sábado, 21 de abril de 2018

S.O.S Alma Rebelde

Capítulo 09


El plan de Helen"


Tomaron una semana para ir de un lado a otro en busca de cámaras y micrófonos, los colocaron en los sitios justos donde se pudiera ver con claridad un ataque del abusivo.
Jesús se preparaba mentalmente para cualquier tipo de maltrato, mientras Helen se quedaba debajo de su cama para presionar el botón de grabar y en caso de peligro tener que salir a ayudarle.
—Muy bien, estoy listo.
Trataba de convencerse a sí mismo de sus palabras y tomaba varias bocanadas de aire para poder mantenerse en calma.
—Me va a matar Helen, lo sé.
Se frotaba las manos mientras no escuchaba respuesta alguna de su amiga, asustado y pensando que su amiga le había abandonado, registro bajo la cama dando cuenta que no vio a nadie se levantó pálido y tragando grueso.
Ahora si me mato Carlos. Las lágrimas salieron de sus ojos sin previo aviso y sintió aquel brazo que se posó en su hombro. Grito con todo lo que pudo y volteo a ver de quien se trataba, Helen su amiga le veía con cara de enojo.
—No seas tan cobarde, solo fui a ver que sucedía abajo. Creo haber escuchado algo, quizás solo fue mi imaginación.
Se volvió a meter bajo la cama y espero a que le diera indicaciones su amigo.
Tardo unos largos minutos esperando a que algo sucediera tanto que se quedó dormida. Cuando estaba por salta sobre las gradas en uno de sueños, escucho un fuerte ruido seguido de un grito algo que la hizo despertar con el corazón exaltado.
Escucho con atención y era lo que temía. Jesús estaba enfrentándose solo a su padrastro.
—Eres una pérdida de tiempo, no entiendo como tu madre te soporta debió abortar cuando pudo.
Un fuerte golpe sobre la cama sintió, seguido de un grito apagado de su amigo. Vio una pierna cerca de la cama y reunió toda la fuerza que tenía para tomarlo y derribarlo.
Jesús observo como el hombre cayó a un lado de su ordenador, alzo una ceja que derramaba sangre y escupió un poco. Observo a Helen salir de donde se escondía, y acercarse a él con una cara que daba mucho miedo.
—A ver si te metes conmigo grandulón. Carlos no la miraba a la cara en cambio tenía su vista fija en su amigo, quien se encontraba en muy mal estado.
—Hijo de..., No pudo terminar la oración cuando ya Helen le había golpeado en la cara, haciendo caer fuera de la habitación. No es extraño para nada por la enorme rabia que poseía, cuando el hombre estaba por levantarse sosteniéndose de las escaleras que conducía a la habitación del agredido; esta le dio una buena patada, logrando que este cayera escalones abajo. Sorprendida al darse cuenta que el padrastro del chico no se movía más comenzó a caminar de un lado al otro.
— ¡Oh Dios! ¿Qué he hecho?
Gritaba fuera de sus cabales, Jesús la tomo por los hombros le hhizo verle directo a la cara,  este es mi problema Helen, tu solo vete yo me encargo de esto.

Asustada asintió y corrió hasta la ventana para saltar de un lado a otro. No pasaron ni 30 minutos cuando ya escuchaba a su madre llamarle asesino y llamando a la policía.
El oficial de nombre Nicolás Tovar, se acercó hasta él para preguntarle unas cuantas cosas, Jesús solo asentía no era capaz de procesar nada de lo ocurrido, él solo quería grabar las cosas que ese hombre le hacía, pero no quería matarle de esa manera.
Sentado a las afueras de la oficina del fiscal, escucho como su madre y los oficiales intercambiaban palabras como hablando de un vídeo y de que  hay una chica metida en todo esto.
Su madre dentro de la oficina no podía creer absolutamente nada de lo que veía grabado.
No podía creer las palabras de su esposo para con su hijo, ni de la manera en que murió.
—Debemos traer a su hijo, él nos debe explicar todo esto mejor.
Asintió sin apartar la mirada de la televisión. Y ¿cómo hacerlo? Si lo que veía era aterrador.
Jesús jugaba con sus manos mientras veía a los lados, le faltaba solo un año para ser mayor de edad y poder ir a una cárcel de alta seguridad donde quizás, no dure ni una semana con vida.
 ¿Jesús? Pasa. Alzo la vista y observo al oficial, trago grueso y se dispuso a pasar a la oficina donde le esperaban.
—¿Qué es esto hijo?
Observo directo a donde su madre señalaba con sus ojos llenos de lágrimas.
            No es un eso mama, es ella: Es Helen.
Su madre enmudeció y trato de no halar sus cabellos en público por la vergüenza que podría pasar. De esta seguro que no se salvaba su hijo al llegar a casa. 
Por la mente del joven solo pasaban dos cosas: estoy en graves problemas con mi madre y con la policía.
Helen no encontraba que hacer o decir, se encontraba encerrada en aquel lugar donde pasaba todas las mañanas como si de un castigo se tratara. Viendo a la nada con sus ojos completamente blancos, sin nada en ellos que dieran señales de que estuviera presente en algún momento. Su mente se encontraba pensando en el tipo de sufrimiento que Jesús estuviese pasando por su culpa. Al darse cuenta que ya su cuerpo iba colina arriba decidió tomar el poco control que tenía y correr para llegar rápido a casa.
Arrojo su mochila como siempre y subió a su habitación, trato de llamar a su amigo pero en la ventana de al lado no se veía rastros de haber estado alguien allí. La casa estaba marcada con unas cuantas cintas amarillas de esas que se ven en las películas donde sucede un crimen. Bajo a paso rápido y husmeo un poco los lados, quiso entrar pero le daba miedo que algún oficial de policía la detuviera, al final su curiosidad pudo más que ella y paso sin mover ninguna de las cintas de seguridad. Camino por la casa en busca de alguien o algo que le llamara la atención pero no dio con nada o al menos eso creyó.
Vio un pequeño destello en la cocina y se acercó para observar una hermosa rosa de cristal, estuvo a pocos pasos de tocarla cuando algo la empujo e hhizo que chocara con el piso.
Se levantó enojada pensando que Jesús le estaba gastando alguna broma.
            ¿Qué te pasa tarado? Grito y palideció de inmediato al ver a aquel hombre con una mirada perversa.
—¿Qué sucede mocosa? ¿Te comió la lengua un gato?
Helen negó efusivamente por la sorpresa y trato de correr hasta la puerta para huir de allí, pero como si de un súper héroe se tratara ya Carlos se encontraba esperándole en la puerta.
—¿Cómo hiciste eso? Se le notaba aterrada, jamás en su vida había visto algo igual y eso lograba erizar su la piel.
—Oh pequeña, me debes una grande. Soltó una fuerte carcajada que resonó por toda la casa e hizo que varios pájaros que habían por allí se fueran volando del terror. Hasta la vecina Carmen escuchaba pero solo se inmutaba a quedarse callada en su silla.

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