martes, 27 de marzo de 2018

La Cuentacuentos [Historia Corta]

Sara, ese es mi nombre.
Como cada mañana el reloj alarma indicó que una nueva jornada de trabajo iniciaba en menos de dos horas, y que, por ende debía de estar despierta y lista para ella.
Camine de un lado a otro buscando mis cosas, las cuales estaban desparramadas sobre la mesa y otras por el suelo. No era muy organizada y no es como que sí de un día para otro fuera a serlo, mamá siempre se quejaba de ello cuando estaba más joven decía cosas feas que herían mis sentimientos y que a raíz de eso por el paso del tiempo daño mucho mi poca autoestima.
Recogí todo lo que pude lo más rápido posible y salí de casa con la vestimenta casual de los ayudantes del hospital que consistía de una franela blanca con un enorme corazón rojo en el centro, un pantalón color crema y unas zapatillas blancas. Suelo trabajar los fines de semana para obtener algo de dinero para los alimentos de la casa y a su vez, dejar hermosas sonrisas en los rostros de los pequeños a los cuales suelo acompañar.
Un mechón de cabello castaño se pega a mi rostro y de inmediato tomo una de las gomas que tengo en la muñeca para hacer una coleta de caballo que resalta mucho el flequillo teñido de azul al igual que la mitad del cabello.
Coloco la cartera sobre el hombro y tomó el primer taxi que veo pasar, al llegar saludo con todo el animo que poseo a las enfermeras que como cada día llevan su mirada de pocos amigos y voltean para ser más descorteces de lo que nadie imagina que se puede llegar a ser.
Doy pasos apretados hasta llegar a la habitación que me solicitó, la número 49. Esa donde están cuatro chicos padeciendo de cáncer con tan solo once años de edad, la primera vez que me dieron la orden de entretenerlos me sentí tan mal... No por ser una cretina, sino, por no poder hacer más que payasadas para hacerlos reír un rato y olvidaran lo que esta pasando a su alrededor y con su cuerpo.
Pero eso fue hace tres largos años, los primeros meses fue difícil llevar una relación con chicos tan rebeldes y luego de un momento a otro ¡Puff!, nos hicimos grandes amigos. Helena, la jefe de enfermeras me cambio de puesto al menos cuatro veces enojada conmigo porqué según le quitaba su trabajo, pero al final tras las criticas y travesuras que hacían los chicos, yo siempre volvía. Y fue hasta que se cansó de su constante venganza que comprendió que era solo una persona con ansias de ver sonreír a esos pequeños.
—¡Sara!— grita Winnie al apenas verme cruzar la puerta blanca y colocar seguro en el pomo. Es una niña de tez blanca y ojos enormes, de color verdes y un cuerpo delgado al igual que el de sus compañeros.
—¿Trajiste más historias?— Pregunta John al otro lado, sujeto a la ventana viendo el horizonte. La luz pegando directo a su rostro, con una sonrisa bobalicona y permitiendo que sus ojos cafés resalten al igual que su tez morena.
—Puede ser... — Me hago la desentendida y entonces, Sora y Peter salen para abordar a la pobre, débil e insuficiente chica que resulto ser yo.
La niña de peluca rosa me empuja, logrando que caiga de culo al suelo. Un chillido de Peter y mi cara de pocos amigos hace que rían. El valiente chico de ojos color azul extiende su mano y ayuda a levantarme mientras John acerca una silla para mi y Winnie arregla las demás alrededor.
—¿Que nos vas a contar hoy?— Indaga Feliz la niña con peluca que corre a la silla, impaciente mueve sus piernas de atrás a delante provocando una risilla que oculto.
Abro mi carpeta azul semitransparente donde escondo las historias más raras y locas, las cuales nunca pensé que podrían gustarle a alguien, hasta que les conocí y desde entonces no he parado de escribir acerca de todo.
—Se llama, "Una carta para Mary".
Al apenas empezar a relatar la historia los niños hicieron total silencio, les gustaba escuchar y cerraban los ojos imaginando las escenas, incluso había veces donde lloraban con los protagonistas o reían pensando en el tipo de acciones que ellos tendrían en esas situaciones.
Cuando terminé de narrar, los escuché suspirar con alivio de haber tenido el final deseado.
—Está mucho mejor que la historia que escribió Sora... —Murmura John bajito, pero de inmediato toda mi atención es captada.
Siempre les he dicho que pueden crear los que le parezca mejor con un final que les guste, que pueden dejar volar su imaginación y darse todas las vidas que imaginan a través de unas simples palabras, pero siempre terminaban diciendo que no era lo suyo que era mejor escuchar lo que inventaba y la verdad me ponía muy triste el saber que a su edad no quieran hacer uso de ella.
—¡Cuéntala!— niega arrugando su pequeña nariz y hago una mueca que los hace reír —Venga, quiero escucharla no seas mala conmigo...
Hago un puchero que está lejos de parecer tierno por mis 24 años recién cumplidos y entonces logro el objetivo, Winnie saca una hoja de papel de entre las mantas de la cama de Sora y se las da a John quien se las pasa a Peter hasta terminar en las manos de la dueña.
—Que sepas que no soy una experta en esto como tú — Dice avergonzada pero la incito con palmadas a contar lo escrito, a mi se unen sus compañeros hasta que luego de estar roja como un tomate, se pone en pie.
—La llamo: 
La cuentacuentos
Anastasia era una chica promedioque por lo usual siempre estaba sola.
Se sentaba al fondo de la clase con un cuaderno de color violeta que a todos lados llevaba consigoera rara para muchos incluso para su progenitora.
No tenía amigasdecía no necesitarlasNo tenía noviofingía no querer a nadie.
Ella tenía sueñostan grandes y profundos como el marTan bellos y complejos como el cielo que le gustaba observar durante las mañanas calmadas.
Anastasia era todo lo que su familia no queríauna niña desastrosa que detestaba ir a estudiar para obtener un título que no la ayudaría en lo que de verdad deseabaLe gustaba dormir porqué así sentía que podía vivir la vida que no podía teneresa donde era feliz y poseía miles de personas que la admiraban y amaban.
A ella le gustaba escribir historias en aquel cuaderno que apreciaba y cuidaba más que a nadaLe costaba hacer amigosno sabía cómo hablar con las personas a su alrededor y cuando lo hacía pensaba mil veces lo que debía decir pero al finalsiempre al final no decía nada por miedo a lo que podrían responder.
No le gustaba salir solale temía hasta a su propia sombraAparentaba ser fuerte a pesar de que no lo eraaparentaba ser feliz a pesar de que su vida en casa era un caosle gustaba fingir una sonrisa ante la cámara sabiendo que no era del todo cierta.
Sus miedos fueron creciendo con el paso del tiempoSu familia la apartócreyendo que así volaría del nido y haría por fin algo que valiera la penaPero nono fue así.
Anastasia intento suicidio siete veces seguidas.
En el hospital al que terminó cada que sus vecinos reportaba una irregularidad en aquel apartamento del fondo donde se alojaba una chica que tendía a ocultar su rostro tras el cabello negro y espesoevadiendo todo y a todos para no tener que saludar y morir de vergüenza si la otra persona no respondía o le miraba extrañadaAllí las primeras cinco veces las enfermeras y el doctor trataron en lo posible de ayudar pero nunca pudieronera difícil tratar de entrar en la cabeza de una persona que dejaba que los miedos controlaran su vida.
En la séptima vezhubo un cambio drástico.
En su intento por morir colgada la soga se reventócayendo de cabeza y golpeándose contra la mesa de noche que estaba a pasos de la baranda donde quedaba solo un trozo de lo que en su momento cumpliría con un asesinatoLa ambulancia llegótrasladó el cuerpo inerte de una joven mujer a sala de emergencia...
Pasada la madrugada estaban por darla por muertahasta que... Sucedió.
La chica abrió los ojosmurmurando que había conocido a alguien tan puro que iluminó su menteAlguien que la hizo cambiar de opiniónque le enseñó los contras y los pro de la vida mismael Doctor no le creyó mucho, ya antes mintió varias veces sobre un cambio y nada le aseguraba que esta vez iba a ser diferente.
Pero lo fue.
La mañana siguiente de ser dada de altacortó su cabello y lo tiñoCompro ropa de colores claros y maquillajeCambió su constante rostro serio por una sonrisa alentadora y llena de vidaDejó de evitar a los demás y recogió su cabello en un moñomostrando su rostro al mundo.
El mundo dio un giro positivo a su favor.
Su familia la buscóEncontró a una vecina que le ofreció un trabajo de medio tiempo donde conoció a un chico queextrañado de su cambio la invitó a salir y planea pedirle matrimoniotiene amigospocos pero los tiene y son verdaderos.
El mundo cambiacuando  cambias

