulo 10


La belleza que ella tenía opacaba cualquier mal que pudiera presentar en su cabeza.

Un olor asqueroso llegaba a mi nariz mientras dormía, me moví un poco para alejarlo pero ahí seguía hasta que opté por abrir los ojos y mirar como la castaña estaba cubierta de sangre de pies a cabeza, observando sentada en la silla del escritorio.

Me levanté impactada sin nada que decir y ella parecía saber qué efecto causaba en mí.

La habitación se encontraba medio oscura a excepción de esas partes en donde la lámpara que mamá me regaló para mi cumpleaños, iluminaba.

—¿Qué...— no podía siquiera preguntar lo obvio, estaba en un trance del cual costaba salir por sí solo.

Resopló y encendió la luz de la habitación. Luego volvió a tomar asiento y me miró con cansancio en el rostro.

—Me encargué del policía que vigilaba la casa de mamá y papá

Si antes estuve en shock pues en ese momento entre en otro mundo, una paralelo donde mi mejor amiga decía haber matado a un uniformado que nos podía llevar directo a la cárcel.

—Dime que estás bromeando... —Negó y tuve unas inmensas ganas de abofetearla— ¿Por qué?, ¿cuándo? y ¿dónde?

Sonrío pero sin mostrar sus dientes y de su vestido color rosa cubierto de sangre, sacó un cuchillo con lo que parecían pequeños pedazos de carne pegados.

Me levanté y corrí al baño para vomitar, ni siquiera había comido lo suficiente en la mañana y ya mi amiga había logrado que botara lo poco que quedaba dentro del estómago.  

—Qué asco —dijo parada en la puerta.

Tentándome seriamente a golpearla con algo por su total estupidez.

Lavé mi rostro en el lavado y enjuague la boca. Tenía que enfrentarla de una vez por todas antes de que alguien más la viera y llamara a la policía, alguien como mi madre que venía llegando, lo supe porque el garaje sonó cuando se abrió y tocó el claxon del auto.

—¡Maldición! ¡Estás loca! en lo que mamá te vea va a llamar a la comisaría y te irás directo al infierno.

Colocó su dedo índice y medio en el aire, dándome una señal de paz.

— Tranquila, me daré una ducha rápida mientras tú le sacas conversación abajo y luego esconderé el arma donde nadie nunca pueda encontrarla.

Estuve por pegarle un grito cuando mi madre llamó desde la planta baja.

—¡Britt! ¡Traje pizza! ¡Baja!

Sentí que todo daba vueltas alrededor y quise que me tragara la tierra, Ángel tiró de mí y se metió al baño abriendo la ducha y cerrando la puerta con seguro.

Respiro hondo y caminé en dirección a la salida antes de que mi progenitora entrara y encontrara a la lunática castaña dándose una ducha para quitarse la sangre del oficial que cubre su cuerpo.

Entre a la cocina y tome asiento. No tenía hambre, el apetito había desaparecido por completo pero si se lo decía a mamá seguro que empezaba con sus preguntas irritantes que a la final terminan sacando la verdad a flote.

—Yo... —dejó los trozos de pizza sobre el plato, más que causar hambre daban nauseas.

—¡Llegue yo! —comentó con entusiasmo cuando paso por la puerta de la cocina, la mirada de mamá se iluminó por completo.

Siempre era así cuando ella estaba cerca, siempre.

—Qué lindo ¿tendrán pijamada hoy? —indago mamá.

Giré y encontré a Ángel llevando una de mis viejas pijama que solo a ella le quedaba, pero que no podía llevarse nunca porque sus padres se quejaban acerca de la ropa de "otras personas". Usualmente decían que era asqueroso tener que ponerse algún trapo que otra persona había usado en un momento de su vida y yo, no era la excepción para ellos.

—Sí, Britt me invitó ¿no le molesta?— ella fingía muy bien esa sonrisa de niña inocente que capturaba a mamá en todo momento.

—Por supuesto, recuerda que eres como una hija para mí— la abrazó con cariño— puedes quedarte cuanto quieras.

—¡Gracias!

Yo miraba todo desde la esquina en donde yacía muda, ¿cómo era alguien tan linda capaz de asesinar a otros seres vivos?

—Cariño, ¿no vas a comer? 

Repare en que me miraban curiosas cuando ambas empezaban a devorar la comida con entusiasmo mientras aún seguía inmersa en mis más profundos pensamientos.

—Uh, que raro...—comentó mamá.

Di tres bocados a mi pedazo y el otro se lo di a Ángel sin necesidad de que lo pidiera. Ella comía mucho pero siempre pesaba poco, era como una especie de bendición que le había caído al nacer, porque aparte de belleza le dieron un sistema digestivo de los buenos.

—¿Qué te parece raro?—pregunté cuando noté que mi amiga tenía la boca llena y no podía indagar en lo que decía.

—Bueno, es que había un auto policial afuera completamente solo. —Paré de comer pero ella no, siguió como si lo que dijera la adulta en la habitación fuera irrelevante. 

—Quizás...fue a pasear— Excusé pero mamá continuó con la plática.

—Sí, seguro fue a comer. Qué se yo, pero me pareció raro encontrar la radio caída y la puerta sin seguro, —nos miró a ambas— no piensen que iba a robar o algo, fue sólo curiosidad de saber que sucedía.

Ángel soltó una risita tras el comentario que mamá hizo, pero yo no podía tan siquiera hacer una expresión, me era imposible con lo que escuchaba. 

En lo que mamá se descuidó buscando vasos para los jugos que no recordaba había en la nevera, no dudé en mirar con mala cara a mi amiga quien tan solo alzó los hombros, restándole importancia.

Era una especie de monstruo, parecido a las sirenas.

Hermosa pero muy peligrosa.

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