Capítulo 03
"Bebe de mi ser"
Elías.
— ¿Qué le hiciste?
—No lo sé, lo juro.
Pamela coloca los brazos cruzados haciendo que sus senos
salten, relamo mis labios deseando posarlos sobre ellos y un recuerdo fugaz de
aquella noche de diversión, tras la puerta del baño en la habitación de su
hija, hace que sonría. Que hermoso recuerdo,
lo adoro al igual que los otros.
— ¿Elías, me estas escuchando?— hace un molesto sonido, el
típico de un chasquido cuando quiere llamar la atención.
—Si...—Belén entra mirándome con los ojos chicos y suelta un
comentario que tensa a su madre por completo.
—No te presta atención, solo te imagina desnuda. —Se acuesta
sobre la cama y cubre sus piernas—
Me imagino que diría papá si se enterara de
alguna aventura. Quizás ya no tengamos más tarjetas de créditos y una bonita
casa a las afuera de la ciudad, si tan solo alguien abre la boca...
Doy un respingón y me alejo de Pamela, se ha colocado tan
blanca como un papel que temo que en cualquier momento se desmaye. Por otro
lado, su hija sonríe en mi dirección con maldad.
—Mami, deberías considerar cambiar mis visitas con la
Doctora Elza, ya le dije a papi y dijo algo sobre: Tendré que ir para saber qué
sucede— Imitó un tierno tono infantil.
¿Por qué esta mocosa insiste tanto en que la vea Elza?
¿No se dará cuenta la clase de persona que es?
Pame, se enderezó y con un chillido emitido me echó de la
habitación. —Lo siento, Doctor pero como ve mi hija cambiara sus visitas
matutinas con la Doctora Elza, muchas gracias por su tiempo gastado, fue un
placer y adiós— cerró la puerta en mi cara; la nariz me empezó a punzar por el
dolor del golpe y una risa tras de mí hizo que me girara para ver a una bruja
sentada jugando en su teléfono.
—Vaya, vaya, quien diría que la pobre niña te escuchó
follando con su madre— Elza limpio una de sus horribles botas de combate y me
dirigió una de esas miradas cargadas de burla —Imaginas que su padre "El
señor Iré Fith, dueño del periódico más vendido a nivel nacional" se
entere de sus travesuras, sería algo así como...—Finge pensar y mis cejas se
disparan al aire de tan solo ver pasar mi vida ante mis ojos— suicidio, o peor
que ello. Vivirías sufriendo en la calle si él destruyera tú imagen.
—Pero no será así — comento muy seguro de mí, aunque en
realidad estoy cagado del miedo. Si a esa mocosa se le ocurre decirle algo
estoy más que muerto, creo que considerare eso de pedir a la bruja negra que
escoja una urna económica y buena música porqué, no quiero que las pocas
personas que se atrevan a ir la pasen mal.
— Tú seguridad me sorprende... Elías, yo siendo tú me
estaría haciendo en los pantalones, pero como no soy tú me da igual— se ríe de
su pésima broma y vuelco los ojos para ignorarla y seguir mi camino.
No tolero a esa mujer, es un grano en el culo. Es tan
difícil de tragar algunas veces, no logro aún comprender por qué la solicitaron
para este hospital, porque sí, incluso yo me enteré de que el director fue
quien hizo la solicitud para traerla.
Doy media vuelta por la sala de administración y me
encuentro con que Amanda está dormida sobre el escritorio, quiero en serio
despertarla para que haga su trabajo, pero simplemente no puedo. Esa mujer debe
tener como cincuenta años y aun así se conserva pero eso no quiere decir que
los años no dejaran huellas, si hasta la pobre se queda dormida a veces parada.
La ignoro por completo y voy por mi quinta taza de café,
espero que esta vez los chicos estén trabajando y no malgastando el tiempo
haciendo apuestas con respecto a Elza, no entiendo cómo es que si la odian
tanto, hablan y saben casi todo sobre ella. Desde como camina, como es su plan
de trabajo, es más creo que una vez estuvieron hablando de la residencia en
donde vive.
Es escalofriante saber que tengo compañeros de ese tipo,
nivel espía sorprendente.
Entro a la sala y doy gracias a Dios por escuchar mis
plegarias, está sola y las sillas disponibles, creo que quizás podré echar una
siesta de veinte minutos. Con eso aguantare las siete horas de trabajo
restantes, esta madrugada es la más tranquila que he tenido en mucho tiempo a
pesar de que llegaron cinco accidentes, diez heridos y como treinta y ocho
personas con un virus de vómito y fiebre.
— ¡Quítate! —la bruja me empuja haciendo que caiga de bruces
contra la silla y cierra la puerta tras de ella. —Has silencio Elías o te
castro— es lo primero que dice cuando estoy por responder.
— ¡Elza! ¡Elza! Oh, qué raro estoy segura de que la vi por
aquí. Bueno, este dolor de columna tendrá que... ¡Doctor John!, ¡espere! Quiero
que me diga si lo que tengo hoy no viene de lo de ayer y antes de ayer. — frota
su cara con ambas manos y se sienta a mi lado.
No, no, ¡chu! ¡chu! Quiero dormir bruja.
Ignora las miradas mordaces que le doy y busca algo de café
antes de sentarse de nuevo en la misma silla.
¿Por qué Dios, por qué?
—Laura cada día se inventa una enfermedad nueva, debería ir
a un psicólogo en vez de venir a pedir medicamentos inútiles. Cada día es algo
diferente, hace dos noches fue el brazo, luego una gripe le siguió vómito y por
último columna; empieza diciendo que le duele y termina hablando sobre la vida
de sus hijos, primos, nietos y demás como cansa... Aparta un poco torpe— estoy
tan tonto por el sueño que hago lo que me dice, parezco un zombie y ella fresca
como lechuga.
Me echa a un lado y coloca a cargar su teléfono, estoy por
caer rendido y no sigo luchando, me canse de ello... Dejo que el sueño me gane,
una rica y cómoda nube de algodón me atrapa y puedo sentir como sube y baja
dándome paz, tranquilidad.
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