Así fue que Anastasia pudo abrir sus alaslas cuales solo estaban atadas a una soga imaginaria formada por miedos e inseguridadesesas que se fueron con el viento y quesi se atrevieran a volver ella las alejaría con gracia.
—¿Te gustó? — pregunta al terminar y me da una sonrisa sincera.
—¡Si! Fue hermoso, aunque me parece haber visto algo parecido— busco dentro de mis recuerdos y al no dar con nada lo ignoro.
—Entonces... ¿Por qué estás llorando? — Miro a Winnie quien me ve con cara llena de preocupación, seco mi rostro que no sabía que estaba cubierto de lágrimas de las cuales no pensé o tuve conocimiento de ellas.
—Es por saber que están creando historias tan bonitas— miento. No tengo idea de porqué lloro.
La canción de verano que está de moda suena en mi pantalón, es el celular lo saco y leo un mensaje de Kyle "mi novio" donde pide verme en un restaurante que no está muy lejos del hospital. Doy una respuesta positiva y rápida para continuar con los niños y al terminar lo guardo de nuevo en su sitio.
—¿Por qué le colocaste la cuentacuentos?— Digo abrazando a John quien juega con su videojuego favorito mientras Peter lo mira emocionado.
Las niñas están sobre la cama hablando de futuras historias que pueden crear juntas. Sora deja de lado la conversación y colocó la mano bajo la barbilla, pensando.
—Es que, cuando llegó la idea en vez de verme como protagonista te vi a ti y me puse a llorar. Hasta que entendí que solo era algo ficticio a lo cual podía cambiarle el final y colocar el que me gusta más, así que eso hice. — Resta importancia con los hombros y me pongo en pie, sin darme cuenta las horas pasaron volando mientras contábamos los cuentos.
—Ya debo irme— Hago puchero, Alana toca la puerta y avisa que es hora de la medicación de los pequeños.
Las niñas me abrazan y los otros dos se despiden con la mano riendo.
—Nos vemos — ríe Winnie.
—Estoy segura que la próxima vez te contaré algo más bonito — agrega Sora mientras saca una muñeca barbie a la cual le arranqué el cabello para que se sintiera bien consigo misma.
—Eso espero.
Doy dos besos al aire antes de salir y ver la sonrisa del Doctor Eren.
—Que cosas pasan sin uno darse cuenta. — Murmura.
Lo saludo sin comprender y me dirijo a mi próximo encuentro con Kyle.
El hospital tiene su extraña manera de hacerte sonreír sin realizar ninguna acción, que raro.
Creo que lo colocaré en mi próximo cuento, que chistoso ¿no? yo siendo "La cuentacuentos"


Fin.



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