jueves, 5 de abril de 2018

Mi Querida Elza


Capítulo 04

"Puede haber un quizás o un tal vez"
Elza.

Sus pestañas largas caen como una manta negra sobre sus ojos verdes, sus cejas las cuales casi siempre las lleva fruncidas cuando me ve, hoy están relajadas en su totalidad. El cabello castaño tiene mechones de color amarillo, se ve cobrizo cuando se le tiene muy cerca, justo como lo tengo ahora. Su nariz perfilada y los labios rosa pálido que mueve cada que tiene una pesadilla o al menos eso parece, lo hacen lucir atractivo.

No voy a Mentirme, el puto es muy guapo.

Lo único malo, es que es un descerebrado en cuanto a mujeres... Temo por que vea una escoba con falda y corra como perro moviendo la cola tras ella, pobre escoba siento lástima y eso que solo está en mi imaginación.

Se mueve un poco y me causa cosquillas, está recostado sobre mi vientre completamente relajado se ve muy claro que no está aún acostumbrado a largas horas de trabajo, en mi caso es muy diferente porque tenía que trabajar en clubes nocturnos como mesera para sustentar los gatos de la universidad y a pesar de pasar horas de un lado a otro llevando tragos y recibiendo pedidos, al final debía llegar a casa y estudiar para el día siguiente, durmiendo por lo menos dos horas.

—Que bebe más tierno...— Aprieto sus cachetes haciendo que sus labios se muevan sin oponer resistencia, me río por los ronquidos que emite y aprovecho que la batería de mi teléfono está en un 50% para tomar una foto del momento.

Estoy muy segura que me servirá en un futuro para chantajear un poco al castaño. Tomo la taza de café que se volvió tibio por tanta espera, lo degusto con una gran felicidad ya que se podría decir que mi bebida favorita es esta, me doy todo el tiempo del mundo para dejar que baje por la garganta y repose en el estómago.

El sonido de una canción me sobresalta.

Ya no sé qué hacer No sé con cual quedarme Todas saben en la cama maltratarme Me tienen bien, de sexo me tienen bien.

La cara de Elías se vuelve un poema al apenas abrir sus ojos y fijar la mirada en mi rostro, se volvió pálido y murmura cosas sin sentido mientras se arregla en la silla quitando la cabeza de mi vientre e incorporándose.

— ¿Que...—Deja sus palabras al aire cuando el molesto sonido vuelve y gruño, saca el teléfono del bolsillo y lo apaga.—Es la alarma, ya sabes, para recordar que sigo aquí.

—Que linda canción —comentó de manera áspera.
Odio ese tipo de canciones donde denigran a las personas, sean hombres o mujeres merecemos respeto de igual forma, pero no me sorprende en absoluto que el niño de mami y papi que pasa su vida desechando esperma en cualquier vagina la tenga.

—¿Qué?, no se está metiendo contigo ni nada por el estilo —responde, revisa su teléfono y se pone en pie.— Iré a hacer mi trabajo y como pago por...— hace un referencia a lo de hace unos minutos con sus manos y sus mejillas se tiñen de rojo —Yo te cubro, duerme un poco.

Da grandes zancadas hasta salir de la pequeña sala de descanso, dejándome sola o al menos por segundos porque luego de pestañear por la extrañes de su comportamiento, entran Jack y Carlos muy divertidos por quien sabe qué cosas. No sé si será parte de mi imaginación o no, pero últimamente la están pasando mucho tiempo juntos.

—Te juro que va a encantarte en cuanto...—El moreno se queda callado de inmediato y le da una mirada de advertencia a su compañero, quien al verme une los labios hasta quedar en una perfecta línea recta.

—Rondón. —saluda Carlos tomando asiento.

—Imbéciles. —Respondo y sus gestos se contraen molestos.

— ¿Por qué eres así?, bueno mejor dicho ¿Por qué nos tratas así a nosotros mientras a Elías lo tratas como un igual?— Indaga Jack colocando ambas manos sobre la mesa frustrado y de inmediato crean dudas en mí.

¿Por qué ellos?, ¿por qué no al que anda de mujer en mujer?, ¿Que tienen este par que me hacen enojar de tan solo tenerlos cerca?... ¿Serán sus bromas de mal gusto o sus estúpidas apuestas?. No, no lo creo, ellos tienen ese algo que con tan solo tenerlos a metros de distancia sacan lo peor de mí.

—Ni idea, quizás sea la cara de estúpidos que siempre llevan. — Doy un largo trago a mi café hasta terminarlo, ponerme en pie y dejarlos como una parejita feliz.

El rechinido de las botas que hacen cuando me detengo en seco frente a la sala de descanso de las enfermeras llaman la atención de Amy, quien se encuentra comiendo una dona glaseada.

—Tiene que ser una jodida broma— frotó mis manos en los jeans negros y la mirada verde de aquel hombre que viene con la cara llena de preocupación se fija en mí.

—Elza ¿Te sientes bien?— Elías se para a una distancia prudente, midiendo cada acción en caso de tener que huir por su vida.

— ¿Elza, querida?— Amy coloca una mano sobre mi frente tomando la temperatura y frunciendo el ceño— estás fría, pareces una paleta helada.

Los recuerdos vuelven a mí, como una ola salvaje en las costas bajo tormenta.  

Una Elza abriendo la puerta, quedando hecha trizas frente a la escena. 

Su excusa barata de: No es lo que parece, amor. Mientras dejaba de dar besos regados en su torso desnudo. 

Y mi respuesta hastiada de: No, que va... Solo le das respiración a su cuerpo entero.

Las miradas burlescas de las personas de la comunidad. 

Las carcajadas de sus familiares, las palabras denigrantes de sus padres diciendo que nunca fui lo 
suficiente para él y el constante murmullo a mis espaldas de sus amigos diciendo que estaba 
atravesada en una relación que no tenía idea de que existía.

Meses, a solo meses de nuestra boda.

De no haber llegado en ese momento, estaría casada con una imagen prefabricada.

— Elza, tienes un ataque de pánico.  Necesitas calmarte o te puedes desmayar en cualquier momento — Elías coloca ambas manos sobre mis hombros en un vano intento por traerme de vuelta completa.

Pero lo único que soy capaz de decir es una ridícula frase. 

— ¿Qué posibilidad hay de que esos dos sean pareja? — La mirada incrédula de mi amiga y la confusa de Elías se desvanecen al ver salir de la sala de descanso a Jack y Carlos, riendo felices.

— Ay, mierda —  murmuró el castaño molesto.

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