Capítulo 12
La tarde estaba calurosa y las
ganas de orinar me mataban. Ya la vejiga me dolía y no paraba de mover el pie
izquierdo de adelante hacia atrás, el auto aún seguía en marcha y quería llegar
lo más rápido posible pero nada... Cada que preguntaba si faltaba poco, papá
decía que hiciera silencio y mamá le gritaba por responder brusco a una pequeña
de seis años.
No los culpaba de exasperarse
conmigo, siempre fui así, una completa molestia.
Nos detuvimos en una tienda de
esas que están ubicadas a mitad de la nada y entonces papá ordenó que fuera al
baño quien tuviera ganas. Obviamente lo decía por mí, porque Verónica hace más
de media hora que lleva dormida con la boca abierta y el cuello torcido sobre
el asiento.
— ¡Voy rapidito!— grité.
Salí corriendo a todo lo que
pude con mis piernas cortas, entré a los baños públicos y en el primer cubículo
disponible, me deshice de las ganas que acababan conmigo cada kilómetro en la
autopista.
—Vittoria
cariño ¿ya vas a salir?— escuché el tono dulce de mi madre desde el otro lado y
como una tonta feliz por sentirme mejor, respondí entusiasta.
—Sí mami, ya voy.
Pero lo siguiente fue como una
daga justo al corazón.
El grito de mamá hizo que
quedara petrificada terminando de colocar mis pantalones de flores. Golpe, tras
golpe y más golpes era lo que escuchaba.
Entonces en una de esas cuando
todo se volvió silencioso subí sobre el excusado, sentándome y tomando ambas
piernas con mis brazos, asustada.
Esperaba que papá llegara de
la nada y me dijera lo que siempre decía por las noches antes de dormir y temía
por las pesadillas: "todo estará bien, yo estoy aquí para
protegerte". Pero no llegó, en cambio alguien pateó con fuerza la
puerta del cubículo ganando mis gritos de terror y lágrimas.
Cuando por fin derrotó al
seguro entró con el rostro cubierto por una especie de calcetín negro con
huecos en donde estaban los ojos y boca. Y con un arma como esas que muestran
en las películas apuntó en la dirección en la que yacía sentada.
—
¡Párate! ¡Qué te pares!— gritó, agarrando con brusquedad mi brazo y
arrastrándome hasta afuera.
No estaba preparada para esto.
Y es que, nadie nunca lo está.
No luché aunque debía, pero
ver el auto en donde hasta hace poco viajamos mamá, papá y mi hermana volcado
en mitad de la carretera saco mi lado desesperado.
Grite y patalee para ir donde
ellos, pero a cambio recibí una bofetada en la boca y una patada en el
estómago. Lloré cuando el dolor se hizo presente y sentía más dolor al ver cómo
tomaba mi cabello y jalaba de el para sacarme de allí.
—
¡Déjala!
Quien fuera esa persona, se
detuvo cuando escuchó el grito de mi madre. Me sentí feliz, de saber que
alguien venía por mí pero cuando observé el rostro de ella, el sentimiento
murió.
Con su nariz rota, la mitad de
su cara ensangrentada y una herida severa en la pierna seguía luchando, por
mí.
Mamá era mi heroína desde
siempre y ahora más que nunca. Pero no quería que le hicieran daño, no más del
que le había hecho.
—Debo
admirar tu persistencia —comentó esa persona— pero debiste quedarte a
morir en el baño.
Otra persona encapuchada con
un tubo cubierto de sangre golpeó la cabeza de mi progenitora, quien cayó
inconsciente al suelo. La levantó y cargó a una camioneta, luego de hacerlo me
miró.
—
¿Que harás con ella?, ya tenemos lo que queríamos.
—Aún no, quiero que sufra y
bueno... Ya que no se va a quedar para cumplir nuestro primer plan
pues... —Largó una carcajada y pateó mi costilla haciendo que me
retorciera en el suelo. —La llevaremos también, para que su mamita la vea
y sufra más.
Propinó otra patada pero esta
vez en mi cabeza, haciendo que poco a poco todo alrededor se nublara.
Despierto de nuevo a mitad de la
costosa habitación solo que esta vez siendo el centro de atención de tres
personas. La roba identidad, una mujer con bata blanca y un chico de cabello
cobrizo que cae como desordenado sobre sus cejas negras.
—Bienvenida de vuelta, Vi...—
fingiendo un ataque de tos cambió drásticamente lo que tenía por decir— Lana,
soy la Doctora Hanna de Volkov. Estoy aquí porque tus amigos llamaron
cuando caíste desmayada y me gustaría saber si ¿te ha pasado antes o solo hoy?
El chico que está parado junto a
mi secuestradora bufa molesto pero no se atreve a opinar la causa, en cambio la
mirada de la tal Verónica lo escudriña en una sutil manera de indicar que se calme.
—No.
Y no son mis amigos ¡Me secuestraron! ¡Llame a la policía! — grito
fuera de mis casillas y es cuando caigo en la cuenta de que ella, está de su
lado.
—Bien. —
Saca una libreta y bolígrafo— hoy fue la primera vez, dime ¿te duele algo?
Ignora por completo lo que he
dicho y el chico de cabello cobrizo suelta una risita que hace que gane un
puñetazo de Verónica en el hombro.
—
¿A usted que le importa si me duele algo más? De igual forma seguro que me
venden los órganos o para prostitución...— Las lágrimas me traición y salen por
sí solas.
— ¡Creo que es todo!— suelta con
fingido entusiasmo Verónica chocando las palmas.— Puede retirarse señora Volkov,
Alan la acompañara hasta la salida ¿cierto?
El chico la mira y murmura "ya
que, no me queda de otra" dándose vuelta y abriendo la puerta
para salir ambos por ella.
Los segundos pasan y las miradas
se posan en cualquier otro lugar menos en nuestros rostros, algo me dice que
ella tiene algo que decir y que sabe que no quiero escucharla.
—Mira... ¿Lana?— asiento—
Bueno sí, Lana sí así lo prefieres.
—Ese es mi nombre. — la
interrumpo y ella continúa, haciendo un gesto de desaprobación.
—Como
sea. Lo que trato de decirte es que no te secuestre, bueno si pero no...— rasca
su nuca tratando de entenderse a sí misma— Quiero decir, es que era la única
manera de salvarte y de que nos escuches porque de no ser así estarías junto a
las demás. Posiblemente muerta o cumpliendo con lo que le gritaste a la doctora
hace unos minutos.
— ¿De qué hablas?— indago—
¿Como las demás?¿Salvarme de qué o quién?.
— Mejor, comamos algo. Te
das una ducha y luego te explico a fondo... — Dice cuando su teléfono
comienza a sonar— es importante, tu cámbiate y baja.
Dicho eso da media vuelta y sale
por la puerta dejándome más confundida e intrigada que nunca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario