Capítulo 10
La belleza que ella tenía opacaba cualquier mal que pudiera
presentar en su cabeza.
Un olor asqueroso llegaba a mi nariz mientras dormía, me
moví un poco para alejarlo pero ahí seguía hasta que opté por abrir los ojos y
mirar como la castaña estaba cubierta de sangre de pies a cabeza, observando
sentada en la silla del escritorio.
Me levanté impactada sin nada que decir y ella parecía saber
qué efecto causaba en mí.
La habitación se encontraba medio oscura a excepción de esas
partes en donde la lámpara que mamá me regaló para mi cumpleaños, iluminaba.
—¿Qué...— no podía siquiera preguntar lo obvio, estaba en un
trance del cual costaba salir por sí solo.
Resopló y encendió la luz de la habitación. Luego volvió a
tomar asiento y me miró con cansancio en el rostro.
—Me encargué del policía que vigilaba la casa de mamá y papá
Si antes estuve en shock pues en ese momento entre en otro
mundo, una paralelo donde mi mejor amiga decía haber matado a un uniformado que
nos podía llevar directo a la cárcel.
—Dime que estás bromeando... —Negó y tuve unas inmensas
ganas de abofetearla— ¿Por qué?, ¿cuándo? y ¿dónde?
Sonrío pero sin mostrar sus dientes y de su vestido color
rosa cubierto de sangre, sacó un cuchillo con lo que parecían pequeños pedazos
de carne pegados.
Me levanté y corrí al baño para vomitar, ni siquiera había
comido lo suficiente en la mañana y ya mi amiga había logrado que botara lo
poco que quedaba dentro del estómago.
—Qué asco —dijo parada en la puerta.
Tentándome seriamente a golpearla con algo por su total
estupidez.
Lavé mi rostro en el lavado y enjuague la boca. Tenía que
enfrentarla de una vez por todas antes de que alguien más la viera y llamara a
la policía, alguien como mi madre que venía llegando, lo supe porque el garaje
sonó cuando se abrió y tocó el claxon del auto.
—¡Maldición! ¡Estás loca! en lo que mamá te vea va a llamar
a la comisaría y te irás directo al infierno.
Colocó su dedo índice y medio en el aire, dándome una señal
de paz.
— Tranquila, me daré una ducha rápida mientras tú le sacas
conversación abajo y luego esconderé el arma donde nadie nunca pueda
encontrarla.
Estuve por pegarle un grito cuando mi madre llamó desde la
planta baja.
—¡Britt! ¡Traje pizza! ¡Baja!
Sentí que todo daba vueltas alrededor y quise que me tragara
la tierra, Ángel tiró de mí y se metió al baño abriendo la ducha y cerrando la
puerta con seguro.
Respiro hondo y caminé en dirección a la salida antes de que
mi progenitora entrara y encontrara a la lunática castaña dándose una ducha
para quitarse la sangre del oficial que cubre su cuerpo.
Entre a la cocina y tome asiento. No tenía hambre, el
apetito había desaparecido por completo pero si se lo decía a mamá seguro que
empezaba con sus preguntas irritantes que a la final terminan sacando la verdad
a flote.
—Yo... —dejó los trozos de pizza sobre el plato, más que
causar hambre daban nauseas.
—¡Llegue yo! —comentó con entusiasmo cuando paso por la puerta
de la cocina, la mirada de mamá se iluminó por completo.
Siempre era así cuando ella estaba cerca, siempre.
—Qué lindo ¿tendrán pijamada hoy? —indago mamá.
Giré y encontré a Ángel llevando una de mis viejas pijama
que solo a ella le quedaba, pero que no podía llevarse nunca porque sus padres
se quejaban acerca de la ropa de "otras personas". Usualmente decían
que era asqueroso tener que ponerse algún trapo que otra persona había usado en
un momento de su vida y yo, no era la excepción para ellos.
—Sí, Britt me invitó ¿no le molesta?— ella fingía muy bien
esa sonrisa de niña inocente que capturaba a mamá en todo momento.
—Por supuesto, recuerda que eres como una hija para mí— la
abrazó con cariño— puedes quedarte cuanto quieras.
—¡Gracias!
Yo miraba todo desde la esquina en donde yacía muda, ¿cómo
era alguien tan linda capaz de asesinar a otros seres vivos?
—Cariño, ¿no vas a comer?
Repare en que me miraban curiosas cuando ambas empezaban a
devorar la comida con entusiasmo mientras aún seguía inmersa en mis más
profundos pensamientos.
—Uh, que raro...—comentó mamá.
Di tres bocados a mi pedazo y el otro se lo di a Ángel sin
necesidad de que lo pidiera. Ella comía mucho pero siempre pesaba poco, era
como una especie de bendición que le había caído al nacer, porque aparte de
belleza le dieron un sistema digestivo de los buenos.
—¿Qué te parece raro?—pregunté cuando noté que mi amiga
tenía la boca llena y no podía indagar en lo que decía.
—Bueno, es que había un auto policial afuera completamente
solo. —Paré de comer pero ella no, siguió como si lo que dijera la adulta en la
habitación fuera irrelevante.
—Quizás...fue a pasear— Excusé pero mamá continuó con la
plática.
—Sí, seguro fue a comer. Qué se yo, pero me pareció raro
encontrar la radio caída y la puerta sin seguro, —nos miró a ambas— no piensen
que iba a robar o algo, fue sólo curiosidad de saber que sucedía.
Ángel soltó una risita tras el comentario que mamá hizo,
pero yo no podía tan siquiera hacer una expresión, me era imposible con lo que
escuchaba.
En lo que mamá se descuidó buscando vasos para los jugos que
no recordaba había en la nevera, no dudé en mirar con mala cara a mi amiga
quien tan solo alzó los hombros, restándole importancia.
Era una especie de
monstruo, parecido a las sirenas.
Hermosa pero muy peligrosa.
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