Capítulo 09
“El plan de Helen"
Tomaron
una semana para ir de un lado a otro en busca de cámaras y micrófonos, los
colocaron en los sitios justos donde se pudiera ver con claridad un ataque del
abusivo.
Jesús
se preparaba mentalmente para cualquier tipo de maltrato, mientras Helen se
quedaba debajo de su cama para presionar el botón de grabar y en caso de
peligro tener que salir a ayudarle.
—Muy
bien, estoy listo.
Trataba
de convencerse a sí mismo de sus palabras y tomaba varias bocanadas de aire
para poder mantenerse en calma.
—Me va
a matar Helen, lo sé.
Se
frotaba las manos mientras no escuchaba respuesta alguna de su amiga, asustado
y pensando que su amiga le había abandonado, registro bajo la cama dando cuenta
que no vio a nadie se levantó pálido y tragando grueso.
Ahora
si me mato Carlos. Las lágrimas salieron de sus ojos sin previo aviso y sintió
aquel brazo que se posó en su hombro. Grito con todo lo que pudo y volteo a ver
de quien se trataba, Helen su amiga le veía con cara de enojo.
—No
seas tan cobarde, solo fui a ver que sucedía abajo. Creo haber escuchado algo,
quizás solo fue mi imaginación.
Se
volvió a meter bajo la cama y espero a que le diera indicaciones su amigo.
Tardo
unos largos minutos esperando a que algo sucediera tanto que se quedó dormida.
Cuando estaba por salta sobre las gradas en uno de sueños, escucho un fuerte
ruido seguido de un grito algo que la hizo despertar con el corazón exaltado.
Escucho
con atención y era lo que temía. Jesús estaba enfrentándose solo a su
padrastro.
—Eres
una pérdida de tiempo, no entiendo como tu madre te soporta debió abortar
cuando pudo.
Un
fuerte golpe sobre la cama sintió, seguido de un grito apagado de su amigo. Vio
una pierna cerca de la cama y reunió toda la fuerza que tenía para tomarlo y
derribarlo.
Jesús
observo como el hombre cayó a un lado de su ordenador, alzo una ceja que
derramaba sangre y escupió un poco. Observo a Helen salir de donde se escondía,
y acercarse a él con una cara que daba mucho miedo.
—A ver
si te metes conmigo grandulón. Carlos no la miraba a la cara en cambio tenía su
vista fija en su amigo, quien se encontraba en muy mal estado.
—Hijo
de..., No pudo terminar la oración cuando ya Helen le había golpeado en la
cara, haciendo caer fuera de la habitación. No es extraño para nada por la
enorme rabia que poseía, cuando el hombre estaba por levantarse sosteniéndose
de las escaleras que conducía a la habitación del agredido; esta le dio una
buena patada, logrando que este cayera escalones abajo. Sorprendida al darse
cuenta que el padrastro del chico no se movía más comenzó a caminar de un lado
al otro.
— ¡Oh Dios!
¿Qué he hecho?
Gritaba
fuera de sus cabales, Jesús la tomo por los hombros le hhizo verle directo a la
cara, este es mi problema Helen, tu solo
vete yo me encargo de esto.
Asustada
asintió y corrió hasta la ventana para saltar de un lado a otro. No pasaron ni
30 minutos cuando ya escuchaba a su madre llamarle asesino y llamando a la
policía.
El
oficial de nombre Nicolás Tovar, se acercó hasta él para preguntarle unas
cuantas cosas, Jesús solo asentía no era capaz de procesar nada de lo ocurrido,
él solo quería grabar las cosas que ese hombre le hacía, pero no quería matarle
de esa manera.
Sentado
a las afueras de la oficina del fiscal, escucho como su madre y los oficiales
intercambiaban palabras como hablando de un vídeo y de que hay una chica metida en todo esto.
Su
madre dentro de la oficina no podía creer absolutamente nada de lo que veía
grabado.
No
podía creer las palabras de su esposo para con su hijo, ni de la manera en que
murió.
—Debemos
traer a su hijo, él nos debe explicar todo esto mejor.
Asintió
sin apartar la mirada de la televisión. Y ¿cómo hacerlo? Si lo que veía era
aterrador.
Jesús
jugaba con sus manos mientras veía a los lados, le faltaba solo un año para ser
mayor de edad y poder ir a una cárcel de alta seguridad donde quizás, no dure
ni una semana con vida.
—¿Jesús?
Pasa. Alzo la vista y observo al oficial, trago grueso y se dispuso a pasar a
la oficina donde le esperaban.
—¿Qué
es esto hijo?
Observo
directo a donde su madre señalaba con sus ojos llenos de lágrimas.
—No es un eso
mama, es ella: Es Helen.
Su
madre enmudeció y trato de no halar sus cabellos en público por la vergüenza
que podría pasar. De esta seguro que no se salvaba su hijo al llegar a
casa.
Por la
mente del joven solo pasaban dos cosas: estoy en graves problemas con mi madre
y con la policía.
Helen
no encontraba que hacer o decir, se encontraba encerrada en aquel lugar donde
pasaba todas las mañanas como si de un castigo se tratara. Viendo a la nada con
sus ojos completamente blancos, sin nada en ellos que dieran señales de que
estuviera presente en algún momento. Su mente se encontraba pensando en el tipo
de sufrimiento que Jesús estuviese pasando por su culpa. Al darse cuenta que ya
su cuerpo iba colina arriba decidió tomar el poco control que tenía y correr
para llegar rápido a casa.
Arrojo
su mochila como siempre y subió a su habitación, trato de llamar a su amigo
pero en la ventana de al lado no se veía rastros de haber estado alguien allí.
La casa estaba marcada con unas cuantas cintas amarillas de esas que se ven en
las películas donde sucede un crimen. Bajo a paso rápido y husmeo un poco los
lados, quiso entrar pero le daba miedo que algún oficial de policía la
detuviera, al final su curiosidad pudo más que ella y paso sin mover ninguna de
las cintas de seguridad. Camino por la casa en busca de alguien o algo que le
llamara la atención pero no dio con nada o al menos eso creyó.
Vio un
pequeño destello en la cocina y se acercó para observar una hermosa rosa de
cristal, estuvo a pocos pasos de tocarla cuando algo la empujo e hhizo que
chocara con el piso.
Se levantó
enojada pensando que Jesús le estaba gastando alguna broma.
—¿Qué te pasa
tarado? Grito y palideció de inmediato al ver a aquel hombre con una mirada
perversa.
—¿Qué
sucede mocosa? ¿Te comió la lengua un gato?
Helen
negó efusivamente por la sorpresa y trato de correr hasta la puerta para huir
de allí, pero como si de un súper héroe se tratara ya Carlos se encontraba
esperándole en la puerta.
—¿Cómo
hiciste eso? Se le notaba aterrada, jamás en su vida había visto algo igual y
eso lograba erizar su la piel.
—Oh
pequeña, me debes una grande. —Soltó
una fuerte carcajada que resonó por toda la casa e hizo que varios pájaros que
habían por allí se fueran volando del terror. Hasta la vecina Carmen escuchaba
pero solo se inmutaba a quedarse callada en su silla.
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