Capítulo 10
"Es un
demonio"
—¿Cómo
puedes estar vivo?, no respirabas más cuando caíste por las escaleras. —Esas palabras
lograron enfurecer aún más a aquella persona de cabellos blancos con tonos
grises, los ojos de Helen se expandieron al darse cuenta de lo que seguía.
Corrió por toda la casa y grito tan fuerte buscando una manera de salir del
sitio al que por su propia cuenta había decidido entrar.
—No
huyas mujerzuela, tenemos varias cuentas que arreglar.
Los
vidrios de la casa estallaron en mil fragmentos, las cosas volaban de un lugar
a otro y se escuchan voces aterradoras desde todas partes.
—¡No,
aléjese de mí! Usted es solo un sueño.
Helen
no podía creerlo ese hombre estaba casi a 7 centímetros del suelo, no tocaba
nada y aun así lo hacía estrellar o romper sin problema alguno.
La
castaña se escondió bajo la mesa de cocina esperando su final, y cuando Carlos
estuvo a punto de hacer volar los cuchillos hasta ella se quedó paralizada en
su lugar.
—Chu
Chu, ¡Fuera! ¡Fuera!
Ambos
vieron como la mujer de cabellos blancos entro por la puerta con un bastón y
una Biblia.
—¡Ya
no eres bien recibido aquí! ¡Te ordeno que te vayas!
Helen
comenzó a creer que después de todo, los rumores sobre la señora Carmen quizás
si eran ciertos: ¿quién anda por allí hablando sola? Y para colmo ¿quién se mete en una pelea donde un hombre
vuela y arroja cosas con el poder de su mente?
—Sé
que estas allí Carlos, pero ya usted se debe ir, debe abandonar el mundo de los
vivos. No sea más un alma rebelde, retírese.
Y como
por arte de magia, cuando Helen volteo para ver al hombre, noto que este se fue
desfigurando de una extraña manera así como desintegrándose. Partículas de sus
ojos, frente, nariz, en conclusión todo rostro y cuerpo se desprendían como
halados hacia arriba con una súper aspiradora desintegradora de personas; hasta
desaparecer.
—¡Jovencita!,
joven salga ya, este no es su hogar. Ese hombre puede volver en cualquier
momento, debemos irnos.
La
chica hizo lo que se le pidió y salió corriendo de donde se encontraba oculta,
mientras miraba a los lados. Carmen le dio una sonrisa que le brindo un poco de
seguridad y la guío hasta las afueras.
—No
debes entrar a sitios donde no te han permitido pequeña.
La
castaña se sintió avergonzada por que fue sorprendida mientras cometía uno de
sus delitos: entro a propiedad privada sin permiso.
—Lo
siento, no volverá a ocurrir. ¿Tiene usted un teléfono Que me pueda prestar?
La
mujer de edad asintió y por primera vez la dejo entrar a su casa.
—¿Llamaras
a tus padres? sí, me gustaría escuchar la voz de mi mama luego de ese enorme
susto que me he llevado.
Carmen
marco el numero como si lo hiciese muy a menudo y espero uno, dos, tres
repiques para escuchar la voz de una mujer que está por llegar a sus 50 años.
—¿Alo?
¿Alo?
Le
tendió el teléfono a Helen y la dejo a solas para que conversara con su madre.
—Me
hacen mucha falta, espero que vuelvan pronto a casa y me traigan muchos
regalos, también que castiguen a Roberth por llevarse toda mi ropa y dejarme
usando la misma de siempre. Respiro profundo y aguanto unas cuantas lágrimas.
Esperando una respuesta duro al menos 8 minutos en obtenerla.
—Déjate
de tonterías y no me llames más, estamos ocupados en cosas serias ¡Adiós!
Escucho
el típico sonido de cuando cuelgan el teléfono del otro lado y mantuvo su boca
abierta por un buen rato.
—Pero
¿a estos que les pico? ¿Cómo pueden tratar a su única hija así? Pues ya verán
cuando vuelvan, de verdad no entiendo nada.
Salió
echa una fiera, le dio las gracias a la buena mujer que le prestó el Teléfono y
se despidió. Llegando a su casa se puso cómoda en el sofá, encendió la
televisión y noto que el cable estaba cortado.
—¡Genial,
para colmo cortan el cable!
No
tenía nada con que entretenerse mientras a Jesús apareciera.
—¿Qué
haré ahora?, quizás de una vuelta por el vecindario.
Salió
a dar un paseo por cada lado, pero cada vez que tomaba una ruta diferente a la
calle, volvía a la puerta de su casa.
Con los nervios a mil por estar viviendo esa escena de película
escalofriante, prefirió encerrarse en casa donde según ella era más seguro. Se
enrollo en las sabanas de su cama, como lo hacía desde niña creyendo que estas
eran un escudo para los monstruos malvados y dejo solo un pequeño espacio por
donde podía ver hasta la ventana, esperando que su gran amigo llegara.
—¿Qué
estar haciendo Jesús?, espero no esté en problemas. Parecía una niña pequeña
recién regañada, meciéndose de adelante hasta atrás para matar el tiempo.
Cuando menos le esperaba, ya se encontraba sumergida en una de esas extrañas
pesadillas.
“Roberth dame algo de chocolate, mama lo compro para
ambos; no quiero darte, me lo comeré todo y tú no tendrás nada.
Una
mujer de melena rubia y ojos verde se encontraba en la parte delante junto a su
marido de piel morena y ojos cafés.
Ya no
peleen o los bajare por aquí. Dijo la rubia entre risas.
La
pelea entre ambos se tornó más seria, el chico luchaba por no soltar el dulce y
la chica por arrancarla de sus manos. De momento la ella golpeo al conductor en
la cara, logrando así que él perdiera el control del vehículo.
Dieron
varias vueltas por el descontrol del auto, vieron unas cuantas luces a través
de las ventanillas, luego todo a su alrededor
quedo oscuro”.
Helen
se despertó asustada, ya no sabía que pasaba se dirigió al baño y se empapo la
cara de agua.
—Pero
¿qué son estos sueños tan extraños que tengo? Se preguntó a sí misma mientras
se observaba, estaba pálida y con los ojos rojizos.
—Debo
dejar lo que sea que esté haciendo, porque me volveré loca. Se volvió a su cama,
vio un pequeño resplandor desde el ventanal de su amigo, se acercó un momento a
ver si era él de quien se trataba, pero no logro ver nada. Bufo, y se acostó
nuevamente, esta vez dejándose caer en los brazos de Morfeo.
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