Capítulo 08
"Necesito
ayuda"
Se
levantó para desperezar su cuerpo, el olor a tocino inundó su habitación y como
de costumbre se dio una ducha, vistió y arregló. Tomó unos minutos para mirarse
fijo en el espejo y ver aquellos moretones nuevos que la noche anterior
comenzaron a salir. Toco uno de ellos y sintió un fuerte dolor en la parte
trasera de su cabeza.
¡Aush! Fue lo
único que pronuncio y se dispuso a salir de su habitación.
—Buenos
días cariño ¿cómo has amanecido hoy? Su madre como siempre estaba de un buen
humor, alegre y activa caminando de un lado al otro sirviendo los platos.
—Bien.
¿A qué hora llega Carlos?, se notaba su desprecio al mencionar su nombre. Pero
¿cómo no hacerlo?, lleva dos años de su vida llegando a media noche y
golpeándole por cualquier cosa mala que le ha pasado en las afueras.
—¿Hasta
cuándo le llamaras por su nombre Jesús? Debes aceptar que él es tu nuevo padre.
Bufo y trato de comer su desayuno lo más rápido posible, ya estaban por ser las
doce del mediodía y esa era la hora exacta de su llegada.
Acabó
todo lo que tenía en su plato y lo lavo rápido para correr a su habitación y
colocar el seguro. Y como si fuera un adivino, su padrastro llego haciendo el
mismo escándalo y actuación falsa.
—Mi
hermosa esposa ¿como esta?, y ¿mi hijo?
—¡Oh! qué
hermoso mi amor, está bien se acaba de encerrar en su habitación como siempre, ha
de estar jugando.
El
hombre asintió y fingió una sonrisa mientras se dispuso a subir por las
escaleras, las mismas que daban al dormitorio de Jesús, el cual se encontraba
pegado a la puerta escuchando que se aproximaba.
Un
pequeño toque en la puerta se volvió insistente, algo que él noto pero que de
igual forma quiso ignorar ya que si le abría escucharía esas mismas amenazas de
siempre.
—Jesús
hijo abre por favor. De solo escuchar esas palabras provenir de él le causo
asco y repulsión.
¿Cómo
alguien podría mentir tan bien?
—¿No me has escuchado? Abre por favor
hijo mío. Él se enrosco un poco más a sus piernas y contó hasta diez, esperando
a que toda la falsa bondad de su padre se fuera.
Diez...
Murmuro y se sintió aliviado cuando ya no escucho más los toques en su puerta.
La paz había vuelto, estiro sus piernas y se acomodó en la cama dejando salir
el aire retenido en sus pulmones, cerró los ojos para llenarse de todo el
silencio a su alrededor algo que no duro mucho tiempo.
Escucho
como la manilla de su puerta se movía y se levantó algo tarde, ya que su
padrastro se encontraba dentro de la habitación cerrando con seguro.
—Tu
madre me ha dicho que estabas aquí y que debemos llevarnos de buena manera.
Tenía una sonrisa amplia que provocaba escalofríos por todo el cuerpo del
chico.
—No me
interesa llevarme bien contigo, sal de mi habitación por favor.
Escucho la estruendosa risa de este y vio cómo se acercó
sigilosamente y lo tomo por su cuello alzándolo un poco del suelo y dejándolo
sin casi aire.
—Escucha
bien estúpido, te debo aguantar por tu madre así que pórtate bien y no sueltes
esa lengua a menos que quieras que te la arranque.
La
vista se le estaba volviendo borrosa y casi no tenía fuerzas para seguir
apretando el brazo de aquel hombre que con sus casi 46 años aun poseía la fuerza
bruta de un adolescente levantador de pesas.
—Suéltame...
le costaba pronunciar bien las palabras y ya estaba dándose por vencido cuando
su salvación entro por la ventana.
—¡Suéltalo
o llamo a la policía! , escucho gritar a Helen y luego cayó al suelo quedando
inconsciente. Escuchaba aquel pacifico sonido de unas olas, el ir y venir del
agua de mar, cuando todo comenzó a moverse de adelante hasta atrás escuchando
como alguien gritaba su nombre.
—Jesús,
Jesús ¡despierta! Abrió los ojos y sintió una fuerte bofetada en su mejilla
izquierda. Vio con el ceño fruncido a su amiga quien tenía lágrimas en sus
ojos.
—Rayos
hombre, si no entro por la fuerza tú ya no estarías respirando. Se puso de pie
y se tambaleo un poco, tomo asiento en la cama y comenzó a toser como loco. Se
sentía ahogado, con falta de aire y un dolor en la cabeza que iba y venía sin
permiso alguno.
—¡Ey¡
dime algo pequeño. Chasqueo los dedos frente a él y se llevó una mirada
fulminante
Desde
que cumplió los diecisiete años ha dejado a un lado el agrado de ese apodo por
su parte, pero que iba a saber Helen.
—Estoy
bien, cálmate. Eres peor que mi madre.
Se
levantó de la cama y la ayudo a levantarse con una mano.
—Ese
hombre ha de ser familia de una bestia ¿cómo puede hacerte esto?, si mi madre
se entera seguro lo mata y si mi padre lo ve le dará su buena paliza y ni
hablar de lo que Roberth le diría.
Siguió
escuchando por un buen rato lo que su amiga decía, mientras caminaba de un lado
a otro tirando de sus cabellos. Su cabeza daba vueltas por el dolor que sentía,
pero no quería callar a su amiga que hasta ahora era la única que se encontraba
de su lado.
—¿Me
entendiste? Pestañeo varias veces antes de darse cuenta que se refería a un
tema del cual no tenía ni la más mínima idea.
—Eh,
la verdad no, ¿de qué hablas?
La
miro expectante esperando su respuesta, algo que ilumino los ojos de la chica.
—Hay
que hacer que tu madre vea lo que te hace, cuando se entere seguro que llama a
la policía.
Suspiró
y trato de restarle importancia a las ocurrencias de Helen, ha tratado más de
una vez de hacer que su madre note las cosas pero Carlos solo con decir dos o
tres cosas lo deja como un completo mentiroso.
—Helen,
no va a resultar ya lo he intentado varias veces. —La castaña se
puso frente a él con una extraña pose y le dio una amplia sonrisa.
—Pero
esta vez, cuentas conmigo pequeño hombrecillo.
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