jueves, 5 de abril de 2018

Mi Querida Elza


Capítulo 05

“No más, abre tus ojos.”

Elías.


Elza está sentada dentro de la sala de estar con Jack frente a ella, Amy a un lado, Carlos pegado a la puerta y yo bebiendo de mi taza de café recostado en la pared a un lado de la pequeña nevera.

¿Quién diría que Elza Rondón gustaba de Jack?, porqué sí, debe de ser eso. Se enteró de que su amor platónico tiene pareja y es probable que jamás se fijara en ella, entonces por culpa de eso tuvo ese ataque de pánico que logró su desmayo hace treinta minutos atrás.

Soy el mejor deduciendo, por algo siempre fui el primero en la clase de psicología.

La mirada llena de rabia está sobre Jack, así que debe ser el que le gusta de lleno, porqué a Carlos ni ha volteado a verlo.

—Pudiste haber callado y no hacer esas estúpidas preguntas —vocifera con ganas de asesinarlo.

Nuestro colega hace lo posible por no parecer intimidado, pero hasta donde estoy puedo oler la zurrada imaginaria que se ha echado, si lo hubiéramos dejado solo con ella estoy seguro de que ya estaría crucificado con un cartel guindado a sus genitales diciendo algo como:

“No le hice caso a Elza, así que decidió darme una mejor vida en el más allá. "

Me río por lo bajo imaginando la escena de ella gritando a los cuatro viento que fue el mejor hombre de su vida, en un tono dramático ganándome la mirada confusa de todos.

— ¿Qué?— coloco mi mejor expresión seria y Amy chasquea la lengua.

—Loco...—finge que mata una mosca dando un aplauso a la nada, la gótica ríe y todos nos helamos en nuestros puestos.

No sé si sea mi imaginación o no pero... Se escuchó como la risa de un ángel en el cuerpo de un demonio, hasta linda podría llegar a ser sino fuera de la temida Elza Rondón. 

El silencio en que la pequeña habitación se ha quedado parece incomodarla, porque de momento empieza a moverse como si tuviera comezón por todo su cuerpo, no quiero ser tan malo a pesar de que debería por su actitud de mierda conmigo pero... No sé, no quiero que se sienta tan mal por ser descubierta por su amor platónico.

— ¡Bien!, ya hablaron así que es hora de volver al trabajo. 

Sueno entusiasta, me doy miedo de tan solo pensar que parezco una morsa alegre chocando las palmas pero todo sea por hacer un bien a este mundo. Digo, porque si las cosas se ponen feas estoy muy seguro de que la bruja negra lanzará una maldición de miles de años sobre las personas a su alrededor o al menos eso decían muchos en la Universidad.

En realidad, yo nunca vi que hiciera algo parecido.

Los primeros años cursando clases la conocí o al menos la observaba desde lo lejos. Era una chica que sí en su momento vestía de negro, poco, pero vestía. Eso no era lo que llamaba la atención de todos, sino, su brillante genio; su manera de resaltar por sobre todos con esa capacidad de retener información al instante, la forma en que silenciaba a los demás con pocas palabras y precisas.

Era única en su estilo. Resaltaba a pesar de que no quería. Y era odiada y temida.

La odiaban por ser la favorita, la temían por patear culos sin importarle si fueran hombres o mujeres, ella los detenía por igual y los hacía callar.

Al menos así fue hasta que obtuvo el título y se corrió un rumor por todos lados, uno que no tuve tiempo de escuchar por estar pendiente del hermoso delantero de Claudia, la hija mayor del profesor de biología.

Um, que delicioso recuerdo.

La mejor bienvenida al mundo laboral que pude tener, no creo que alguien más tuvo ese placer de servirse a una ex compañera prohibida sobre el sofá del director regional de Medicina, en su despacho.

— ¿Por qué te estás riendo solo?— Abrí los ojos quedando como un desquiciado frente a la chica de cabello negro, la cual me miraba con una ceja alzada y sonrisa burlesca. —Ya todos se fueron a culminar sus revisiones, van a ser las seis de la mañana y supongo tú también tienes cosas que hacer... 

Deberías dejar de reproducir en tu loca mentecita tanta porno y mover el culo hasta donde están los pacientes.

Miro por sobre ella en busca de los demás pero al parecer es justo como dijo, se han marchado dejándonos solos. Incluso la enfermera de turno se ha ido sin despedirse, pero no es para menos ya está por terminar nuestra guardia y lo que menos se quiere es dejar las cosas a medias para que, los que vienen a tomar su guardia se quejen de nuestro mal trabajo con los directores.

Rodeo a la chica que bebe café con tranquilidad y salgo. Dejo escapar el aire de mis pulmones, esta ha sido la velada más extraña de mi vida, no pensé que me haría una persona un tanto cercana a la bruja negra, mucho menos que trataría de sacarla de un aprieto sabiendo el tipo de persona que es.

Doy dos pasos y sin querer tropiezo con un paciente. Me mira atento, en espera de que diga algo pero simplemente no puedo, ver a un niño tan pequeño con la boca cubierta, cabeza calva y piel pálida me arruga el corazón.

— ¿Qué haces por aquí, amiguito?— Digo, colocándome a su altura al agacharme un poco, el pequeño mira por sobre mí y me volteo para ver lo que iluminó sus ojos entonces nuestras miradas chocan y ella me hace a un lado, cargando al niño entre sus brazos.

—Hola, Bastian. ¿Tuviste otra pesadilla?— El pequeño asiente, sus ojos cafés se ven angustiados y los negros de ella se llenan de ternura. Acaricia la cabeza de Bastian y me mira haciendo puchero.

—Lo llevaré con su mamá, por favor revisa las habitaciones siete y veinte les tocan algunos medicamentos están especificados en sus tablillas. — Asiento sin comprender por qué le hago caso y saldo en la dirección que ha mencionado sin rechistar. Elza podrá ser malvada, pero cuando quiere se puede volver alguien dulce y tolerable.

Me detengo en seco a mitad del pasillo tratando de entender lo que surco por mi cabeza. ¿Qué carajos pensé?, Elza jamás dejaría de ser malvada, ella está loca y punto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

No todos...

No todos ven la vida de la misma manera.

Populares