Capítulo 04
Había pasado ya, un largo y
oscuro día lleno de malas noticias luego del lunes donde por fin el tonto bebe
con pañales se atrevió a pasar entre Kyle y yo. Luego de dejarlo en su casa, la
cual estaba ubicada en uno de esos barrios costosos que están fuera de la
ciudad, volvimos a la nuestra para comer y ver unas películas antes de dormir.
Era miércoles por la mañana.
Desperté con una pereza enorme y
me dispuse a vagar por la habitación decorada de peluches que mamá con mucho
esfuerzo y trabajo me había regalado año tras año.
Me coloqué mis pantuflas de
conejo blanco y arrastre los pies hasta la mesa donde se encontraba el ordenador
y alguno que otro libro. Estaba tan aburrida que como primera opción me dispuse
a vagar por las redes sociales, esas por las cuales hacía tiempo que no
navegaba.
Parecían algo fuera de contexto.
La Internet tenía buenas hazañas para unos y malas para otros, y entre esos
"otros" calzaba a la perfección por no poseer amigos pero sí una red
social donde por mera suerte todo el instituto debía estar para enterarse de
las buenas nuevas en el mismo.
Con la mano en el viejo mause, di
clic en aquella imagen de una nube que decía ser lo más comentado. El primer
mensaje que leí me dejó con un sabor amargo en la boca, provenía de Shane quien
preguntaba por sí alguien sabía alguna noticia sobre la desaparición de las
chicas. Y a él se unieron cientos más que decían cosas feas sobre ellas, unos
sin sentimientos hasta hacían bromas con sus muertes, era de esperarse puesto
que al no ser ellos los del problema pues les da igual lo que sucede a los
demás.
No escribí nada en absoluto y
preferí irme por la sección de noticias basadas en el calendario, el cual
avisaba que era la hora de las elecciones para la presidencia de la clase.
Desde siempre he deseado ser la líder de mi salón y por primera vez no ser la
última en ser nombrada o a la que, todos conocen por ser el error para los
profesores.
La lista estaba en blanco. Las
primeras doce chicas que habían sido postuladas por sus notas y rangos
académicos estaban desaparecidas y hasta ahora nadie parecía darse cuenta de
ello, o quizás sí pero no le daban mucha importancia.
Existía la posibilidad de que
ganara este año si nadie más se postulaba y la verdad no era mala idea
intentarlo. Así, saldría de toda esta locura que está sucediendo a nuestro
alrededor y un poco de normalidad podría entrar de nuevo al instituto sin contar
la parte más emocionante, la cual sería llamar la atención de todos por una vez
en mi vida.
—¡Lana, ya llegue!— Mamá gritó
desde la sala y de inmediato, sin pensarlo mucho coloqué mi nombre en la parte
en blanco que estaba por debajo de el de Zoe Sprous. Luego de rectificar si lo
escribí bien o no, cerré el ordenador no sin antes escuchar como los mensajes
en el chat se volvían insistentes.
—Que personas tan horribles,
alguien debería de enseñarles a ser buena gente por una vez y no hablar de los
demás... —Murmure levantando uno de los peluches que se encontraba en el suelo,
teniéndolo a pocos centímetros de la cara pude notar aquel peculiar aroma que
emanaba.
Era cítrico, lo pude notar porque
soy alérgica desde que tengo memoria a ese tipo de fragancias. Me detuve un
momento a pensar, mi ojos derecho empezó a lagrimear por la reacción pero aun
así no lo aleje, es más, lo acerque de forma que pudiera examinarlo con
detenimiento.
No recordaba en ningún momento
haber movido alguno de los peluches, la noche anterior había hecho ejercicio
con mamá y luego comí, me di un pequeño baño y caí como plomo sobre la cama. Un
gemido lleno de pánico se instaló en la garganta de tan solo pensar que alguien
pudo haber entrado a la habitación mientras dormía plácidamente.
Tome con ambas manos el pequeño
perro de felpa y sin pensar lo arroje en la papelera que estaba en el baño.
Mentalicé el deshacerme del luego de comer y comprar cerraduras nuevas para la
ventana en dado caso que ya las viejas no sirvieran de mucho, di media vuelta
cerrando la puerta y me fui directo a la cocina donde el aroma a galletas
recién horneadas hizo que mi estómago bailara de felicidad.
—¡Mami!, ¡Yo quiero!— grite a
centímetros de ella, quien tenía la paleta cubierta de chocolate en su mano
izquierda y se largó a reír cuando en un vano intento por pegar mi boca al
metal caí de cara sobre la cerámica.
—Debes comportarte un poco, como
sigas así me vas a manchar el suelo con tu sangre— ríe y me pongo en pie con
dificultad, al parecer lastime mi labio inferior. — ¡Cariño!, estás
sangrando...—Observa con preocupación mi rostro y busca no sé qué en las
gavetas de la cocina.
—Mami, arde. — Digo fingiendo ser
una bebe, haciendo puchero y abriendo los brazos para que me cargue cosa que no
hace y me da un empujón suave.
—Busca la pomada que dejaste en
tu habitación, te he dicho que cada vez que saques algo de aquí lo vuelvas a
guardar en el mismo lugar. — Coloca ambos brazos como jarras y refunfuñando por
su reacción camino en dirección a donde se me ha ordenado.
Al llegar tomo lo que me ha
pedido y cuando me giro para salir algo en particular llama mi atención,
acelera mi pulso y logra que expanda mis ojos llenos de terror.
El peluche.
El estúpido peluche que había
arrojado a la basura, estaba sobre la mesita de noche que está ubicada a pasos
de la ventana.
Un escalofrío subió por mi
columna, de tal forma que parecía que una persona tanteaba con sus dedos
huesudos la carne que la cubre.
Sentí como mi aliento se quedó
estancado dentro de la boca. No podía pronunciar ningún tipo de palabra y una
lágrima bajó por la mejilla sin percatarme de ella hasta que cayó sobre la
herida ocasionada en la cocina.
—Lana... Ayúdame...—
Susurró el viento.
Todo alrededor se volvió negro y
caí desmayada tras perder la fuerza en las piernas.
😎
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