Capítulo V
"¿Quién eres?"
Era
la única pregunta que resonaba en mi mente, y al parecer en toda la habitación.
Tenía
una sonrisa aterradora, con sus ojos parecía penetrar mi alma, o lo que sea
donde coloque su mirada en estos momentos.
—Mi
error —su voz era áspera y rasposa, tanto que le podría hacer daño a quien lo
escuchase. —Veo que Dylan no te ha hablado de mí — Dio una sonrisa mostrando
sus dientes, sus ojos vagaron por la habitación mientras rascaba su cabeza con
el cuchillo.
—Marcus,
mi nombre es Marcus. Tenía ya mucho tiempo observando en silencio pero debido a
todo esto —señaló el lugar cubierto de sangre— me ha tocado salir a relucir
preciosa.
Traté
de no fingir asco cuando me llamó preciosa, posé la mirada en esa zona vacía y
normal de la habitación. — ¿Por qué? —fue lo único que se me ocurrió preguntar,
él soltó una risa maquiavélica que erizó el vello de mi cuerpo, algo que no
creí que podría suceder.
—
¿Por qué, qué? —Comentó sarcástico— ¿Por qué mi nombre es Marcus?, ¿por qué
somos dos en un cuerpo?, ¿por qué Dylan es el débil y yo el fuerte? o ¿por qué
yo me oculte por tanto tiempo? —le miré con el ceño fruncido, ahora que pone
las preguntas en la bandeja me hace desconfiar más, ni las había llegado a
pensar.
—No
tengo respuestas para las primeras preguntas, pero sí para la última. —Se
acercó al cuerpo inerte de la chica y comenzó a jugar con su cabello.
Qué
asco, qué enfermo.
—Solo
sé que puedo salir cuando Dylan se cierra a todo, su miedo y frustración
permiten mi escape de esa prisión mental, que crearon los psicólogos y
psiquiatras de sus padres. —Alcé una ceja incrédula, él soltó el cabello de la
chica para luego cortar un mechón y olerlo, repito ¡QUE ASCO!
—Veo
que Dylan no te tiene mucha confianza, que lastima para él, a mí me pareces
confiable y no tiene nada que ver con que solo nosotros podamos verte.
Nosotros... nosotros... ¡Maldición!
este tipo es un completo lunático.
—La
madre de Dylan es psiquiatra, y su padre psicólogo. — se acomodó en un lugar de
la cama y fingió estar en una especie de playa imaginaria.
—A
los seis años comenzó a padecer de ataques esquizofrénicos. Ya sabes, hablaba
solo y tendía a tener premoniciones del "futuro" —hizo comillas con
los dedos, me invitó con un movimiento de cabeza a tomar asiento junto a él,
algo que obviamente hice para poder procesar todo, sin tener que volver a mi
habitación del terror.
—En
realidad él siempre hablaba conmigo, yo era quien le decía lo que estaba a
punto de sucederle a sus niñeras, y obviamente luego que tenía su cuerpo
lograba lo que yo quería.
Pero,
la bruja de su madre un día sin más llegó y lo sedo mientras dormía, comenzó a
hacer cosas extrañas, muchas palabras, muchas náuseas y un dolor agudo de
cabeza es de lo que supe, luego que estaba encerrado en el subconsciente de tu
amigo.
—Así
que solo eres parte de su esquizofrenia ¿cierto? —una carcajada brotó de su
garganta, parecía fuera de sí y jugó con el cuchillo en mi dirección sin
acercarse.
—No
Angy, no soy producto de una enfermedad. Soy más, mucho más de lo que sus
padres creían saber. —Miré mis manos por primera vez en tanto tiempo, eran
horribles, no me gustaba verlas pero por el momento se habían vuelto lo más
interesante del mundo.
—Podía
salir y dar vueltas por el mundo, también era capaz de percibir a quien le
tocaba morir y veía con claridad el aura de las personas vivas — Me miró de
arriba hasta abajo —y muertas. Pero, por culpa de ese encierro ahora no puedo
ver más allá de lo que ve Dylan, solo quería un amigo y él era el único chico
que podía verme, así que solamente me acerque un poco y ¡Pum! todo se volvió
una tortura constante en su mente.
—No
sé para qué me lo cuentas, ¿qué tengo que ver yo en todo eso? —comenté llena de
amargura.
—Nada,
pero tu amigo no para de gritar que me calle, y en venganza por no permitirme
hablar cuando quise hago lo que desea que no haga.
Dio una sonrisa ladina y continuó en lo suyo
—No creo que seas un demonio, habría notado si vendrían a hacernos daño desde
un principio —Por primera vez le mire a los ojos, al fin había obtenido toda mi
atención. —Tampoco creo que seas un fantasma, porque entonces ya habías visto
otros iguales a ti —asentí y sus ojos se llenaron de un brillo tétrico.
—Tengo
una teoría de que puedes ser, pero a Dylan no le agrada la idea de que comparta
eso contigo —se acercó a mí y susurro en mi oído —Él cree que eso te va a
alejar de nosotros, suele ser un tanto... egoísta .
Se
levantó hasta la cocina y tomó un vaso para llenarlo de jugo de uvas. —Ve
afuera, ¿puedes? —Me observó— necesitamos deshacernos del cadáver antes que se
vuelva maloliente.
—
¿Por qué nadie sale a mirar?, ¿acaso los mataste a todos? —bebió con total
tranquilidad su jugo y paseo un poco por el lugar.
—Olvide
mencionar eso —cerró la puerta y acomodó un cuadro del fondo —tuvimos un
pequeño problema antes con los padres de Dylan, y huyendo de ellos paramos aquí
—señaló hacia el suelo— un motel lleno de sádicos, asesinos, violadores y
caníbales. Los primeros días querían matarnos porque Dylan se mostraba muy
frágil, pero entonces hice mi aparición maté algunos cuantos y terminé ganando
un poco de respeto.
Abrí
los ojos de par en par y comenzó a reír de manera sonora. — ¿Esto está
permitido por la ley? — negó y lavó el vaso.
—No,
aquí no existe la ley preciosa. La última vez que el gobierno intentó acabar
con este sitio pues... digamos que la hija del presidente y cientos de personas
aparecieron picadas en un lago al final del camino. Desde entonces se hacen la
vista gorda, tanto que cerraron las carreteras que dan con este camino.
Froté
mi cara, ¿por qué caí en este sitio? ¿Era también una asesina?
—Todo
el que esté en este lugar debe de tener algún problema mental. —Salí de la
habitación y al fin di con personas, eran mujeres de limpieza al parecer.
Habían comenzado a limpiar el suelo del motel y el cadáver de la chica lo
arrojaron en una especie de caldero.
—Hoy
tendrán un festín los chicos ¡jun.! —Comentó una mujer de edad adulta y cabello
canoso. —Qué bueno que al chico —señaló a la habitación de la que provengo— se
le olvido recogerlo.
Corrí,
corrí tan lejos de allí como pude.
Qué
asco, que enfermos, ¿qué les cruzaba por la mente?
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