Capítulo 06
"Algo
anda mal"
Como
cada mañana el sol iluminó su ventana, se levantó e hizo lo de siempre pero
este día venía con un pequeño detalle.
No iré
a estudiar, algo raro pasa allí. Murmuro para sí misma y se volvió a tender en
su cama.
No
paso ni un minuto cuando su cuerpo por si solo se levantó y la encamino a bajar
las escaleras, Helen gritaba como una loca deseando parar pero su cuerpo
simplemente no le hacía ningún caso.
Caminó
colina abajo y saludo a la señora Carmen rogándole con los ojos que le ayudara,
pero la mujer solo la vio con cara de confusión.
Necesito
ayuda algo pasa conmigo, pensaba mientras cruzaba cada calle hasta llegar al
instituto.
—¡Oh Dios!, —su cuerpo no hacia ningún otro movimiento que ella no
haya hecho durante esos dos extraños días de colegio. Sentía unas inmensas
ganas de llorar, gritar y correr pero no podía.
Al
llegar como de costumbre pero de esa rara manera que le aterraba, se
encontraban sus dos mejores amigas discutiendo. Su cuerpo se detuvo unos
segundos, algo que aprovecho para gritarles.
—¡Ayúdenme por favor! , —comento suplicante. Kattia la miro con una cara triste
y Hanna trataba de no dejar escarpar sus palabras.
—Cuando te des cuenta lo que en realidad sucede lo
entenderás. —Fue lo
único que escucho salir de la boca de su amiga, para luego recibir un beso por
parte de su novio Elliot.
—¿Cómo amaneció mi hermosa hoy? —Dijo este luego de escuchar atento lo que ella acabar
de relatar a sus amigas.
Frunció
el ceño en dirección a su novio y trato de comunicarle lo que le sucedía, él le
dio una sonrisa dejando ver sus dientes en perfecto estado.
—No te puedo ayudar ya es hora de ir a clases. —Y como por arte de magia su cuerpo entendió las
palabras y comenzó a moverse hasta entrar y tomar asiento en el salón.
Pasaron
los minutos y la misma extraña rutina antes de salir del día anterior, escucho
la misma oración y vio los mismos gestos de sus amigas. Tomo su mochila y
corrió colina arriba temblando de miedo.
—Algo raro sucede allí, lo sé. —Abrió la ventana que daba vista a la de su amigo y le
arrojo piedras para que este abriera, al contrario de ayer Jesús no se
encontraba en su habitación.
Bufo y
pateo todo a su alrededor, necesitaba contárselo a alguien pero ¿a quién? Dio
vueltas alrededor de la cama pensando en alguien normal con quien pudiera
hablar sin que la etiquetara de « "Loca" », algo en lo que pronto se
volvería si no descubría que pasaba.
Por
momentos pensó en ir a contarle a su novio Elliot pero recordó que él era uno
de los que estaba en todo esto, así que opto por una última opción: la señora
Carmen, ella sería la única que la escucharía pues, meses atrás eso hacia
cuando tenía algún problema emocional y como no tenía a quien recurrir en casa,
terminaba contándole su malestar a la mujer de edad quien la escuchaba atenta y
la aconsejaba de buena manera.
Tomo
valentía extra y corrió colina abajo hasta llegar a aquella pequeña casa de
color azul, jardín amplio con rosas y ventanales blancos. Como era de esperar
la señora se encontraba sentada frente a su puerta admirando todo lo que le
rodeaba.
— ¡Señora Carmen hola! ¿Cómo ha estado? Necesito su
ayuda por favor.
Perdió
el aire por completo al no tener la condición física adecuada, así que comenzó
a transpirar como loca y su falta de aire era algo grave.
— ¿Qué deseas de mi niña?, comento con su voz suave y
calmada.
—Algo extraño sucede: voy al instituto y todos parecen
de una película de horror, el director no aparece la profesora Sonia da su
clase todos los días pero nunca llega, la campana no suena y Jesús el vecino
omite decirme porque tiene un ojo morado y nunca explica lo raro de sus viajes.
Quedo
nuevamente sin aire alguno en los pulmones y comenzó a respirar con dificultad
para volver a obtenerlo. La mujer de edad la escucho con paciencia para luego
mirarla tratando de descifrarla.
—Quizás solo has tenido una semana difícil querida. —Helen frunció el ceño y achico los ojos mientras la
observaba.
—Creo que no me entendió, todos actúan extraño. —Dijo mientras alzaba las manos frustrada.
—Tu amigo debe estar pasando por algo más grave que tú,
deberías estar más atenta quizás resuelvas ambos problemas a la vez.
Helen
le dio una corta sonrisa y analizo las palabras, en cierta forma tenía razón.
Jesús tiene una madre que puede padecer de esquizofrenia y le golpee mientras
que a ella, solo le preocupaba que una fuerza invisible que la había arrastrado
en el instituto hasta su asiento.
Abrió
los ojos de par en par al recordar eso y enmudeció, si le decía eso a la señora
seguro que la etiqueta de enferma mental.
— ¿Algo más que quieras decirme?, —se notaba en su voz un poco de tristeza. Helen la miro
unos segundos con el ceño fruncido y negó, le dio un beso en la mejilla a la
mujer en forma de despedida y volvió a su casa para saber realmente que sucedía
con su amigo.
Para
cuando llego su amigo, ya se encontraba en casa y la luna ya lograba iluminar
muy bien las calles. Cantó como un pájaro para llamar su atención algo que no
logro, corrió escaleras abajo hasta la puerta de entrada de la casa de Jesús y
toco de manera animada.
Poco
le importaba si era la madre quien le abriría, luego quizás se las arreglaría.
Y como era de esperarse fue ella quien abrió la puerta, la castaña saludo de manera cordial para luego sentir
como la puerta chocaba con su cara.
— ¡Pero qué mal educada! —Comentó mientras frotaba su nariz para calmar el dolor
que hace unos segundos sintió. Volvió a tocar la puerta de manera más
insistente logrando alterar los nervios de la señora madre quien se giró casi
llegando a la cocina y volvió a la entrada para abrir la puerta.
Miro a
los lados y por último al frente, frunció el ceño y torció su labio inferior
para continuar con un grito que hhizo a Helen vibrar del miedo.
— ¡Ya deja de molestar! —Y tras aquello cerró nuevamente la puerta, esta vez la
chica se apartó rápido antes de ser golpeada en la nariz y gruño de rabia
mientras volvía a su casa para elegir la última opción: saltar por la ventana,
se dijo para sí misma.
Tomo
un lápiz que encontró bajo su cama y lo arrojo logrando esta vez que el vidrio
de la ventana sonara haciendo que Jesús volteara a verle.
El
chico dejo de jugar en la consola y abrió su ventana dándole permiso de entrar
como una nueva costumbre.
— ¡Ya era hora!, tengo un buen rato tratando de captar
tu atención. —Frustrada
camino de un lado al otro mirando con desaprobación al chico.
—Lo siento he estado pensando algunas cosas y me he
concentrado.
—No importa, tengo algo que decirte. ¡Tu madre me
Odia!, me ha cerrado la puerta en cara y me ha gritado.
La
castaña se encontraba roja de ira y el chico solo torcía su boca en manera de
fatiga y desaprobación.
—No la culpes, ella no sabe nada.
Lo
miro directo a los ojos y noto que el moretón desaparecía a medida que pasaban
los días.
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