Capítulo
04
"Puede haber un quizás o un tal vez"
Elza.
Sus pestañas largas caen como una manta negra sobre
sus ojos verdes, sus cejas las cuales casi siempre las lleva fruncidas cuando
me ve, hoy están relajadas en su totalidad. El cabello castaño tiene mechones
de color amarillo, se ve cobrizo cuando se le tiene muy cerca, justo como lo
tengo ahora. Su nariz perfilada y los labios rosa pálido que mueve cada que
tiene una pesadilla o al menos eso parece, lo hacen lucir atractivo.
No voy a Mentirme, el puto es muy guapo.
Lo único malo, es que es un descerebrado en cuanto a
mujeres... Temo por que vea una escoba con falda y corra como perro moviendo la
cola tras ella, pobre escoba siento lástima y eso que solo está en mi
imaginación.
Se mueve un poco y me causa cosquillas, está
recostado sobre mi vientre completamente relajado se ve muy claro que no está
aún acostumbrado a largas horas de trabajo, en mi caso es muy diferente porque
tenía que trabajar en clubes nocturnos como mesera para sustentar los gatos de
la universidad y a pesar de pasar horas de un lado a otro llevando tragos y
recibiendo pedidos, al final debía llegar a casa y estudiar para el día
siguiente, durmiendo por lo menos dos horas.
—Que bebe más tierno...— Aprieto sus cachetes
haciendo que sus labios se muevan sin oponer resistencia, me río por los
ronquidos que emite y aprovecho que la batería de mi teléfono está en un 50%
para tomar una foto del momento.
Estoy muy segura que me servirá en un futuro para
chantajear un poco al castaño. Tomo la taza de café que se volvió tibio por
tanta espera, lo degusto con una gran felicidad ya que se podría decir que mi
bebida favorita es esta, me doy todo el tiempo del mundo para dejar que baje
por la garganta y repose en el estómago.
El sonido de una canción me sobresalta.
Ya no sé qué hacer No sé con cual quedarme
Todas saben en la cama maltratarme Me tienen bien, de sexo me tienen bien.
La cara de Elías se vuelve un poema al apenas abrir
sus ojos y fijar la mirada en mi rostro, se volvió pálido y murmura cosas sin
sentido mientras se arregla en la silla quitando la cabeza de mi vientre e
incorporándose.
— ¿Que...—Deja sus palabras al aire cuando el
molesto sonido vuelve y gruño, saca el teléfono del bolsillo y lo apaga.—Es la
alarma, ya sabes, para recordar que sigo aquí.
—Que linda canción —comentó de manera áspera.
Odio ese tipo de canciones donde denigran a las
personas, sean hombres o mujeres merecemos respeto de igual forma, pero no me
sorprende en absoluto que el niño de mami y papi que pasa su vida desechando
esperma en cualquier vagina la tenga.
—¿Qué?, no se está metiendo contigo ni nada por el
estilo —responde, revisa su teléfono y se pone en pie.— Iré a hacer mi trabajo
y como pago por...— hace un referencia a lo de hace unos minutos con sus manos
y sus mejillas se tiñen de rojo —Yo te cubro, duerme un poco.
Da grandes zancadas hasta salir de la pequeña sala
de descanso, dejándome sola o al menos por segundos porque luego de pestañear
por la extrañes de su comportamiento, entran Jack y Carlos muy divertidos por
quien sabe qué cosas. No sé si será parte de mi imaginación o no, pero
últimamente la están pasando mucho tiempo juntos.
—Te juro que va a encantarte en cuanto...—El moreno
se queda callado de inmediato y le da una mirada de advertencia a su compañero,
quien al verme une los labios hasta quedar en una perfecta línea recta.
—Rondón. —saluda Carlos tomando asiento.
—Imbéciles. —Respondo y sus gestos se contraen
molestos.
— ¿Por qué eres así?, bueno mejor dicho ¿Por qué nos
tratas así a nosotros mientras a Elías lo tratas como un igual?— Indaga Jack
colocando ambas manos sobre la mesa frustrado y de inmediato crean dudas en mí.
¿Por qué ellos?, ¿por qué no al que anda de mujer en
mujer?, ¿Que tienen este par que me hacen enojar de tan solo tenerlos cerca?...
¿Serán sus bromas de mal gusto o sus estúpidas apuestas?. No, no lo creo, ellos
tienen ese algo que con tan solo tenerlos a metros de distancia sacan lo peor
de mí.
—Ni idea, quizás sea la cara de estúpidos que
siempre llevan. — Doy un largo trago a mi café hasta terminarlo, ponerme en pie
y dejarlos como una parejita feliz.
El rechinido de las botas que hacen cuando me
detengo en seco frente a la sala de descanso de las enfermeras llaman la
atención de Amy, quien se encuentra comiendo una dona glaseada.
—Tiene que ser una jodida broma— frotó mis manos en
los jeans negros y la mirada verde de aquel hombre que viene con la cara llena
de preocupación se fija en mí.
—Elza ¿Te sientes bien?— Elías se para a una
distancia prudente, midiendo cada acción en caso de tener que huir por su vida.
— ¿Elza, querida?— Amy coloca una mano sobre mi
frente tomando la temperatura y frunciendo el ceño— estás fría, pareces una
paleta helada.
Los recuerdos vuelven a mí, como una ola salvaje en
las costas bajo tormenta.
Una Elza abriendo la puerta, quedando
hecha trizas frente a la escena.
Su excusa barata de: No es lo que
parece, amor. Mientras dejaba de dar besos regados en su torso desnudo.
Y mi respuesta hastiada de: No, que
va... Solo le das respiración a su cuerpo entero.
Las miradas burlescas de las personas de
la comunidad.
Las carcajadas de sus familiares, las
palabras denigrantes de sus padres diciendo que nunca fui lo
suficiente para él
y el constante murmullo a mis espaldas de sus amigos diciendo que estaba
atravesada en una relación que no tenía idea de que existía.
Meses, a solo meses de nuestra boda.
De no haber llegado en ese momento,
estaría casada con una imagen prefabricada.
— Elza, tienes un ataque de pánico. Necesitas
calmarte o te puedes desmayar en cualquier momento — Elías coloca ambas
manos sobre mis hombros en un vano intento por traerme de vuelta completa.
Pero lo único que soy capaz de decir es una ridícula
frase.
— ¿Qué posibilidad hay de que esos dos sean
pareja? — La mirada incrédula de mi amiga y la confusa de Elías se
desvanecen al ver salir de la sala de descanso a Jack y Carlos, riendo felices.
— Ay, mierda — murmuró el castaño
molesto.
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