miércoles, 18 de abril de 2018

MENTIRAS. Siempre fuiste tu.

Capítulo 12



La tarde estaba calurosa y las ganas de orinar me mataban. Ya la vejiga me dolía y no paraba de mover el pie izquierdo de adelante hacia atrás, el auto aún seguía en marcha y quería llegar lo más rápido posible pero nada... Cada que preguntaba si faltaba poco, papá decía que hiciera silencio y mamá le gritaba por responder brusco a una pequeña de seis años.

No los culpaba de exasperarse conmigo, siempre fui así, una completa molestia.

Nos detuvimos en una tienda de esas que están ubicadas a mitad de la nada y entonces papá ordenó que fuera al baño quien tuviera ganas. Obviamente lo decía por mí, porque Verónica hace más de media hora que lleva dormida con la boca abierta y el cuello torcido sobre el asiento. 

— ¡Voy rapidito!— grité. 

Salí corriendo a todo lo que pude con mis piernas cortas, entré a los baños públicos y en el primer cubículo disponible, me deshice de las ganas que acababan conmigo cada kilómetro en la autopista. 
          
              —Vittoria cariño ¿ya vas a salir?— escuché el tono dulce de mi madre desde el otro lado y como una tonta feliz por sentirme mejor, respondí entusiasta.

—Sí mami, ya voy.

Pero lo siguiente fue como una daga justo al corazón. 

El grito de mamá hizo que quedara petrificada terminando de colocar mis pantalones de flores. Golpe, tras golpe y más golpes era lo que escuchaba.

Entonces en una de esas cuando todo se volvió silencioso subí sobre el excusado, sentándome y tomando ambas piernas con mis brazos, asustada.

Esperaba que papá llegara de la nada y me dijera lo que siempre decía por las noches antes de dormir y temía por las pesadillas: "todo estará bien, yo estoy aquí para protegerte".  Pero no llegó, en cambio alguien pateó con fuerza la puerta del cubículo ganando mis gritos de terror y lágrimas. 

Cuando por fin derrotó al seguro entró con el rostro cubierto por una especie de calcetín negro con huecos en donde estaban los ojos y boca. Y con un arma como esas que muestran en las películas apuntó en la dirección en la que yacía sentada.

                — ¡Párate! ¡Qué te pares!—   gritó, agarrando con brusquedad mi brazo y arrastrándome hasta afuera.

No estaba preparada para esto. Y es que, nadie nunca lo está.

No luché aunque debía, pero ver el auto en donde hasta hace poco viajamos mamá, papá y mi hermana volcado en mitad de la carretera saco mi lado desesperado.

Grite y patalee para ir donde ellos, pero a cambio recibí una bofetada en la boca y una patada en el estómago. Lloré cuando el dolor se hizo presente y sentía más dolor al ver cómo tomaba mi cabello y jalaba de el para sacarme de allí.

                — ¡Déjala!

Quien fuera esa persona, se detuvo cuando escuchó el grito de mi madre. Me sentí feliz, de saber que alguien venía por mí pero cuando observé el rostro de ella, el sentimiento murió. 

Con su nariz rota, la mitad de su cara ensangrentada y una herida severa en la pierna seguía luchando, por mí. 

Mamá era mi heroína desde siempre y ahora más que nunca. Pero no quería que le hicieran daño, no más del que le había hecho.

                —Debo admirar tu persistencia —comentó esa persona—  pero debiste quedarte a morir en el baño.

Otra persona encapuchada con un tubo cubierto de sangre golpeó la cabeza de mi progenitora, quien cayó inconsciente al suelo. La levantó y cargó a una camioneta, luego de hacerlo me miró.

               — ¿Que harás con ella?, ya tenemos lo que queríamos.

—Aún no, quiero que sufra y bueno... Ya que no se va a quedar para cumplir nuestro primer plan pues... —Largó una carcajada y pateó mi costilla haciendo que me retorciera en el suelo. —La llevaremos también, para que su mamita la vea y sufra más.

Propinó otra patada pero esta vez en mi cabeza, haciendo que poco a poco todo alrededor se nublara.

Despierto de nuevo a mitad de la costosa habitación solo que esta vez siendo el centro de atención de tres personas. La roba identidad, una mujer con bata blanca y un chico de cabello cobrizo que cae como desordenado sobre sus cejas negras.

—Bienvenida de vuelta, Vi...— fingiendo un ataque de tos cambió drásticamente lo que tenía por decir— Lana, soy la Doctora  Hanna de Volkov. Estoy aquí porque tus amigos llamaron cuando caíste desmayada y me gustaría saber si ¿te ha pasado antes o solo hoy?

El chico que está parado junto a mi secuestradora bufa molesto pero no se atreve a opinar la causa, en cambio la mirada de la tal Verónica lo escudriña en una sutil manera de indicar que se calme.

                —No. Y no son mis amigos ¡Me secuestraron! ¡Llame a la policía! —  grito fuera de mis casillas y es cuando caigo en la cuenta de que ella, está de su lado.

                —Bien. — Saca una libreta y bolígrafo— hoy fue la primera vez, dime ¿te duele algo?
Ignora por completo lo que he dicho y el chico de cabello cobrizo suelta una risita que hace que gane un puñetazo de Verónica en el hombro.

                — ¿A usted que le importa si me duele algo más? De igual forma seguro que me venden los órganos o para prostitución...— Las lágrimas me traición y salen por sí solas.

— ¡Creo que es todo!— suelta con fingido entusiasmo Verónica chocando las palmas.— Puede retirarse señora Volkov,  Alan la acompañara hasta la salida ¿cierto?

El chico la mira y murmura "ya que, no me queda de otra" dándose vuelta y abriendo la puerta para salir ambos por ella.

Los segundos pasan y las miradas se posan en cualquier otro lugar menos en nuestros rostros, algo me dice que ella tiene algo que decir y que sabe que no quiero escucharla.

 —Mira... ¿Lana?— asiento— Bueno sí, Lana sí así lo prefieres.

 —Ese es mi nombre. — la interrumpo y ella continúa, haciendo un gesto de desaprobación.  

               —Como sea. Lo que trato de decirte es que no te secuestre, bueno si pero no...— rasca su nuca tratando de entenderse a sí misma— Quiero decir, es que era la única manera de salvarte y de que nos escuches porque de no ser así estarías junto a las demás. Posiblemente muerta o cumpliendo con lo que le gritaste a la doctora hace unos minutos.

 — ¿De qué hablas?— indago— ¿Como las demás?¿Salvarme de qué o quién?.

 — Mejor, comamos algo. Te das una ducha y luego te explico a fondo... — Dice cuando su teléfono comienza a sonar— es importante, tu cámbiate y baja. 

Dicho eso da media vuelta y sale por la puerta dejándome más confundida e intrigada que nunca. 

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