Capítulo IX
"Hora de la búsqueda"
La
habitación se había vuelto un basurero, los chicos dejaban los envases de
comida por doquier, el ojos grises de doble personalidad se encontraba en un
dilema dentro de sí, cada que sus amigos arrojaban algo Dylan hacía su
aparición y lo recogía, cada que él lo recogía Marcus aparecía para arrojar más
basura al suelo.
— ¿Ya has encontrado algo? —preguntó Marcus
mientras comía una de esas sopas instantáneas sentado en el suelo.
Miguel
suspiró pesado y negó, al parecer para este genio de la informática, que podía
meterse en cada rincón del mundo donde se encontrará un aparato electrónico, no
se le ha hecho nada fácil conseguir información sobre alguna banda de asesinos
o secuestradores, ni siquiera sobre una chica con mi aspecto que no sea de
películas de terror o series.
—Estoy
aplicando mi último sistema espía, lo creé hace una semana con datos que robé
de la NASA mientras hacía mi trabajo —Galatea lo mira desde la cocina con una
ceja alzada y él sonríe dando a entender porque estaba ayudándolos, antes de
que fuera raptado por sus amigos. —Si alguien o algo publicó información sobre
lo que estamos buscando, pero fue eliminado aparecerá de inmediato.
Poe
lo aplaude y luego continúa limpiando sus espadas a las cuales cuida más que a
su propia vida, dicho por él y no inventos míos.
—
¿Cuánto tardará eso?— Marcus se nota aburrido e irritado, un constante pitido
que sale de la computadora hace que el hacker sonría.
—Listo,
lo programe para que como mínimo consiguiera la información en treinta minutos.
—Nos levantamos y acercamos, el chico tecleó unas cuantas cosas más, un montón
de números en blanco pasando rápido aparecieron y por último dio un clic y se
abrieron diferentes páginas.
—
¿Qué es eso? —murmuró y Dylan me abraza.
—Es
como un ¿Facebook? —comenta Galatea y Miguel asiente, luego de eso procede a
leer lo que dice.
—Hoy
estoy al fin lejos de todo ese caos ocasionado, le doy gracias a Dios y a mi
familia, por ayudarme psicológicamente a salir de esa trampa mortal que se
formó en mi cabeza, tras las espantosas muertes en el motel Welsey Moley que
tuve que presenciar. Me alejé de todo ello al fin, para iniciar una nueva vida,
dejó en manos de la policía y nuestro creador el futuro de esas chicas, que con
seguridad les informo que retornarán a sus casas sanas y salvas.
Todo
queda en un silencio profundo en la habitación y la rubia continuó con un
artículo de periódico del año 2010.
—Andrea
Martín, una de las dieciocho chicas secuestradas entre los años 2.000 y 2.010
ha aparecido entre los escombros del teatro Coffails derrumbado hace dos días,
sin vida y con múltiples heridas en su rostro, lo que dificulto su
reconocimiento ante las autoridades y familiares cercanos.
El
título estaba en blanco y negro, era rudo, carente de afecto como si quien lo
escribió ya tenía previsto que la encontraría muerta.
—Dieciocho
chicas...
—Hay
más, miren los otros artículos. —Comenta Poe y señala las demás páginas
abiertas en la pantalla de la laptop.
La
cabeza me daba vueltas y comencé a sentir náuseas...
Abrí
los ojos nuevamente en aquel lugar lleno de penumbras, esta vez no era la
habitación sobre la de Dylan, sino la habitación donde había visto a la chica
luchando por su vida, mire a los lados en busca de la misma pero ya su cama se
encontraba vacía.
—
¿Hola? —giré por inercia a donde supuse estaba la dueña de la voz, lo poco que
pude ver fue un cabello largo y rojo al fondo.
—Hola
—Murmuré. La chica tosió varias veces y espere a que terminara.
—No
es bueno que despertaras, ellos aún esperan a que lo hagas porque dicen que
tienes la cura. —murmura para que sólo escuchemos nosotras.
—
¿De qué hablas? ¿Qué cura? ¿Quiénes? —me ordena que baje la voz y tose de
nuevo, le hago caso porque aquí no tengo a Dylan, Marcus y los demás chicos que
puedan ayudarme.
—La
Secta Sangre&Libertad, nos secuestraron para encontrar una cura a
diferentes enfermedades de las que sufren las personas de clase social alta,
ellos les pagan a estas personas para que consigan cosas que necesiten como
órganos, hijos, mujeres o curas. — hace una pausa y noto que le cuesta
respirar.
—Sólo
quedamos siete, me enteré por boca de una de las chicas que estuvo mucho antes
que el 2.000, aquí encerrada antes de morir, no sólo han raptado dieciocho, si
no más, muchas más.
—Nosotras
—me costaba respirar y mi corazón se volvía loco, una de las máquinas comenzó a
hacer un insistente sonido molesto.
—
¡Cálmate!, sí bajan y se enteran que estás despierta deberán deshacerse de
nosotras "los proyectos fallidos" — tragué fuerte, cuando escuchamos
pasos venir ella fue la única en hablar. —Duérmete por favor, sé que sonará mal.
No quiero morir aún, duerme.
La
puerta se abrió y una luz se encendió por instinto mis ojos se cerraron ya que
les hacía daño — ¿Con quién hablabas Claudia? —una voz pastosa y burlesca se
dirigía a alguien en la habitación.
—No
me hagan daño por favor, déjenme ir. Prometo no decirle a nadie lo que ha
pasado —esa era la voz de la chica que hasta hace unos segundos hablaba
conmigo, se vio opacada por la risa maquiavélica de aquel hombre.
—Cariño,
ya han pasado años. Ríndete de una vez por todas, una vez que esa chica
despierte ya no servirás para nada, con suerte venderemos tus órganos a un buen
precio. —otra risa aún más fuerte se escuchó y entonces llena de ira preferí
hacer lo que la chica me pidió, no por ser una cobarde, sino por salvarle la
vida a ella y quizás a muchas más.
—
¿Angy? —La voz de Dylan me llamaba desde aquella luz que iluminaba el hoyo
donde me encontraba metida —Angy, despierta. No es hora de entrar en coma. —Su
voz se hacía cada vez más lejana, por más que quería encontrarlo no tenía ni la
más mínima idea de donde estaba.
—Abre
tus putos ojos ahora, o me quedo con Dylan y mira que no está tan mal como para
hacerlo —mi cuerpo reacciono de una brusca manera y me encontré con Galatea
quien me observaba con una enorme sonrisa… —que predecible, el amor nos hace
débiles.
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